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Superando una crisis de credibilidad

Superando una crisis de credibilidad

Por INFOVATICANA | 18 febrero, 2019

SIMPOSIO DE THE REGISTER: La nuestra es una iglesia herida y humillada, que necesita desesperadamente ser curada.

En una carta a los obispos de Estados Unidos en retiro, el Papa Francisco habló de una “crisis de credibilidad”. Esta crisis está en pleno apogeo no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo y también en lo que se refiere a los niveles más altos de la Iglesia.

La nuestra es una Iglesia profundamente herida, que necesita desesperadamente ser curada. Los católicos están abandonando la Iglesia; los que se quedan, están retirando sus donaciones; padres que han estado esperando durante mucho tiempo que sus hijos se convirtiesen en sacerdotes, los están disuadiendo de que entren en el seminario.

Los laicos católicos se encuentran en un estado de shock por el grado de depravación que estamos descubriendo en el clero, a bajo y alto nivel. Nuestra posición por defecto es ahora la falta de confianza.

¿Qué nos ha llevado a ese estado? Muchas cosas. Ciertamente, el aluvión diario de noticias sobre el escandaloso comportamiento sacerdotal es agotador, al igual que los informes de la respuesta sumamente inadecuada de algunos obispos. Los informes sobre la corrupción en los seminarios durante el tiempo en que estos hombres se formaron y sobre seminarios que reclutaron a homosexuales y persiguieron a heterosexuales se han convertido en algo tristemente verosímil para nosotros. Algunos pensadores de la parte contraria afirma la presencia de “mafias lavanda” (redes de homosexuales activos) en las diócesis, que prácticamente dirigen la diócesis y marginan a los heterosexuales castos y fuertes.

El Papa, sus asesores y muchos obispos parecen pensar que la crisis ha sido provocada únicamente por las víctimas de la primera crisis de 2002, que involucraba a los sacerdotes que abusaban de menores y la práctica generalizada de encubrimiento de estos crímenes por parte del episcopado.

Algunos observadores de la Iglesia advierten que si la reunión de febrero limita su alcance y su enfoque solamente a los menores y los encubrimientos asociados a ellos, las heridas serán peores y la crisis de credibilidad se afianzará.

Eso es cierto, pero lo problemático no es solo una cuestión de enfoque; el problema es que los responsables son una parte muy importante del problema.

El Boston Globe denuncia que 130 obispos vivos han sido acusados de encubrir abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes. No se han tomado medidas disciplinarias para ellos. Hasta ahora, todo lo que hemos visto que han hecho nuestros líderes episcopales ha sido asegurarse de que los sacerdotes que han cometido abusos, y que no son parte del episcopado, fueran denunciados a las autoridades civiles. El Boston Globe afirma que 50 obispos vivos han sido acusados de encubrimientos desde el Estatuto de Dallas de 2002. La jerarquía no ha hecho nada para garantizar que los obispos acusados de ello fueran denunciados.

Los laicos están horrorizados de que algunos cardenales y obispos toleren a sacerdotes que abiertamente viven una doble vida y que promueven las causas “LGBT”; en cambio, incluso han promovido a algunos de estos sacerdotes a puestos significativos: el propio arzobispo Theodore McCarrick es un excelente ejemplo. Los laicos están indignados porque al padre jesuita James Martin se le permite visitar diócesis tras diócesis, engañando a la gente sobre la enseñanza de la Iglesia en materia de sexualidad.

¿Podemos esperar razonablemente que suceda algo en la reunión de Roma en febrero y que sea un paso adelante para afrontar la crisis? Tristemente, el resultado más probable es que confirmará lo que ya sabemos: la jerarquía de la Iglesia en su configuración actual opondrá resistencia a las soluciones en lugar de buscarlas. ¿O tal vez peor? ¿Podría ser que algunos estén tratando de usar la crisis para promover otras causas, como la de descartar el requisito del celibato sacerdotal?

El Papa Francisco ha declarado que los sacerdotes que están viviendo una doble vida deben dejar el sacerdocio, pero no ha habido una respuesta episcopal colectiva a esa declaración. Solo consta que algunos obispos han hecho intentos silenciosos para eliminar de sus diócesis a los sacerdotes que viven una doble vida.

¡Gracias a Dios por ellos! ¡Que aumente su tribu! Aunque lo que hacen es loable, es necesario que sigan adelante, que se unan y pidan a sus hermanos obispos que hagan lo mismo. Sin embargo, es dudoso que sus esfuerzos vayan a hacer demasiado a corto plazo para purgar a la iglesia de la inmundicia; es demasiado profunda y está protegida por los poderosos. Aun así, incluso un pequeño esfuerzo colectivo puede hacer un inestimable servicio estableciendo nuevas culturas diocesanas que sean un modelo para los demás, en las que se fomente y se acoja la fidelidad sacerdotal.

No obstante, dudamos que haya mucho que los simples mortales puedan hacer para limpiar la suciedad.

Afortunadamente nuestro Dios es omnipotente y puede hacer lo imposible. Necesitamos orar y orar para asegurarnos de que lo que hagamos esté guiado por el Espíritu Santo. Necesitamos pararnos fielmente al pie de la cruz y creer que, cuando todo parece oscuro, el amanecer está en el horizonte.

Janet Smith es una teóloga moral y el padre Michael J. McGivney, Presidente de Ética de la Vida en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón de Detroit.

Publicado por
Janet Smith en The Register; traducido por Pablo Rostánpara InfoVaticana.

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