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Doctrina católica tradicional sobre libertad religiosa y artículo 18 de la Declaración de la ONU

Doctrina católica tradicional sobre libertad religiosa y artículo 18 de la Declaración de la ONU

Alonso Gracián, el 17.02.19 a las 12:37 PM

1ª.- La escuela personalista-constitucionalista ha influido notablemente en el concepto de libertad religiosa que profesa la mayoría de los católicos de hoy. El personalismo político entiende la libertad religiosa no en sentido tradicional, sino como derecho subjetivo del hombre en proceso espontáneo de autodeterminación.

Por eso interpreta la libertad de coacción en clave de libertad negativa, es decir, como libertad para autodeterminarse, al amparo del Estado, en materia religiosa.
Confunde no sufrir coacción en el acto de fe con no sufrir coerción en el proyecto propio de autodefinición y autoposesión.

2ª.- La perspectiva constitucionalista ha introducido la idea de que la libertad religiosa de culto y de conciencia, tal y como la entiende el artículo 18 de la Declaración de derechos de 1948 de la ONU, en clave indiferentista, es una doctrina que profesa la Iglesia.

Esto ha tenido consecuencias, por ejemplo en la manera institucional de tratar las heterodoxias. Durante el posconcilio, filósofos y teólogos de renombre, al amparo de este artículo, difundieron graves errores doctrinales como si pudieran acogerse a un supuesto derecho ontológico a extender el indiferentismo o la heterodoxia impunemente, escudándose en supuestos derechos de conciencia para apostatar y hacer apostatar a otros.
Por eso creemos que el entendimiento católico de la libertad religiosa, de culto y de conciencia, bajo la óptica del artículo 18 de la Declaración de derechos humanos de la ONU, ha producido un bloqueo del derecho penal y de la autoridad eclesiástica, cuyo efecto más negativo ha sido lo que Romano Amerio denominó desistencia de la autoridad.

3ª.- La libertad religiosa de culto y de conciencia, según la ONU:

«Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.»

4ª.- La libertad religiosa de culto y de conciencia, según la doctrina tradicional de la Iglesia:

«En primer lugar examinemos, en relación con los particulares, esa libertad tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos, libertad fundada en la tesis de que cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. Esta tesis es contraria a la verdad. »

«Considerada desde el punto de vista social y político, esta libertad de cultos pretende que el Estado no rinda a Dios culto alguno o no autorice culto público alguno, que ningún culto sea preferido a otro, que todos gocen de los mismos derechos y que el pueblo no signifique nada cuando profesa la religión católica. Para que estas pretensiones fuesen acertadas haría falta que los deberes del Estado para con Dios fuesen nulos o pudieran al menos ser quebrantados impunemente por el Estado. Ambos supuestos son falsos. »

«la libertad de cultos es muy perjudicial para la libertad verdadera, tanto de los gobernantes como de los gobernados.» (LEÓN XIII, Libertas praestantissimum, 1888, 15)
«La consideración de este doble derecho de las almas es lo que nos movía a decir hace poco que estábamos alegres y orgullosos de combatir la buena batalla por la libertad de las conciencias, no ya (como alguno tal vez sin advertirlo nos ha hecho decir) por la libertad de conciencia, frase equívoca y -de la que se ha abusado demasiado para significar la absoluta independencia de la conciencia, cosa absurda en el alma creada y redimida por Dios». (PÍO XI, Encíclica Non abbiamo bisogno, 50)

5ª.- Principios de la doctrina tradicional contra el indiferentismo religioso y el agnosticismo institucional, en síntesis:

Libertad de la religión verdadera, sí.

Libertad de religión (art. 18), no.

Libertad de las conciencias, sí.

Libertad de conciencia (art. 18), no.

Libertad para el culto en espíritu y en verdad, sí.

Libertad de cultos, no.

Libertad de coacción en el acto de fe, sí.

Libertad de coerción de las religiones adámicas, o de la herejía y el cisma, no. (Respecto a la herejía y el cisma, recordemos que existe un derecho penal en la Iglesia para los delitos contra la fe por parte de bautizados)

Libertad para la ley moral, sí.

Libertad de moral, no.

Distinción entre religión verdadera y política, sí.

Separación entre religión verdadera y política, no

6ª.-La comunidad política tiene potestad para poner límites a la libertad religiosa de culto y de conciencia, si el ejercicio civil y social de la misma supone daño a terceros, si perjudica el bien común, y altera el orden público y obstaculiza la vida social virtuosa.

Estos límites forman parte de la potestad coercitiva legítima de toda sociedad, que tiene derecho a defenderse de todas aquellas ideas cuya difusión supone grave daño para la paz social. Por eso la libertad de coerción no es un derecho absoluto, ni puede sustentarse en la dignidad ontológica. Y esta libertad de coerción, que está sujeta a la prudencia política, al orden de la justicia y al principio de tolerancia condicional, no puede malinterpretarse como libertad de coacción, que se refiere al acto de fe y no a los proyectos privados o comunitarios de autodeterminación religiosa desligada del deber hacia la religatio verdadera.

y 7ª.- Ningún particular, persona o asociación religiosa, está por encima del bien común, ni tiene derecho a liberarse de su deber religioso para con la verdadera religión, el verdadero culto y la conciencia verdadera, cierta y formada. Otra cuestión es que, al amparo de un principio de prudencia y tolerancia razonables, puedan permitirse otros cultos. La tolerancia apunta, también, al bien común y la vida social virtuosa.

Lo que siempre ha de quedar claro es el deber religioso y la primacía del bien común. Por encima de los intereses particulares, de las religiones adámicas, de los grupos ideológicos de presión o los proyectos personales de autodeterminación.

La doctrina de Cristo no consiste en el artículo 18 de la Declaración personalista de la ONU. La doctrina católica tradicional afirma el deber religioso de personas y sociedades. Y rechaza de plano toda pretensión indiferentista de autodeterminación religiosa.

David Glez. Alonso Gracián

(305) Séptimas morales y políticas, I: cosas que hacen falta

(306) Séptimas morales y políticas, II: Asaltar la Bastilla

(308) Séptimas morales y políticas, III: Principios y contraprincipios de sana política católica

(310) Séptimas morales y políticas, IV: Personalismo jurídico y libertad religiosa

(330) Séptimas morales y políticas, V: La Causa Política (la católica)

(331) Séptimas morales y políticas, VI: Los Principios de nuestra Causa y el Estado Mundial

(333) Séptimas morales y políticas, VI: El Estado Nominalista, o la insoportable levedad del derecho

(334) Séptimas morales y políticas, VII: Doctrina católica tradicional sobre libertad religiosa y artículo 18 de la Declaración de la ONU