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La nueva Curia romana sin doctrina

RICCARDO CASCIOLI

Los anticipos respecto a la nueva Constitución Apostólica que podría ser firmada en junio revelan la marginación de la Congregación para la Doctrina de la Fe y la primacía de un nuevo "súper dicasterio" para la Evangelización. Novedades que hacen surgir algunas preguntas.

Como se previó en gran medida – o se temió – será la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, la que pagará el precio más alto en la reforma de la Curia romana, a la que el papa Francisco se ha dedicado desde el comienzo de su pontificado. La confirmación viene de los anticipos publicados por la revista española Vida Nueva respecto a la nueva Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (título provisorio), cuyo borrador está ahora en manos de varios dicasterios vaticanos, en las Conferencias Episcopales nacionales y en algunas universidades pontificias para eventuales sugerencias posteriores. Según Vida Nueva, si todo marcha como está previsto, el texto final será aprobado por el Concejo restringido de cardenales (quedan seis de los nueve iniciales que eran) en la reunión de junio y después firmado por el Papa el 29 de junio.

La nueva Constitución, que llegaría justamente 31 años después de la Pastor Bonus de san Juan Pablo II, que ya había reorganizado la Curia, contiene muchas novedades: desaparecerá la distinción entre Congregaciones (que tienen un poder ejecutivo) y Pontificios Consejos (con tareas sobre todo consultivas y de orientación); todas se llamarán indistintamente Dicasterios, estarán al servicio de las diócesis en particular y no sólo del Papa. Los obispos de Curia no serán "superiores" a los obispos diocesanos, sino que estarán al mismo nivel, mientras que a la cabeza de varios dicasterios podrá haber laicos. Además, la Comisión para la Protección de los Menores, actualmente parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se convertirá en un departamento en sí, presumiblemente con poderes legales. Posteriormente habrá fusiones entre los diversos Pontificios Consejos y Congregaciones, además de las ya realizadas.

Pero la novedad más grande, que ciertamente marcará el pontificado de Francisco, es la creación de un “súper-dicasterio” para la Evangelización, el cual sobrepasará a la Congregación para la Doctrina de la Fe en cuanto a importancia. En el nuevo “súper-dicasterio” confluirán la actual Congregación para la Evangelización de los Pueblos (conocida como Propaganda Fide, dirigida a los territorios de misión) y el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización (creado por Benedicto XVI en el 2010, para los países de tradición cristiana ahora secularizados). Hay entonces una fuerte remarcación del carácter misionero de la Iglesia, pero sin la preocupación de la ortodoxia que siempre ha caracterizado hasta aquí a los Papas. Cuestión no sólo vista sino como tarea principal de los obispos, y en consecuencia del Papa, es la de transmitir el depositum fidei, el depósito de la fe, es decir, las verdades enseñadas por Jesús a los apóstoles, incluidas las morales. En la Pastor Bonus no sólo la Congregación para la Doctrina de la Fe estaba confirmada como la Congregación suprema, pero fuera de toda formalidad su titular Joseph Ratzinger era verdaderamente el brazo derecho del papa Juan Pablo II.

El papa Francisco, por el contrario, desde el comienzo de su pontificado, si bien había afirmado siempre no querer poner en discusión la doctrina y el catecismo, tuvo constantemente una relación difícil con la Congregación para la Doctrina de la Fe, preocupado sobre todo por el aspecto pastoral y mucho menos por la ortodoxia. En esa Congregación quizás ha visto la encarnación de ese “doctrinarismo” y de esa “rigidez” contra la que se ha lanzado innumerables veces. Así ha desairado durante mucho tiempo al titular de la Congregación, el cardenal alemán Gerhard Müller, de sólida formación teológica y a cargo de las obras completas de Joseph Ratzinger-Benedetto XVI, hasta que lo despidió bruscamente en el 2017, no renovándole el mandato al expirar.

Dada la importancia de ser precisos respecto a la fe y a la moral, cada documento oficial del Papa pasa tradicionalmente por la Congregación para la Doctrina de la Fe, precisamente como ayuda para la misión del Pontífice; pero en el caso de los documentos más controvertidos del papa Francisco los numerosos alivios motorizados por la Congregación –dicen los habitualmente bien informados– no fueron ni siquiera tomados en consideración. Se ven los resultados: la Exhortación post-sinodal Amoris Laetitia, con su ambigüedad de la cual el aspecto de la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar es el más llamativo, ha generado una confusión y disputas evidentes entre los católicos respecto a los tres sacramentos: el matrimonio, la Eucaristía y la confesión. Y la encíclica “verde” Laudato Sì se ha convertido ahora en el pretexto para impulsar a la Iglesia a identificarse con WWF y Greenpeace. Sin que jamás, frente a dudas y preguntas, haya una intervención para aclarar las cuestiones.

Y después del golpe a Müller, a la cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe, desde julio el 2017, ha sido puesto el que hasta ese momento era el secretario, el jesuita Luis Francisco Ladaria Ferrer, teólogo equilibrado pero que tiene un perfil bajo, o más bien, bajísimo. En efecto, en casi dos años de ministerio muchos han prácticamente olvidado la existencia de esta Congregación, tiempo necesario para hacer pasar ahora una reforma que la margine completamente. De los anticipos publicados se entiende que se la eliminará, totalmente o en parte, incluso la competencia sobre los abusos sexuales del clero. Lo que no es un hecho despreciable, tanto que en sus "Apuntes" que tanto ruido hizo, el papa emérito Benedicto XVI subrayó con fuerza que los abusos sexuales cometidos por sacerdotes son un atentado contra la fe. "En la conciencia jurídica común – lamentaba Benedicto XVI – la fe no parece tener más el rango de un bien que hay que proteger. Es una situación preocupante".

Considerada la predicación del papa Francisco, hay curiosidad también sobre el significado del súper dicasterio para la Evangelización. Tradicionalmente, cuando se habla de misión se hace referencia al mandato de Jesús a los discípulos: "Vayan entonces y hagan mis discípulos a todos los pueblos de la tierra, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Pero el tema recurrente en las intervenciones del papa Francisco es la condena del proselitismo, entendido como preocupación para convertir a la fe católica. Ha definido como pecado buscar la conversión de otros cristianos al catolicismo; en cuanto a los judíos, un documento del 2015 de la Comisión vaticana para las Relaciones religiosas con el Judaísmo excluyó toda "misión institucional dirigida a los judíos", exclusión que de hecho ahora parece extenderse también a los musulmanes, vista también la relectura “buonista” del encuentro de san Francisco con el Sultán. Si después miramos los documentos preparatorios para el próximo Sínodo sobre la Amazonia, vemos una exaltación de las religiones paganas -según un mito que ve una presunta armonía con la naturaleza- y una crítica cerrada a la cristianización. ¿Cómo se debe entender entonces la evangelización? Es una pregunta a la que se espera responda la Praedicate Evangelium.

Publicado originalmente en italiano el 29 de abril de 2019, en 29-04-2019, in www.lanuovabq.it/it/la-nuova-curia-…

Traducción al español por: José Arturo Quarracino
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