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Michael D. O’Brien: «El combate espiritual… es la vida normal»

Michael D. O’Brien: «El combate espiritual… es la vida normal»

Por INFOVATICANA | 30 junio, 2019
El novelista católico ofrece una advertencia y un llamamiento a los fieles contra las fuerzas del mal – dentro y fuera de la Iglesia.

El escritor y artista canadiense Michael D. O’Brien ha escrito 28 libros en su carrera, pero puede que sea más conocido por su novela de temática apocalíptica, El Padre Elías, un apocalipsis (LibrosLibres), uno de los seis volúmenes de su serie Children of the Last Days. Ahora, en un nuevo trabajo de no ficción, El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación (Homo Legens), O’Brien ofrece a los lectores una mirada tranquilizadora y realista del fin de los tiempos desde la perspectiva de las Escrituras, la profecía y la enseñanza de la Iglesia. En una entrevista por correo electrónico con Judy Roberts, corresponsal del Register, habla sobre su trabajo y el estado actual de la Iglesia y del mundo.

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¿Cómo se interesó usted en escribir ficción apocalíptica como en Padre Elías? ¿Era esto algo que simplemente le intrigaba, o el desarrollo de este tema en un contexto ficticio era una llamada espiritual?

Hace medio siglo, en el momento de mi conversión a la fe, experimenté gracias poderosas que me dieron ojos para poder ver la condición del mundo en nuestros tiempos, luces o entendimientos a los que había estado ciego durante mis años de incredulidad. La pregunta, «¿Estamos viviendo en tiempos apocalípticos?» comenzó entonces para mí, y ha continuado desde entonces. A finales de 1994 o principios de 1995, mientras oraba ante el Santísimo Sacramento, la historia del Padre Elías apareció en mi imaginación completamente formada y muy vívida, acompañada por una paz sobrenatural y por el sentimiento interior en el que se me pedía que escribiera la historia. Nunca fue una situación de decirme a mí mismo: «¡Creo que escribiré una novela apocalíptica!» y luego me propuse hacerlo. Realmente fue un modo de obediencia espiritual.

¿Por qué un libro de no ficción sobre el apocalipsis y por qué ahora?

Muchos aspectos de la teología escatológica no pueden abordarse adecuadamente solo con la ficción. Este nuevo libro es realmente el fruto de muchas décadas de reflexionar y orar acerca de los problemas. Nunca predigo fechas y horas ni los detalles de posibles eventos en desarrollo. Siempre me esfuerzo por hacer las preguntas esenciales que deben ser formuladas por cada generación de aquellos que buscan seguir a Cristo con todo su corazón. Por ejemplo: ¿Estoy leyendo correctamente los signos de los tiempos? ¿Hay características en nuestro mundo actual que son claramente apocalípticas y sin precedentes? ¿Estoy preparado espiritualmente si esta generación demuestra ser la predicha por los profetas, los apóstoles y el Señor mismo? ¿Estoy «despierto», como Jesús nos exhortó a estar en todo momento?

Como autor de una ficción apocalíptica, algunos lo ven como una autoridad en el Anticristo y en los últimos días. ¿Cómo se siente usted acerca de esta percepción? ¿Y cómo ha desarrollado usted su conocimiento del tema?

No soy una autoridad en estos asuntos y me estremezco al pensar que alguien me pueda considerar así. No, soy un laico ordinario que reflexiona sobre estas cosas en su corazón, en un espíritu de oración y lo que podríamos llamar una «escucha profunda» a la voz suave del Espíritu Santo. Por supuesto, lo que escribo es también el fruto de una larga y cuidadosa investigación, especialmente sobre lo que los Padres de la Iglesia han escrito sobre el tema y los papas del último siglo y medio, así como pensadores católicos serios como el Beato John Henry Newman, Josef Pieper, Etienne Gilson, Christopher Dawson y muchos otros.

Su escritura sugiere que usted es muy consciente de la naturaleza y el significado de nuestros tiempos y que es capaz de sintetizar e interpretar imaginativamente los eventos y tendencias a la luz de la fe. ¿De qué manera la forma en que vive facilita su capacidad para escuchar, observar y comentar sobre lo que está oyendo y viendo?

Mi esposa y yo siempre hemos vivido con sencillez material y con la fe como el enfoque principal de nuestra vida familiar. La oración diaria y los sacramentos son cruciales para nosotros, y eso incluye pedirle a Dios las gracias particulares de nuestra vocación en la vida, así como las gracias que todos los creyentes necesitan en estos tiempos, es decir, estar atentos interiormente a los engaños del spíritus mundi, el espíritu del mundo y el espíritu diabólico detrás de él. El combate espiritual con los «poderes y principados invisibles de la oscuridad» forma parte de la vida normal católica. También re-consagro mi trabajo cada día al servicio del Señor y su Iglesia, pidiendo la luz que necesito para cumplir mi misión.

Usted dice en El Apocalipsis que ciertamente estamos viviendo en lo que se llama la «hora final», pero también señala que la Iglesia ha estado en esta hora desde que Cristo ascendió al cielo. Aun así, usted reconoce la oscuridad de la era actual y el espíritu del Anticristo dentro de ella, incluso permitiendo que el «Hijo de la Perdición» esté ahora entre nosotros. Entonces, ¿cómo podemos conducir nuestra vida diaria siendo conscientes de esto, pero no obsesionados con ello?

Aquí se necesita un delicado equilibrio. Un capítulo del libro reflexiona específicamente sobre este problema: a medida que crece la conciencia de la intensificación de la batalla, que puede ser la batalla final, es perfectamente natural sentir miedo y luego, por un lado, sacar esos pensamientos de la mente, para no lidiar con la ansiedad involucrada, o, por otro lado, sucumbir a la obsesión aterrorizada. Ninguno de estos es una solución.

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Cristo nos pide a todos y cada uno de nosotros que crezcamos en unión con él y que tengamos fe en Él con confianza en su próxima victoria. Este crecimiento requiere práctica. Necesitamos ser «realistas profundos», ni optimistas superficiales ni pesimistas casi desesperados, ninguno de los cuales son respuestas cristianas. Practicar la confianza significa que cada vez que un rayo de miedo o confusión nos golpea, inmediatamente dirigimos estos pensamientos y sentimientos al Señor y rezamos: «¡Jesús, confío en ti!».

Parte de la oscuridad presente involucra los escándalos en la Iglesia Católica, sin embargo, usted escribe que solo la Iglesia tiene la capacidad de bloquear el camino a mayores grados de maldad. ¿Qué consejo puede ofrecer a los católicos que, aunque son conscientes de que la Iglesia debe pasar por una prueba final en los últimos días, todavía están preocupados y desanimados por su estado?

Debemos orar por la purificación y el fortalecimiento de la Iglesia de una manera que no se ha hecho desde el principio. Si bien es una reacción saludable estar profundamente preocupado por lo que está sucediendo en la Iglesia, el desaliento no debe tener lugar en nuestros corazones. Debemos reconocer que, después del pecado y el error, la tentación del desaliento es una de las principales tácticas utilizadas por Satanás contra los creyentes. En este momento, se agrega la angustia a medida que los laicos en todo el mundo, junto con incontables sacerdotes fieles, se sienten traicionados a una escala colosal y sistémica. Después de décadas de paciencia probada, han tenido suficiente. La caridad cristiana exige, y la Divina Misericordia exige, que ni una sola alma, ni un niño o adolescente más o un adulto, sean sacrificados en el altar de una «imagen de la Iglesia» o «relaciones públicas» o «control de daños», o cualquier otro experimento pastoral neo-modernista como el que está actualmente en boga en Roma.

Aquellos que son capaces de una visión más prolongada acudirán más profundamente a nuestro Señor Jesús, buscándolo como nunca antes y amando a la Iglesia con un profundo entendimiento de su naturaleza como la Novia de Cristo preparada para la venida del Esposo. Pero muchos otros perderán la fe y apostatarán, e innumerables almas se perderán. Este es el escándalo enormemente más siniestro.

Los verdaderos fieles continuarán rezando y ofreciendo sacrificios por sus pastores, más que nunca. Al mismo tiempo, la ruptura de la confianza fundamental plantea las preguntas: ¿Apoyo significa que dejamos que todo explote, para que podamos volver a nuestras vidas normales? ¿Aprobamos pasivamente la extinción de los «incendios puntuales» de la protesta, para que podamos respirar un suspiro de alivio y no tengamos que enfrentarnos a realidades dolorosas? ¿Hemos caído en la trampa de pensar que los que reclaman son el problema? ¿Ayudamos al regreso a los negocios como de costumbre, minimizando las horrendas infracciones y, en efecto, justificándolas, porque todo es terriblemente vergonzoso? ¿No decimos nada, porque eso es lo que se supone que deben hacer las ovejas dóciles, incluso cuando sus corderos están siendo devorados?

Hacer eso sería despachar a la persona violada como una estadística desafortunada y nada más. Pero él es mi hijo. Y tu hijo. Y, sobre todo, es hijo de Cristo.

En el libro de Ezequiel, el Señor, hablando por medio del profeta, tiene mucho que decir sobre los pastores, los buenos y los malos. No evalúa a los pastores por lo que dicen con sus bocas, sino por cómo actúan. Sugiero que aquellos que estén preocupados por la condición de la Iglesia en nuestros tiempos lean a Ezequiel en oración y con atención. El noveno capítulo es especialmente pertinente (como lo es Ezequiel 8, que es la razón del 9). En ella, la purificación y el castigo de Israel comenzaron en el santuario del Templo en Jerusalén. ¿Está más allá del ámbito de la posibilidad que la purificación y el castigo del mundo en nuestros tiempos también comiencen en el “templo”, que es la Iglesia? Si la Iglesia no limpia su propia casa, Dios seguramente lo hará.

Usted habla en el libro de «extrañas manifestaciones de apocalipticismo» vistas tanto en los círculos protestantes como en los católicos y su tendencia a fascinarnos y alejarnos de la exhortación del Libro de la Revelación a «permanecer despiertos». ¿Cuál es el mejor antídoto para no preocuparse de tales escenarios?

Primero, debemos reconocer el problema. Debemos entender que los provocativos escritores apocalípticos están diciendo, en esencia, que podemos salvarnos a nosotros mismos si obtenemos suficiente información privilegiada, estrategias inteligentes o el equipo de supervivencia adecuado. Una prueba de fuego que cada uno de nosotros podría aplicarse a sí mismo es ver si le estamos dedicando más tiempo a leer o mirar dicho material (incluso material que se sumerge en agua bendita, por así decirlo) de lo que pasamos leyendo las Escrituras sagradas y orando.

Debemos preguntarnos si sentimos más miedo o más amor. ¿Estamos creciendo en confianza? ¿Nos mantenemos firmes? ¿Resistimos? ¿Somos un signo de esperanza para los demás? ¿Estamos dispuestos a perder todo por la verdad? En todo momento, ¿nos comprometemos con el llamado a la conversión personal, tomando nuestras cruces diariamente y desempeñando nuestros papeles particulares en la misión evangélica de la Iglesia? ¿Mantenemos los ojos de nuestros corazones en el verdadero horizonte? ¿Creemos en lo profundo del alma que la Novia se está preparando para encontrarse con el Novio? ¿Rezamos “Ven, ¡Señor Jesús!”?

Judy Roberts escribe desde Graytown, Ohio.

Publicado por Judy Roberts en el National Catholic Register; traducido por Pablo Rostán para InfoVaticana.