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Maltratar a los niños por ser varones

Miguel Vidal. Periodista.

Actuall, 14 de mayo de 2019.


Hoy te traigo una historia de maltrato, una de las peores y más destructivas formas de maltrato infantil.

Te traigo la historia de cómo el sistema público de educación fuerza a los niños, a los chicos, a que dejen de comportarse como varones.

Enseguida te cuento las desastrosas consecuencias que esto tiene sobre el crecimiento de los niños. Pero primero déjame que te presente a la torturadora jefe, Isabel Trías, directora del colegio público de Barcelona donde prohíben los juegos que les gustan a los niños: han prohibido los balones. Todos. Prohibido jugar con pelotas porque eso agrede a las niñas.

La pista donde los niños jugaban al fútbol y al baloncesto ha sido declarada ilegal. Esta es la declaración de la maltratadora Isabel Trías:

“Hemos colonizado la pista.”

Para impedir que los niños puedan jugar clandestinamente con pelotas fabricadas con papeles o cualquier otra cosa propia de otros tiempos, se ha llenado la pista prohibida con maderos y troncos.

Y no contenta con ello, la perturbada dirección del colegio ha decretado que los bocatas son el enemigo público número 2 (el 1 es el balón), para que los niños abandonen sus salvajes costumbres y almuercen como mandan los cánones veganos.

El periódico oficial del “progresismo” ensalza la abolición de la pista de juego en nombre de no sé qué género (hay ya tantos que me lío):

“Ese trozo de cemento es uno de los símbolos de la lucha de este colegio por implantar su propio modelo de escuela, en el que no hay asignaturas y los niños no almuerzan bocadillos, sino fruta y frutos secos.”

Así que ni los niños, ni las niñas tienen asignaturas, porque eso es muy poco cool. Y por supuesto, nada de educación física. Además el orden, la competitividad, el esfuerzo, la lucha por mejorar y el espíritu de superación desaparecen:

La disciplina, el orden y el esfuerzo ya no son las premisas, la gente sigue teniendo esa idea de la asignatura pero es un prejuicio anticuado (...) Les enseñan juegos cooperativos en los que el fin último no es ganar (...) Ya sabemos qué tipo de actitudes generan los deportes como el fútbol, los niños juegan por un lado e invaden gran parte del espacio y las niñas, por otro.”

El centro tiene sometidos a 480 alumnos. No tengo datos acerca de cuántos de ellos son repugnantes niños violentos, futboleros y futuros machistas, y cuántas niñas, futuras víctimas asesinadas por sus hoy compañeros de clase.

“La pelota está asociada a juegos competitivos que, además, generan un consumismo en los niños [por la compra de camisetas de los equipos y balones oficiales]. Es como las pantallas, tapan otras realidades."

Varios colegios públicos están considerando seguir este modelo castrador de identidades masculinas. Y no es casualidad que esta, digamos, “corriente pedagógica”, secuela de un ecofeminismo pestilente, esté entrando por Cataluña, el lugar donde hay más antisistema de toda España:

“Es un cambio radical que lleva años instalándose en los colegios, ya no se ve el cuerpo como una máquina que hay que mantener en forma. Ahora se practica la expresión corporal mediante la danza o los malabares.” (El colegio público que ha desterrado la pelota)

Las administraciones públicas y los profesionales de la enseñanza están adquiriendo una responsabilidad inmensa poniendo en marcha estos experimentos, fruto de una ideología más destructiva que una secta.

Este es el diagnóstico que hace María Calvo, una de las especialistas mundiales de referencia en el ámbito educativo, con respecto a estos experimentos con seres humanos:

El sistema educativo actual devalúa la masculinidad. Los planes de igualdad en las escuelas niegan unas características propias a los varones.
Existe una hiperrepresentación de los valores femeninos en la sociedad y en la escuela que cuestiona la forma de ser y actuar de los muchachos y pretende obligarles a actuar según pautas de comportamiento típicamente femeninas.

En las últimas décadas se han impuesto una serie de tendencias pedagógicas en las que cualquier manifestación de masculinidad se interpreta como una forma de violencia o agresividad que debe ser corregida de inmediato.

Los planes de igualdad en las escuelas no hacen sino ahondar aún más en una postura radicalmente errónea que pretende negar unas características propias a los varones.
Las exigencias, gustos, preferencias y habilidades femeninas son consideradas prioritarias e ideales en una sociedad y en un entorno escolar que presume las manifestaciones de masculinidad nocivas para el correcto desarrollo de los muchachos.
La cultura y el estilo femenino de actuación se ha impuesto en las escuelas y ha producido una depreciación de los varones, de los niños, de los jóvenes. Sus intereses no son valorados, y su comportamiento no es tolerado.
Hoy en día cuentan cualidades sociales como el espíritu de equipo, la empatía o el talento para la comunicación, que son más bien atributos femeninos. Los niños no saben qué es lo que se espera de ellos, se avergüenzan de su masculinidad y sufren complejo de inferioridad frente a unas niñas altamente valoradas.
La inmensa mayoría del profesorado actualmente está configurado por mujeres. En España se observa un alto porcentaje de profesoras, en educación infantil el 90,6%.

Las profesoras siguen pautas típicamente femeninas de actuación. Prefieren la colaboración a la competitividad, la tranquilidad a la tensión y la confrontación en el aula; la relación amistosa con los alumnos frente a la jerárquica; la quietud frente al movimiento… Lo que sirve perfectamente para las niñas pero ocasiona graves perjuicios a los muchachos, que precisan otros estilos de aprendizaje.

Y estas son las consecuencias, los datos estadísticos objetivos, fríos, que aparecen cuando se aplican estos modelos educativos ajenos a las necesidades educativas de los niños:

Los chicos se suicidan 3,5 veces más que las chicas.
Antes de los 15 años los niños duplican a las niñas en presencia en centros psiquiátricos.
Los chicos tienen cuatro veces más posibilidades de que se les diagnostiquen problemas emocionales.
Los chicos sufren mucho mayor riesgo de padecer esquizofrenia, errores nocturnos, consumo de drogas y comportamiento asocial.
Nueve de cada diez actos delictivos relacionados con alcohol o drogas son protagonizados por chicos.

Los chicos tienen seis veces más posibilidades de tener problemas de aprendizaje.

Tremendo, ¿verdad? Estos son los datos que el histérico y violento feminismo que padecemos no quiere que conozcamos.

Para conocer lo que significa esta imposición de pautas ajenas a las necesidades de los niños, te recomiendo que leas el informe (del que proceden las citas anteriores) elaborado por María Calvo, investigadora vinculada a las universidades Carlos III y Harvard, especialista en enseñanza y considerada como una de las máximas autoridades internacionales en educación diferenciada.

En La masculinidad robada se explica con asombrosa claridad, sencillez, amenidad y profusión de datos estadísticos, médicos, clínicos y científicos, el proceso de destrucción de la masculinidad mediante el procedimiento de impedir que los niños lleguen a ser hombres, con el argumento de fondo de que si llegan a serlo, maltratarán a las mujeres.
Y sin verdaderos hombres será más fácil, dominar a la mujer, familias indefensas, que es lo que quiere el sistema
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