EL CAMINO AL CIELO
vozyespiritu 27/07/2011 13:42:35
El camino al Cielo es fácil, ¿quién dijo que era difícil?
Todo es cuestión de verlo como una escalera. Supongamos que hemos encontrado esa escalera y hemos comenzado a subir. En la parte de arriba se encuentra Dios, o sea la fuente máxima de Amor y de Luz. Conforme vamos subiendo los escalones nos acercamos a esa Luz, pero si en lugar de subir, bajamos, nos iremos alejando de la Luz y del Amor y caeremos en la oscuridad, en las tinieblas y en la falta de Amor, o sea la falta de Dios, y dentro de esa oscuridad y falta de Amor podemos caer a un abismo y perdernos y ya no encontrar ni la escalera, y será muy difícil encontrar de nuevo el camino hacia arriba, o sea hacia la Luz y Amor = Dios.
¿Cómo hacerle para ir hacia arriba y no hacia abajo en esa escalera?
§ Siendo humildes. Si tenemos muchos conocimientos o muchas habilidades o facultades, no humillemos a los demás haciéndoles saber que sabemos más que ellos. Los conocimientos deben aplicarse en el momento justo y oportuno y en el lugar adecuado y con las personas adecuadas, pero nunca por presunción o soberbia. Si tenemos que enseñarle algo a alguien hagámoslo con paciencia y con Amor. Nunca con demostraciones de impaciencia, prepotencia, soberbia o presunción. Sobre todo la soberbia nos ha hecho rodar o caer escalones abajo a lo largo de nuestra historia. Nunca pensemos que ya lo sabemos todo, que lo podemos todo, que no necesitamos de nadie, que somos superiores a los demás, que no necesitamos ni siquiera de Dios. En realidad siempre podemos aprender algo de alguien, no importa quien sea. Seamos humildes.
§ Por lo regular no debemos de pensar primero en nosotros de manera egoísta. Tenemos que actuar con bondad y espíritu de servicio. Podemos pensar en nosotros para prepararnos, crecer espiritualmente y poder ayudar más a los demás. Pero en ocasiones no es conveniente perder demasiado tiempo en una persona que necesita de nuestra ayuda, pero no quiere ser ayudada por más intentos que hagamos. No se puede forzar a nadie. Podríamos tratar de ayudarla indirectamente. Enfoquemos nuestro esfuerzo en personas que acepten o soliciten de nuestra ayuda o nuestra guía, siempre y cuando estemos capacitados para hacerlo. Esto no quiere decir que nos olvidemos de la persona o personas antes mencionadas. Podemos orar por ellas y esperar el menor signo de apertura para regresar a auxiliarlas. Es como cuando tenemos que resolver varios crucigramas. Si después de dedicar mucho tiempo a uno de ellos no podemos resolverlo, tratemos de resolver los otros y después volver al más complicado, o dejárselo a otra persona que tenga más capacidad que nosotros.
§ Tenemos que vivir en constante oración y meditación para fortalecer nuestro espíritu.
§ Ofrecer a Dios todas nuestras acciones, sufrimientos y alegrías. Si algunas de nuestras acciones no han sido buenas, pedirle al Padre que nos ayude a no volverlas a hacer. Que nos ayude a superar nuestras debilidades.
§ Si hemos ofendido directa o indirectamente al prójimo, tratemos de reconciliarnos con él y estar en paz con todos. No hagamos daño a nadie. Cuando sea necesario utilicemos el don de la reconciliación y el perdón.
§ Si alguien nos insulta o nos provoca, humildemente tratemos de alejarnos sin responder a la agresión y no guardemos ningún resentimiento hacia esa persona; simplemente digamos a Nuestro Padre: “Perdónalo(a) Señor, porque no sabe lo que hace”.
§ Siempre tratemos de evitar el odio, el rencor, la ira, el enojo y cualquier resentimiento, porque son sentimientos que dañan profundamente al espíritu. Tratemos de convertir o transmutar esos sentimientos en sentimientos de amor y perdón hacia la persona que trata de dañarnos. Lo mismo se puede aplicar en el caso de las personas que nos causan daño sin querer; sin que haya la intención de hacerlo.
§ No seamos impacientes, seamos muy pacientes y tolerantes.
§ Tengamos fe; fe en Dios, fe en nosotros mismos, fe en el prójimo, fe en la humanidad.
§ Mantengamos nuestro corazón abierto a la esperanza, no nos dejemos abatir por la desesperanza o desesperación o desaliento, que “no hay mal que dure cien años”.
§ Alejémonos de todo lo que pueda dañar nuestro espíritu y que pueda entrar por algunos de nuestros sentidos; no dejemos que nada negativo se instale permanentemente en nuestro cerebro y nuestro corazón y surjan pensamientos o vicios nocivos.
§ Mantengamos siempre la pureza de pensamiento.
§ Tratemos de no decir mentiras, a menos que sea estrictamente indispensable alguna “mentirilla piadosa” en situaciones donde sería más dañino no decirla.
§ Evitemos la pereza y la falta de metas en la vida. Siempre mantengamos un interés por algo, pero sobre todo mantengamos nuestra vista hacia arriba, hacia Dios.
§ Tratemos de evitar, en lo posible, la envidia. Siempre habrá alguien que tenga más bienes materiales que nosotros, o algo que nosotros no tenemos. No dejemos que eso nos inquiete. No olvidemos que tenemos según lo que hayamos trabajado o según sea necesario en nuestra presente vida, pero también según lo hayamos despilfarrado o gastado de manera innecesaria.
§ Intentemos a toda costa evitar decir malas palabras o expresiones vulgares, y si ya tenemos esa costumbre, tratar de erradicarla.
§ No juzguemos a las personas, porque con la misma vara que midamos seremos medidos. Dios es el único que puede juzgarnos.
§ Tratemos de aceptar a las personas tal y como son. No tratemos de cambiar a la fuerza la manera de ser de otra persona. Recordemos que la otra persona puede pensar que uno es el que debe de cambiar.
§ Si queremos cambiar algo o a alguien, debemos de hacerlo de la manera más sutil y pacífica posible, haciéndole ver a la persona las bondades de adoptar otras actitudes y dando nosotros mismos ejemplo de verdadera vida cristiana.
§ No reneguemos de las situaciones difíciles ni del sufrimiento, sino que tratemos de sacar algún aprendizaje de todo para salir más fortalecidos de esas situaciones. Ofrezcámosle todo a Dios. Incluso el sufrimiento nos hace madurar mental, psicológica y espiritualmente si sabemos aprovecharlo en ese sentido. Nos acerca un poco al sufrimiento de Jesús en su pasión y muerte. Tratemos de imitarlo en la medida de nuestras posibilidades y Él nos tomará de la mano para guiarnos hacia su Padre; nuestro Padre.
Todas estas prácticas mencionadas nos ayudarán a subir la escalera y llegar poco a poco a la fuente máxima de Luz y de Amor = Dios.
Miguel Angel

