2 de noviembre
El polvo a que han quedado reducidos los cuerpos de los vivos no es un polvo infecundo.
Es más bien un puñado de esperanza en la resurrección del primer día a una vida gozosa, interminable.
Sólo así la muerte tiene sentido.
Hoy pensamos en los fieles difuntos y se nos hiela la sangre al pensar que por ese trance pasaremos.
Sólo la confianza en la resurrección gloriosa atenúa el inevitable temor a la muerte.
Oremos

Fuente: José Luis Gago de Val