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Corrupción infantil, desobediencia civil y sentido común

Corrupción infantil, desobediencia civil y sentido común

Mª Virginia, el 19.10.18 a las 6:01 PM

En plena escalada de la aberración institucionalizada, en numerosos países de Hispanoamérica la ideología de género se va apoderando vertiginosamente de las leyes, en especial en materia de educación, pisoteando el derecho natural de los padres y corrompiendo sistemáticamente a miles de niños, cautivos del sistema escolar, que ha pasado a ser, sin duda, uno de los más peligrosos espacios para el desarrollo de la infancia y adolescencia.

Tal como el vientre materno, es hoy “zona de riesgo” para millones de inocentes, con la diferencia de que en este caso, se debe trabajar para salvar a la madre, mientras que en el caso de instituciones sociales corrompidas y gravemente corruptoras, si no se pueden salvar, tal vez sea hora de plantear la retirada, por el bien de las familias y de la sociedad toda. El sistema educativo, si pasa a ser corruptor indefectible, no puede ser defendido a toda costa sino enfrentado y combatido, en pro de otras opciones que salvaguarden el bien y la verdad.

Es tremendo que muchos aún no hayan caído en la cuenta de que en el caso de la ley del aborto al menos no se amenaza la salvación eterna de los niños, mientras que en el caso de la educación sí. Por esta razón es mucho más grave, no sólo desde un punto de vista espiritual sino incluso psicológico, pues está en riesgo la salud mental de toda la sociedad. ¿Qué podemos esperar de niños que en sala de 4 son obligados por la fuerza, ya desde ahora, a pintarse los labios y disfrazarse de nenas? ¿O de adolescentes a los que se impone en una inspección estatal, dos páginas de educación sexual al término de evaluaciones de matemáticas, impidiendo la presencia de sus docentes o directivos escolares?

En este estado de emergencia, como en una guerra intempestiva en que no hay tiempo para correr a los refugios antiaéreos en medio de un bombardeo atronador, urge despertar para que cada familia reaccione debidamente con tal de salvar a sus hijos. No parece razonable esperar a que “nos den permiso” para ello, cuando el enemigo está encaramado en el poder y excede largamente las propias fronteras nacionales.

Algunas voces autorizadas, como la del endocrinólogo infantil Quentin Van Meter, advierten ya con suficiente fundamentación, el advenimiento de una futura “oleada de suicidios” entre los más pequeños ante la ofensiva LGBT con la promoción de sus “derechos” en el campo médico (sic). Ahora bien: el “operativo” comienza en la educación.

Hay que recordar entonces, con el Catecismo de la Iglesia Católica que

2242 El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civilescuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21). “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 5,29)

2244 (…) Las sociedades que ignoran esta inspiración o la rechazan en nombre de su independencia respecto a Dios se ven obligadas a buscar en sí mismas o a tomar de una ideología sus referencias y finalidades; y, al no admitir un criterio objetivo del bien y del mal, ejercen sobre el hombre y sobre su destino, un poder totalitario, declarado o velado, como lo muestra la historia (cf CA 45; 46).

Antes que salvar el planeta, pues, o antes de abocarse a cuestiones ecológicas o incluso a la prevención de epidemias, es perentorio salvar el sentido común, y lo más elemental para el cuidado de la vida, anterior incluso a la defensa de los embriones: la existencia libre del varón y la mujer como sujetos primarios de derechos para que la vida humana exista, tal y como Dios la ha creado.

Pero como aquí nos dirigimos fundamentalmente a los católicos, no podemos limitarnos al plano físico, y entonces nuevamente hay que recordar firmemente, la obligación del cuidado del alma del prójimo (¿o somos hijos de Caín?), que el Catecismo aborda al referirse al pecado gravísimo de escándalo:

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave si, por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

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El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor esta maldición: “Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6; cf 1 Co 8, 10-13). El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7, 15).
2286
El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión. Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a “condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos del Sumo legislador” (Pío XII,Mensaje radiofónico, 1 junio 1941). (…)

Resulta entonces gravemente escandalosa la vergonzosa claudicación de la mayoría de nuestros pastores en este tema (con muy honrosas excepciones), ante lo cual el recurso al sentido común se hace más imperioso aún. Así, el último documento sobre el tema que nos llega firmado por la Comisión Episcopal de Educación Católica, la Comisión Episcopal de Laicos y Familia y la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal Argentina siguiendo en la línea de incalificable ambigüedad para congraciarse con lo políticamente correcto, suelta frases como

La educación sexual se encuentra hoy sobre la mesa del diálogo político, social, cultural y educativo en nuestra Argentina. (…) Hemos tomado conciencia de que hay que comenzar por la educación sexual que integre todas las dimensiones de la persona. (…)

Esto es precisamente lo que hace el sistema enemigo gobernante: va por todo, incluyendo como contenido “transversal” la corrupción de las conciencias en un nuevo paradigma antropológico donde la Ley Natural y la Ley Divina son arrojadas al museo, cuando no al tacho de la basura.

Haciendo referencia al comodín de hoy para todas las pastelerías, como lo es Amoris Laetitia, y a su “sí a la educación sexual", el documento añade que

Se trata de una educación sexual positiva, progresiva e interdisciplinar, como nos recuerda también la enseñanza de la Iglesia. Solo una buena educación permite tomar decisiones libres y responsables.

Libre y responsablemente, muchos dirán que prefieren “optar” por la transexualidad, la fornicación o el adulterio “seguros", y todo tipo de ofertas. Total, la musiquita de la misericordia multicolor todo lo contempla y bendice.

Y más cerca del cierre del documento:

La sexualidad humana nos señala que la persona se realiza en el don de sí misma a los demás y en este contexto el erotismo aparece como manifestación específicamente humana de la sexualidad, en él se puede encontrar “el significado esponsalicio del cuerpo y la auténtica dignidad del don”.

No se pretenda la condena de la anticoncepción, ni la denuncia explícita de la ideología de género, ni una -al menos ligera- alusión a la castidad o a la pureza, y mucho menos al concepto de pecado, y no nos sorprendamos si más de un catequista, con esta luz verdosa, toma pretexto para enseñar y legitimar ante nuestros hijos más de un vicio, como ya de hecho se vienen filtrando en muchos confesionarios “de avanzada".

No se puede contar con la Jerarquía modernista ni apóstata -ni tampoco es necesario- para cumplir con nuestro deber de padres ante Dios, que nos los ha confiado para el Cielo, y no para acomodarlos a este mundo que ya no quiere saber siquiera de brújula.

Es bastante ingenuo esperar al resultado de los “debates”, pretendiendo que si éstos no nos son favorables, “ya veremos qué hacer”.
Las almas no esperan, y un alma vale más que un mundo. Ellos no pierden tiempo; van tomando rápida -y muchas veces irreversiblemente- las mentes de los más inocentes a favor de la degeneración sin límites.

En este marco entonces, parece interesante e “ilustrativa” la reacción que hace sólo dos días se produjo en la ciudad de La Plata por parte de un grupo de personas que aún tienen algo de sangre en las venas y una buena dosis de responsabilidad social (noticia completa aquí). Así, ingresaron al establecimiento educativo oficial en donde se había sancionado a una docente que había protestado por la imposición de la “educación sexual", y sostuvieron una calurosa discusión con alumnos y personal del colegio, hasta que se produjo la intervención policial. Uno de ellos señala por ejemplo; “No acepto tu ideología que está ingresando en la educación y cambia los valores. Ustedes invierten los valores; la ideología de género es la perversión de los menores...”

Más allá del repudio de buena parte de la comunidad educativa de ese colegio, visiblemente ideologizada, pensamos que es necesario que no dejemos de alzar la voz, en testimonio de la verdad. No podemos dejar que ésta sea acallada, a tiempo y a destiempo. Por nuestra parte felicitamos a los padres y familias que no retroceden. Y que cunda su ejemplo, pues en estas ocasiones es cuando se prueba que vicios como la imbecilidad y el pacifismo son intrínsecamente violentos, y hacen injuria a los más débiles, predilectos de Nuestro Señor. ¡Ay, cuántas piedras de molino habremos de reunir…!
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