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El Papa Francisco y la hipocresía, el catolicismo clandestino se consolida, encuentro de familias en Verona.

El Papa Francisco y la hipocresía, el catolicismo clandestino se consolida, encuentro de familias en Verona.

Por SPECOLA | 20 marzo, 2019

El Papa Francisco nos predica en su homilía diaria de Santa Marta, la que hace sin papeles, a no ser hipócritas. La prensa de hoy viene sembrada de la extraña posición con el caso Barbarin, caso que se suma a un rosario de obispos ‘amigos’ en donde se retuerce el derecho canónico para salirse con la suya.

La hipocresía contempla dos acciones que deben combinarse, la simulación y el disimulo. La primera consiste en mostrar lo que se desea que se vea; mientras que la segunda consiste en ocultar aquello que no se desea que sea conocido por el entorno. Es importante mencionar que una persona que actúa con hipocresía es aquella que, aprobando una serie de reglas y valores y acusando a aquéllos que no los cumplan, comete actos contra dicha línea de pensamiento y lo oculta. Los individuos que experimentan seguridad y libertad tendrían el espacio para expresar sus ideas y emociones sin ningún tipo de temor. Después de todo, que alguien exprese que no le gusta algo de otra persona no tiene por qué ser negativo, en todo caso es su forma de percibirlo, tan válida como la de cualquier otro.

El ambiente enrarecido que se está viviendo en la Iglesia está haciendo que nazcan nuevas formas que ayudan a sobrevivir en un entorno hostil y falto de libertad. Es evidente que la hipocresía está creciendo y en muchos casos se ha convertido en un arma de defensa personal nada aconsejable pero lógica en tiempos de guerra.

En todo lo que está sucediendo, Lyon, Australia, Roma, Zanquetta, Chile, Macarristas, y demás animales lo que menos importa es la situación de los fieles y de los sacerdotes que se ven muy afectados en su trabajo diario. La posición de los fieles que se siente católicos y abandonados por sus obispos, que están a otras cosas o en un silencio cómplice insoportable, hace que se busquen un sacerdote que le atienda en sus necesidades sacramentales y se olvidan de todo lo demás. Está naciendo un iglesia católica clandestina que está aprendiendo a vivir su fe sin sobresaltos y dejándose de tonterías. Son pocos o muchos, no sabemos, son clandestinos, pero lo que sí sabemos es que son los verdaderos fieles, los únicos fieles.

La posición de muchos sacerdotes y religiosos, la mayoría, es mucho más compleja. Hay una dependencia jerárquica y laboral que marca las relaciones con sus obispos y superiores. Estamos entrando en la posición de una obediencia formal que obligue a lo menos posible y deje los mayores espacios de libertad personal. Hay una verdadera resistencia pasiva a las tonterías que caen desde las curias replicando las genialidades romanas. Mejor no saber nada, mejor no leer nada y continuar atendiendo a los fieles con tranquilidad. Se dice a todo que si , que maravilloso , que genial, que la iglesia en salida, que la teología verde… pero por un oído entra y por el otro sale atravesando los pensamientos sin romperlos ni mancharlos.

Se imponen, con muy pocas excepciones, superiores y obispos que repiten con loros las tonterías del nuevo orden mundial y lo políticamente correcto. El bajísimo nivel de la mayoría y la cortedad natural necesaria para asumir el drama del oficio reclamado hace que no entusiasmen a nadie y que solo cuenten con seguidores imaginarios.

Estos fenómenos no son nuevos en la milenaria historia de la iglesia que ha vivido momentos de herejías y locuras iguales o peores que las actuales. Hoy tenemos un maravilloso componente que cambia muchas cosas porque gracias a los nuevos medios de comunicación la clandestinidad no se siente sola y está muy atendida. Hoy los fieles católicos están relacionados con gente de todo el mundo y comparten inquietudes y preocupaciones por encima de límites parroquiales y diocesanos. Los sacerdotes y religiosos están muy activos y viven estos momentos fortalecidos por la fraternidad de sus hermanos. Es un submundo vivísimo y con gran sentido de humor que vive sin ingenuidad pero con gran esperanza estos momentos. Cada día hay más obispos que discretamente, y por ahora con mucha cobardía, se suman a la clandestinidad.

Hay en Verona un encuentro mundial de familias. Con muchos apoyos y muchas distancias. Parolin se desmarca y dice que esta de acuerdo en la sustancia, faltaría más, pero no en la forma. Algo hipócrita si suena, pero a fin de cuentas la diplomacia se hace de hipocresías. Si la iglesia oficial marca distancias con lo suyos y los ajenos no se les espera tenemos los componentes de un juego muy peligroso.

“El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.”

Buena lectura.

infovaticana.com/…/el-papa-francis…
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