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También le sirven

Christ in the Wilderness by Moretto da Brescia (Alessandro Bonvicino), 1515-20 [The Met, New York]

Por The Catholic Thing | 20 marzo, 2019

Por Robert Royal

Una mujer inteligente que ha estudiado iconografía, con otra mujer inteligente (que es mi esposa), estuvo recientemente en Florencia. Historiadora del arte con formación, estuvo dando conferencias y revisando las antiguas obras maestras católicas de allí, objetos de afecto de larga data. Muchos se produjeron durante el Renacimiento y la Contrarreforma para reforzar la creencia católica y combatir la revuelta protestante. (Elizabeth Lev tiene un buen libro, “Cómo el arte católico salvó la fe”, sobre este tema).

Pero en este viaje ella era especialmente consciente de los íconos aún más antiguos, ricos, prerrenacentistas, de inspiración oriental, y obras similares en la ciudad, que yo no había notado durante varios viajes anteriores. Aquí hay una lección para los que estamos atrapados –por lo demás bastante crucial– en las polémicas y el activismo: a menudo sufrimos de una conexión limitada con nuestra tradición más rica. Y tenemos que remediar esa estrechez, incluso por el bien de la acción práctica. Porque como cada católico debe darse cuenta, estamos en una lucha no solo por las prácticas de la Iglesia y las políticas públicas; estamos en una batalla, como dice San Pablo, con principados y poderes diabólicos.

Estuve en un restaurante de un hotel el domingo pasado antes de la misa. Múltiples pantallas de televisión estaban sintonizadas en los “programas de entrevistas de los domingos por la mañana”. He estado interesado durante veinticinco años en muchas de las controversias que trataron, pero me impactó lo siguiente: hay personas, muchas, especialmente en los sectores sociales que forman la cultura, para quienes el domingo por la mañana es lo que les parece más importante, incluso sagrado (si es que usan términos tan arcaicos).

Cuando en ciertas ocasiones trato de animar a la gente a que se aleje, por un tiempo, de las guerras culturales de la Iglesia y del mundo, y de la politización de todo, y en lugar de eso leer, mirar o escuchar algo que ensanche el alma, a menudo recibo una de dos respuestas.

En el lado tradicionalista me dicen “estamos en guerra”, y que leer a Platón o Agustín, o pasar tiempo con el arte, la música o la poesía es una distracción. Me imagino a estos críticos como el Partido de los jansenistas.

En el lado progresista la gente también me da charlas -sobre el intelectualismo de la Torre de marfil- de que estar interesado en la verdad significa que probablemente nunca hagas (o te importe) algo más. Ve a alimentar a los pobres, viste a los desnudos, protege a los desamparados. (Además, en estos días, bienvenidos los LGBT). Pero sin hacer -como lo ordenó Nuestro Señor- un desfile público. Estos serían como el Partido de la Justicia Social.

Pero si vamos a lidiar con las fuerzas anticristianas o practicar mejor las obras corporales y espirituales de misericordia, la mayoría de nosotros necesitamos, primero, aprender a abrir los ojos a diferentes formas de ser y actuar, a menos que simplemente queramos seguir repitiendo el mismo viejo golpe y contragolpe en internet, comboxes, partidos de gritos de televisión, conversaciones de radio. Y con los mismos pobres resultados.

En la Cuaresma, la oración, el ayuno y la limosna son formas tradicionales de apartarnos de nosotros mismos y de volcarnos a los demás, especialmente a Dios mismo, quien solo puede evitar que nuestros esfuerzos por hacer el bien se conviertan en una forma más de ensimismamiento.

Si usted pasa la mayor parte de su tiempo en el trabajo mental, puede ser una buena idea hacer otras cosas en los próximos cuarenta días. Si sus pasiones van al activismo, sea cual sea su partido, tal vez sea un buen momento para reflexionar, incluso para la contemplación regular. Es esencialmente católico reconocer que lo que Dios quiere en el momento actual depende de nuestras circunstancias y del estado de nuestras almas individuales.

A los estadounidenses en particular nos gusta la acción, que ha producido algunas cosas maravillosas para todo el mundo. Pero especialmente en la Cuaresma, la mayoría de nosotros debemos ser más pasivos y receptivos por un tiempo. Jesús mismo pasó cuarenta días en el desierto antes de comenzar su ministerio público.

El diablo lo tentó allí con necesidades físicas, dominio político, incluso la exigencia de que Dios muestre su poder. Jesús resistió y, en cambio, se mantuvo enfocado en la voluntad del Padre. Lo hizo bastante bien después de eso. El mundo entero todavía está sintiendo los efectos.

John Milton quedó ciego a los cuarenta y se sintió frustrado por no poder ser más activo en el servicio a Dios y a los hombres, pero encontró algo de consuelo en esto:

Dios no necesita
Ni la obra del hombre ni sus dones: quienes mejor
Soporten su leve yugo mejor le sirven. Su mandato
Es noble; miles se apresuran a su llamada
Y recorren tierra y mar sin descanso.
Pero también le sirven quienes solo están de pie y esperan.

Esperar, solo eso, eso es lo que Él pide por un tiempo.

Estas tentaciones y más surgen cuando intentamos apartarnos de los desórdenes del mundo. El libro del cardenal Sarah “La fuerza del silencio: Frente a la dictadura del ruido” apareció hace apenas dos años. Y ya parece necesario recordarnos ese trabajo singular, ya que estamos deseosos de abalanzarnos hacia el próximo libro o controversia.

Solo una de sus ideas cruciales: “Si nos entregamos a cosas efímeras e insignificantes, nos entenderemos como efímeros e insignificantes. Si nos entregamos a cosas hermosas y eternas, nos entenderemos como hermosos y eternos “.

La cultura del ruido domina tanto nuestras vidas -incluso más que la cultura del relativismo, su aliado natural- que aun cuando citamos sabiduría como esta sentimos que tenemos que disculparnos porque no significa que vayamos a alejarnos y dejar que el mundo se vaya al infierno.

No abrazamos el silencio profundo por el bien del mundo exactamente. Lo hacemos porque nuestro destino final no está en este mundo.

Sin embargo, al enfocarnos en lo que realmente importa, la Realidad (el Reino), las otras cosas se añadirán solas, no se pueden agregar de otra manera. Es demasiado doloroso ahora mismo que, a pesar de todo nuestro buen trabajo, estamos fallando porque nos falta algo crucial que debe venir de otra parte. De lo contrario solo somos pelagianos, como la mayoría de los activistas modernos que pensamos que todo depende de nosotros.

“Cuando nos retiramos del ruido del mundo en silencio, obtenemos una nueva perspectiva sobre el ruido del mundo… Retirarnos al silencio es llegar a conocernos a nosotros mismos, a conocer nuestra dignidad”.

Esa es la única perspectiva que producirá una verdadera revolución en nosotros mismos y en el mundo.

Sobre el autor:

El Dr. Robert Royal es Editor en Jefe de “TheCatholicThing” y presidente del “Faith&ReasonInstitute” en Washington D.C. Su libro más reciente es “A DeeperVision: TheCatholic Intelectual Tradition in theTwentieth Century”, publicado por IgnatiusPress. “TheGodThatDidNotFail: HowReligionBuilt and Sustainsthe West”, ya está disponible en su edición de bolsillo de “EncounterBooks”.

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