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Unas preguntas para monseñor Martínez, arzobispo de Granada

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EFE

Llamar a VOX fascista es precisamente lo que hace "cierta izquierda" en cuya compañía dialéctica no tiene reparo monseñor en situarse.
2019-03-18 Francisco José Contreras

He leído con perplejidad la larga, tortuosa misiva del arzobispo de Granada a sus feligreses. No sabía si, como miembro del Comité Provincial de VOX en Sevilla, debía darme por aludido por su referencia a "cierta derecha", de la que monseñor afirma crípticamente que "votarla es como votar a cierta izquierda". Pero el titular de ABC me sacó de dudas: "El arzobispo de Granada compara a VOX con el fascismo y llama al voto útil". Las referencias finales a Maurras, Hitler y Mussolini iban, entonces, por nosotros.

Llamar a VOX fascista es precisamente lo que hace "cierta izquierda" –Pablo Iglesias o Pedro Sánchez- en cuya compañía dialéctica no tiene reparo monseñor en situarse. La imputación es, por supuesto, disparatada: VOX revindica la democracia y el Estado de Derecho sin ambages. Las propuestas de VOX son diametralmente opuestas al fascismo porque apuntan a una ampliación de la libertad en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el educativo: VOX propone el cheque escolar para que las familias dispongan de una libertad de elección real entre la escuela pública y la privada, y el "pin parental" para que los padres puedan eximir a sus hijos de charlas y "talleres" ideologizados (usados a menudo para adoctrinar a los niños en ideología de género, "diversidad afectivo-sexual" y feminismo radical: asuntos que, en principio, uno hubiera esperado no contaran con el aplauso de un obispo… aunque en estos tiempos nunca se sabe, y monseñor se despacha con una afirmación digna de Carmen Calvo: "la "familia tradicional" no es más que la familia burguesa, por lo general machista", sic). O en el ámbito económico, con la suavización del yugo fiscal y regulatorio que asfixia la iniciativa empresarial de las personas y confisca un porcentaje abusivo de sus legítimos ingresos. O en el cultural, con el compromiso de derogar la normativa de inmersión lingüística que convierte a España en el único país del mundo en el que un niño no puede recibir enseñanza en la lengua oficial del Estado en buena parte del territorio nacional.

Como infiere ABC, hay que suponer que, cuando avisa de que "votar a cierta derecha es votar a cierta izquierda", monseñor Martínez está llamando al "voto útil" al PP. Si es así, tengo algunas preguntas para el arzobispo de Granada. ¿De verdad considera útil el voto a un partido que, pese a su mayoría absoluta de 2011-15, incumplió su promesa de derogar la ley de plazos del aborto (Vox, en cambio, se compromete en el punto 75 de su programa a "la defensa de la vida desde la concepción a la muerte natural")? ¿Un partido que ha aprobado en sus comunidades autónomas –Madrid o Galicia- algunas de las "leyes de derechos LGTB" más radicales y adoctrinadoras (art. 31.9 de la Ley madrileña: "se garantizará que todos los alumnos madrileños reciban […] una aproximación hacia los distintos modelos de familia y se explique la realidad de las diferentes orientaciones sexuales e identidades de género")? ¿Un partido que, en la negociación del acuerdo de investidura andaluz, se negó en redondo a aceptar la propuesta de VOX de derogar la Ley de Violencia de Género (sustituyéndola por una de Violencia Doméstica que no prejuzgue el sexo del agresor ni suprima la presunción de inocencia), la de Igualdad (basada en la premisa mentirosa y tóxica de que "vivimos en una sociedad machista que discrimina a la mujer") y la de derechos LGTB (que prevé el adoctrinamiento escolar en "diversidad sexual")?

¿Un partido que, en marzo de 2016, votó en la Asamblea de Madrid a favor de un proyecto de ley de gestación subrogada (VOX, en cambio, rechaza los vientres de alquiler en la propuesta nº80 de su programa)?

Uno hubiera pensado que el programa de VOX satisfacía los "principios innegociables del católico en política" (Benedicto XVI, 2009) mejor que el del PP. Esos principios eran "la protección de la vida desde la concepción a la muerte natural" (que el PP ha renunciado a defender), "la familia basada en el matrimonio de hombre y mujer" (el PP ha renunciado a derogar el "matrimonio gay": Vox propone reservar el matrimonio a las parejas hombre-mujer, regulando las homosexuales con una figura distinta), "la libertad de enseñanza" (mal servida en la Galicia de Feijóo, donde la mitad de las asignaturas deben impartirse en gallego por imperativo legal), y "el bien común" (el más ambiguo de los cuatro, pero que VOX cree servir proponiendo, por ejemplo, el desmantelamiento de las autonomías, ruinosas y centrifugadoras de la unidad nacional).

Lo más chocante del comunicado del arzobispo son los distanciamientos irónicos respecto a "la supuesta cultura de la familia y de la vida", a la que califica de "anzuelo en el que van a picar miles de católicos de buena voluntad". Pues sí, monseñor, en VOX somos decididos defensores de la cultura de la familia y de la vida, sin comillas sarcásticas. En VOX hay católicos y agnósticos. Los primeros se toman en serio la advertencia de la Virgen de Fátima de que "la familia será el campo de batalla final entre Cristo y Satanás" y la afirmación de Juan Pablo II en la Familiaris Consortio: "el matrimonio y la familia constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad". Los segundos no necesitan la fe para entender que España padece un terrible problema de falta de nacimientos, y que las familias fuertes son el fundamento insustituible de una sociedad libre y próspera. Por eso el programa de VOX incluye medidas como la creación de un Ministerio de Familia (propuesta 71), la promulgación de una ley orgánica de protección de la familia natural o el "apoyo decidido a las familias numerosas y a la natalidad en general" (propuesta 72).

Pensábamos que tendríamos el apoyo de la Iglesia en esta lucha. Parece que tendremos que librarla solos.

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