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Una asociación ‘católica’ pide a la ONU que expulse al Vaticano

Una asociación ‘católica’ pide a la ONU que expulse al Vaticano

Por Carlos Esteban | 21 marzo, 2019

Lo que ha atraído a lo largo de los siglos de la Iglesia Católica es lo mismo que ha repelido: su carácter perenne, su insistencia arrogante en ser portadora de la Verdad eterna, verdad de Cristo. Y la sorpresa es que hoy sus pastores parecen no juzgar nada con tanta severidad como lo inmutable, ni con tanto entusiasmo como el cambio.

Y en el cambio entra tanto que es difícil no ver que lo que antes se hacía se ha dejado de hacer, y lo que antes se evitaba se ha empezado a hacer con entusiasmo.

De lo primero es bastante llamativo la actitud de la jerarquía con la causa de la familia natural, hace no tanto tan identificada con la Iglesia Católica que era fácil confundirlos. Primero se nos pidió que no nos “obsesionáramos” con esos asuntos. Ahora se celebra en Verona un encuentro de familias, y el Vaticano ha empezado a marcar distancias.

Primero fue Parolin, el secretario de Estado, diciendo que le parecía bien “la sustancia, pero no las formas”, sea lo que fuere lo que quiera decir. No creo que sea difamatorio, o siquiera discutible, que en este pontificado no tiene el mismo peso la defensa de la familia, no ya que cuestiones doctrinales de mayor alcance, sino incluso que la defensa del medio ambiente o la inmigración masiva, dos asuntos a los que la Iglesia no puede decirse que haya dedicado hasta hoy una importancia exhaustiva, y tampoco el Evangelio.

Otro cambio llamativo es la actitud con la ONU. La Organización de Naciones Unidas es, como su propio nombre indica, la máxima expresión del globalismo y de la opinión de las élites, es decir, de lo que antes llamaban los teólogos ‘el Mundo’, en oposición a la Iglesia. Esta ha mantenido hasta ahora con la ONU relaciones, en el mejor de los casos, tirantes, especialmente por la agresiva política de la organización internacional en defensa del aborto irrestricto, el neomaltusianismo rampante y una mal disimulada fobia a la familia natural tanto como a la relación natural entre los sexos.

Pero eso era antes y esto es ahora, y ‘esto’ es algo denterosamente parecido a una luna de miel. Se nos invita a seguir los dictados de la ONU en esto y en aquello, se celebra que la Santa Sede y la ONU actúen coordinadamente y, en general, se nos pide que miremos a la organización con sede en Nueva York como un agente del bien.

Pero el Mundo es un mal aliado para la Iglesia, algo que deberíamos haber aprendido en estos últimos veinte siglos, y en la Santa Sede ha debido caer como una bomba que una asociación presuntamente católica, Catholics for Human Rights, haya escrito al secretario general, Antonio Guterres, pidiendo que retire al Vaticano su condición de observador permanente en la organización.

La razón que aduce la asociación es que la Santa Sede no puede participar en el desarrollo de las políticas sobre el papel de la mujer mientras mantenga su doctrina sexista. No hay ni que decir que el ‘Catholics’ del nombre es, sin más, una pantalla conveniente para la enésima organización progresista, en este caso una que ya antes ha urgido a una ‘reforma’ de las religiones en general y de la católica en particular.

No es que creamos que la iniciativa, de momento, vaya a tener éxito, aunque la petición ha tenido eco en medios de la talla del New York Times y el Washington Post. Pero es un primer indicio de lo que, tarde o temprano, será un inevitable choque de trenes. La asociación tiene razón en que la doctrina defendida desde siempre por la Iglesia católica es incompatible con los fines que se ha propuesto Naciones Unidas. Ahora solo queda rezar para que, cuando llegue el momento, nuestra jerarquía no tenga la tentación de aguar la doctrina para recibir las palmaditas en la espalda de los burócratas globales.

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