EN EL SILENCIO...
vozyespiritu 20/07/2011 12:55:23
En el silencio… te habla Dios. En el silencio… te escucha Dios
Muchas veces nos quejamos de tener mala suerte, malas rachas; pensamos que Dios no nos escucha, que se ha olvidado de nosotros, pero la realidad es otra: ¡Nosotros nos hemos olvidado de Dios! Cuando te levantas por la mañana, ¿te acuerdas de Él? ¿Le das gracias por haber amanecido a un nuevo día? ¿Le ofreces todos tus actos y esfuerzos del día: estudio, trabajo, alegrías, penas, cansancio? Muchas personas piensan que ofrecer alguna acción o pequeño sacrificio por algo o por alguien resulta inútil, ¡pero se equivocan! Yo mismo he comprobado que hacer un pequeño sacrificio, mandar pensamientos positivos, pedirle a Dios que envuelva en su luz a una persona (y verdaderamente visualizar a la persona envuelta en esa luz) ¡Sí funciona! Incluso el pedir algo por los méritos de una persona que, aunque haya muerto, en vida haya acumulado precisamente esos méritos (tu madre, tu padre, etc.). Es como si moviéramos energía positiva hacia algo o hacia alguien y esa energía cumple su función de hacer algo positivo en el objeto, objetos, o persona o personas hacia los cuales se ha destinado o enviado.
“Creer es crear”, es tener fe y la fe mueve montañas. Hay cosas que no se pueden cambiar, que son irremediables, que tienen que suceder porque ha llegado “su momento” en que tienen que suceder, o acontecen para mover algo, provocar una reacción, para un aprendizaje de alguien o de algunos o de muchos, para mover conciencias, etc., pero otras cosas se pueden cambiar o modificar con verdadera fe, con la unión de pensamientos, actitudes y conciencias positivas colectivas. Muchos sucesos nos hacen reaccionar, nos hacen cambiar de pensamientos y actitudes; para pensar en lo que estamos haciendo mal, para cambiar hábitos malos por buenos, etc.
Compramos y compramos cosas, servicios y bienes materiales muchas veces no indispensables. Gastamos o nos endeudamos más de lo que podemos pagar, y luego al estar con el “agua al cuello” pedimos ayuda a Dios, tras haber derrochado o planeado mal la utilización de nuestros recursos. Nos sumergimos en todo lo que representa el mundo material y nos olvidamos del mundo espiritual, hacia el cual debe ir nuestra evolución. Nos dejamos llevar por las sensaciones y bienes temporales y nos olvidamos de lo duradero, de lo verdaderamente importante, de lo “eterno”. Nos estancamos en el mismo peldaño de la escalera, o incluso bajamos en lugar de subir. Luego nos resulta más difícil y más pesado tener que subir más peldaños para llegar a la cima, a la meta. Nos alejamos de la Luz y caemos en la oscuridad y, al estar en esa oscuridad, no podemos ver por donde vamos; damos tumbos, chocamos, resultamos golpeados y golpeamos a otros, nos hundimos en el caos. Incluso las personas que tienen el auténtico don de percibir las almas de las personas que han fallecido, se dan cuenta de que las personas que no han hecho mayor daño al prójimo, que no han hecho cosas verdaderamente malas o negativas, que han tenido amor en su corazón, se encuentran, al morir, en una dimensión donde hay otras almas de personas que han vivido en circunstancias similares. Y por lo regular en unos cuantos días o semanas, de nuestro tiempo, se van a la Luz. Es una dimensión no tan oscura, en la cual ven esa Luz que parece llamarlos, esperarlos y, en cuanto dejan los lastres o apegos o pendientes que todavía hayan dejado en este mundo material, parecen volar hacia esa Luz. En cambio las almas de las personas que han hecho grandes males, que han tenido vicios muy arraigados, que han perjudicado grandemente a su prójimo, pero sobre todo que han muerto sin tener amor en sus corazones, sin Luz y en gran oscuridad, se van a otra dimensión que parece más oscura y más fría, por su alejamiento de la Luz, y donde hay muchas almas de personas que han hecho igualmente grandes males a otros, donde incluso hay seres que parecen tratar de jalarlos, llevarlos más y más lejos de la Luz y resulta más difícil tratar de ayudarlos a salir de allí. Se requiere de una labor de envolvimiento en luz, tratar de prender una llamita de amor, de perdón a sí mismos y hacia los demás. Pero si no hay alguien que las ayude, pueden estar allí por muchos años, incluso siglos de nuestro tiempo. Al estar en el “no tiempo”, se puede decir que sienten que están en una dimensión “eterna”, pero no es lo mismo que “eternidad”. En realidad Dios no castiga, nosotros mismos nos vamos a la dimensión de Luz o de oscuridad que hemos buscado en nuestra vida. Puedes llamarle Cielo, infierno, purgatorio, dimensión o dimensiones de los muertos o de descarnados, cada quien va hacia lo que ha buscado, cada uno cosecha lo que ha sembrado, a cada quien se le regresa lo que ha lanzado, el que a hierro mata a hierro muere, etc., etc.
¿Pero ¿dónde quedó Dios en todo esto? Búscalo en el silencio…en la quietud… No tienes que ir muy lejos; sumérgete dentro de ti mismo, explora dentro de tu propio ser, en tu corazón. Visualiza tu alma, siéntela, percibe la Luz que te rodea, que incluso sale de tu interior; siente la vibración del Espíritu que te da vida, que te da energía, que te alimenta. Haz una pausa en tu vida agitada y llena de ruidos y escucha la voz de Dios. Háblale a Dios. Incluso si estás leyendo la página de un libro, no puedes leerla de corrido y sin puntuación, tienes que hacer pausas en las comas, punto y coma, punto y seguido y punto y aparte. Incluso las distintas palabras no están unidas, hay un espacio entre cada palabra para que sea entendible lo que se lee. Hay un pequeño silencio, una pequeña pausa. Así también, en tu vida, entre cada acción, entre cada actividad, entre cada tarea, haz una pequeña pausa, un pequeño espacio, un poco de silencio y háblale a Dios, escucha a Dios. Comienza a alimentar esa parte espiritual que, aunque no lo creas, verdaderamente existe en ti. Hay un gran problema de obesidad por el exceso y los malos hábitos alimenticios.
Pero también tenemos un serio problema de “anemia espiritual”, ya que nos olvidamos de nutrir, incluso desde niños, esa parte tan importante de nuestro ser. Nuestra alma está “flaca” y desnutrida y en peligro de sucumbir. La hemos olvidado, la hemos hundido en el frío de la oscuridad. Este año nuevo, ¡sacúdete! ¡reacciona! ¡aléjate de todo lo que te pueda hacer daño o dañar a los demás! Si te encuentras caído, si te has derrumbado, ¡vuelve tu mirada a Dios! ¡vuelve tu mirada a Jesús! Recuerda que si tienes fe en Él, te puede decir, como le dijo a muchos: “tu fe te ha salvado”, “tu fe te ha curado”; si tu alma prácticamente está muerta, arrójate en sus brazos para que te diga, como le dijo a Lázaro: “¡Levántate y anda!
No lo dejes para mañana ni para el siguiente año, ¡comienza hoy mismo! ¡Ánimo! ¡Sí se puede!
ALABADO SEA DIOS.

