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Una vuelta de tuerca

Alonso Gracián, el 22.01.19 a las 10:26 PM

1. - Queremos nuestro 2 de mayo.—Es la hora del levantamiento contra la colonización intelectual de la neo-revolución francesa. Me refiero a que ha llegado la hora de la independencia del ethos francés, en lo filosófico y en lo teológico.

También del paradigma alemán. La zona de confort del catolicismo hispano ha de ceder su suelo a la arena del Circo, que es ahora nuestro suelo. Levantaos, vamos. Dejemos de estar sentados en la crisis y pongámonos de pie.

2.- La invasión fenomenológica ha tenido lugar como antaño la napoleónica, con la apisonadora de la Revolución y la aquiescencia de los que mandan pero no pastorean. Dejamos de lado nuestro propio genio y nos rendimos a un numen extranjero; que no surgió de la gran Tradición sino de 1789.

3.- Hay que decir adiós a los principios ajenos.— No más Blondeles ni Bergsones ni más Mounieres. No más sospechas contra la traditio, ni más deconstrucción de lo heredado, ni más humanismo integral ni más sobrenaturales desnaturalizados ni métodos de inmanencia ni zarandajas. Tuvieron su hora pero ya pasó. Delubaquistas y maritainianos tuvieron su posconcilio de gloria, pero ya pasó.

Vamos de naufragio en naufragio, supervivientes pero no cansados. Pero llegó la hora de encauzar el rumbo. Para eso hay que mirar más allá, sobre hombros de gigantes. Pero no miramos atrás con nostalgia sino con veneración, como ha de contemplar el accipiens al tradens.

4.- Una vuelta de tuerca.— Con el socorro de Dios, hay que darle a la crisis un giro inesperado, poniendo en juego un gran poder de reacción; que se corrija el rumbo es prioritario, se evite el descalabro, que ya es mayúsculo; se desenlacen nudos en la autoridad y la potestad; se libere el derecho penal de la Iglesia, su disciplina se fortifique, su función docente se clarifique; se restaure el glorioso culto de dulía, dando un cambio intercedido inesperado hacia mejor, dejando atrás lo peor.

5.- No es nostalgia, sino supervivencia.— Un golpe intelectual de timón, que revierta el rumbo errado. La confusión de la nave se produjo por navegar con instrumentos inadecuados. Sea la vuelta de tuerca, que cambie con temor y temblor las coordenadas, un movimiento de clarificación con siete puntos o posiciones de esplendor.

Y este primer paso compuesto nos enderecerá el camino, con el auxilio de la gracia. Contra el pensamiento tóxico invasor, siete triacas, siete sustituciones que reviertan la Impostura:

I) En lugar del concepto administrativo de sanción, el concepto tradicional de pena.

II) En lugar del concepto roussoniano-kantiano de dignidad humana, el concepto tradicional de dignidad ontológica y moral.

III) En lugar de una “metafísica” existencial personalista, la metafísica aristotélico-tomista. En lugar de valores, virtudes (morales y teologales).

IV) En lugar de normas generales y un ethos global, la ley natural universal e inmutable; y no sólo para vida privada, también para la vida política y social.

V) En lugar de misericordia sin derecho, derecho con misericordia, (recuperando el sentido clásico de lo justo, en el derecho natural y cristiano).

VI) En lugar del absolutismo positivista de la persona, la primacía absoluta del bien común.
VII) En lugar de laicidades fuertes o débiles, insanas o “sanas", la realeza social de Cristo.

AÑADIMIENTO

Domus optima, no hay cosa mejor que la propia casa, reza el Emplema 41 de las Empresas Morales de Don Juan de Borja, 1680. No hay cosa mejor para nosotros que nuestra propia traditio local, surgida de la gran Tradición católica.

La imagen de una tortuga sirve al hijo de San Francisco de Borja para expresar una verdad que, por sensata y cabal, ha de hacerse carne y hueso en nuestras entrañas: no estaremos mejor, nosotros, en otro domicilio espiritual que en el de nuestra Hispanidad católica.

Porque por ella, en bien nuestro, llegamos tarde a la Modernidad, como a la Boda de Júpiter la tortuga; y por eso nos perjudicó en menor medida que a otros.

Que por estar tan bien en nuestra propia casa, cual Cristiandad menor, llegamos tarde a casa ajena. Y esta demora nos sirvió, durante mucho tiempo, para evitar muchos males.

La Modernidad posluterana quiso entrar en nuestra casa, pero entró tarde. No llevamos tanto tiempo en decadencia como otros. Por eso, no nos dejemos engañar. No asimilemos como nuestro el mal que descompuso a otros.

* * *

La vuelta de tuerca, en una sola máxima

Es necesario afirmar, hoy más que nunca, esta verdad católica:

las leyes divinas, con el socorro eficaz de la gracia, deben regular la vida y la conducta de los particulares, PERO TAMBIÉN la vida y la conducta del Estado; porque NO es lícito en la vida política y social apartarse de los preceptos de Dios y del orden de la gracia y legislar sin tenerlos en cuenta para nada.


David Glez. Alonso Gracián

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