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McCarrick desplazado, pero su delfín hace carrera

Por Marco Tosatti

Después del cargo de prefecto para la Familia, el Papa confía a Kevin Farrell el rol de camarlengo de la Santa Iglesia Romana, prácticamente el más alto capaz para los asuntos vaticanos a la muerte del pontífice. Pero Farrel ha sido el principal entre los protegidos del cardenal McCarrick, quien ha sido reducido al estado laical, mientras su “delfín” hace cada vez más carrera.


El nombramiento del cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para la Familia y los Laicos a camarlengo de la Santa Iglesia Romana, ha sido interpretado por no pocos comentadores, especialmente de ultramar, como una señal no alentadora para la cumbre que se abrirá la semana próxima en Roma sobre los abusos contra menores. Kevin Farrell, como también Cupich, Tobin, Wuerl, McElroy, es considerado uno de los exponentes del grupo McCarrick, de los que el ex cardenal sugería al pontífice para puestos de responsabilidad en los nombramientos episcopales y cardenalicios en Estados Unidos, para contrastar los que eran definidos “guerreros culturales”, es decir, los obispos que se oponían a la política antropológicamente devastadora de Obama. Como ya se esperaba ampliamente esta semana, llegó el decreto de la Congregación para la Doctrina de la Fe que reduce al estado laical al ex cardenal Theodore McCarrick, para permitir a la cumbre sobre los abusos sexuales que comienza el jueves para presentarse a la cita con un culpable excelente, pero esto no impide a sus protegidos de hacer carrera y de asumir puestos de importancia en la Iglesia.

El cargo de camarlengo había quedado vacante desde el 5 de julio pasado, con la muerte del cardenal francés Jean-Louis Tauran. La figura del cardenal camarlengo es central en la jerarquía de la Iglesia Católica. Está regulada por las Constituciones Apostólicas Pastor Bonus y Universi Dominici Gregis. Ésta establece que “el camarlengo de la Santa Iglesia Romana debe aceptar oficialmente la muerte del pontífice en presencia del Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, de los Prelados Clérigos y del Secretario y Canciller de la misma Cámara Apostólica, el cual deberá extender el documento o acta auténtica de muerte. El Camarlengo debe además sellar el estudio y la habitación del mismo Pontífice, disponiendo que el personal que vive habitualmente en el apartamento privado pueda seguir en él hasta después de la sepultura del Papa, momento en que todo el apartamento pontificio será sellado; comunicar la muerte al Cardenal Vicario para la Urbe, el cual dará noticia al pueblo romano con una notificación especial; igualmente al Cardenal Arcipreste de la Basílica Vaticana; tomar posesión del Palacio Apostólico Vaticano y, personalmente o por medio de un delegado suyo, de los Palacios de Letrán y de Castel Gandolfo, ejerciendo su custodia y gobierno; establecer, oídos los Cardenales primeros de los tres órdenes, todo lo que concierne a la sepultura del Pontífice, a menos que éste, cuando vivía, no hubiera manifestado su voluntad al respecto; cuidar, en nombre y con el consentimiento del Colegio de los Cardenales, todo lo que las circunstancias aconsejen para la defensa de los derechos de la Sede Apostólica y para una recta administración de la misma. De hecho, es competencia del Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, durante la Sede vacante, cuidar y administrar los bienes y los derechos temporales de la Santa Sede, con la ayuda de los tres Cardenales Asistentes, previo el voto del Colegio de los Cardenales, una vez para las cuestiones menos importantes, y cada vez para aquéllas más graves”.

El cardenal Farrell, ya Legionario de Cristo en la época de Maciel Degollado, vivió en el mismo apartamento con el ex cardenal McCarrick durante varios años. Cuando el escándalo de McCarrick salió a la luz el año pasado, muchos se preguntaron -y preguntaron- cuánto conocían los obispos que habían servido con McCarrick, y si, estando en conocimiento o sospechando, no habían hecho nada. Farrell era el de más alto rango entre ellos; fue elegido por McCarrick en el 2001 como obispo auxiliar, ocupó el importante rol de vicario general en la arquidiócesis de Washington y vivió en el mismo apartamento que McCarrick durante seis años. Farrell afirma que nunca había notado nada, y que no estaba enterado de las quejas referidas al arzobispo en Washington, y que no había oído rumores.

En el 2016 el pontífice lo eligió como cardenal prefecto del nuevo Dicasterio vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida. En ese cargo Farrell firmó el prólogo a uno de los libros más discutidos de estos años -Building a bridge” [Construyendo un puente]-, obra de una figura ciertamente controvertida, el jesuita James Martin, activista para el mundo LGBT en la Iglesia. Farrell fue el director del Encuentro Mundial de las Familias en Dublín, a finales de agosto; y se le atribuye a él la decisión de confiar a James Martin una de las exposiciones centrales del evento.

Su nombramiento, teniendo en cuenta los vínculos con McCarrick, provocó reacciones de indignación o de desconcierto en la prensa estadounidense. Pero es fruto de una elección coherente, y sólo podía sorprender a aquéllos que no tenían clara la predilección del pontífice por la corriente de prelados americanos vinculados al ex cardenal. Cuando el cardenal Wuerl estuvo obligado- a los 78 años- a abandonar formalmente el cargo de arzobispo de Washington (donde de todos modos sigue ejerciendo un papel de liderazgo, a la espera del nombramiento de su sucesor), la carta de elogios del Papa provocó reacciones severas, incluso por parte del New York Times. Wuerl se alejó después de la publicación del Informe del Gran Jurado de Pennsylvania, que sacó a luz aspectos muy negativos de su gestión de los abusos en Pittsburgh.

Y yendo a la próxima cita en el Vaticano, sobre los abusos, cuyo radio de acción se ha ido estrechando gradualmente hasta focalizarse sólo sobre los menores (por lo que no hay seminaristas, ni adultos vulnerables, ni abusos relacionados con la homosexualidad), para organizarlo fue nombrado otro hombre de la cadena McCarrick, el cardenal de Chicago Blase Cupich, quien en el verano pasado, después de la explosión de denuncias y del testimonio del arzobispo Viganò, dijo en televisión que el pontífice tenía cosas más importantes que atender que los abusos, como son el medio ambiente y los migrantes.

Había una candidatura natural para ese rol: el del cardenal de Boston, Sean O'Malley, presidente de la Comisión anti abusos del Vaticano. Pero como revela Francis X. Rocca en el Washington Post, hubo fricciones con el pontífice, porque no gustaba la línea “dura” de O'Malley. Exactamente como no gustaba la línea dura del cardenal Mūller y de sus tres colaboradores despedidos abruptamente y sin explicación por parte del pontífice. Quien, evidentemente, prefiere un enfoque más suave de la cuestión de los abusos, a pesar de las proclamas mediáticas. Aunque McCarrick fue sacrificado en el altar de los medios de comunicación, sus protegidos hacen carrera.

Publicado originalmente en italiano el 16 de febrero de 2019, en , 16-02-2019 ad www.lanuovabq.it/it/mccarrick-scari…

Traducción al español por: José Arturo Quarracino
EL LOBBY GAY CADA VEZ GANA MAS ESPACIOS. PREPARANDOSE PARA IMPONER UN SODOMITA EN EL PROXIMO CONCLAVE.
FARRELL ES UN PUBLICO SODOMITA QUE HACE TIEMPO ESTA EXCOMULGADO LATAE SENTENTIA ES DE LA FALSA IGLESIA SODOMITA.
A DEFENSA DE LA FE le gusta esto.
malemp
DON MINUTELLA: PALABRAS DE LA CONSAGRACION
Minutella vuelve con todo imperdible!