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Entre los dos Papas hay “fractura”. El silencio de Francisco contra Benedicto

Entre los dos Papas hay “fractura”. El silencio de Francisco contra Benedicto

Por Sandro Magister | 17 abril, 2019

En la semana posterior a la explosiva publicación de los “apuntes” de Joseph Ratzinger sobre el escándalo de los abusos sexuales en la Iglesia Católica son al menos siete los elementos esenciales que han salido a la luz, a los que hay que tener en cuenta en vista a desarrollos futuros.

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El primero remite a la génesis de la publicación de los “apuntes”. En los párrafos introductorios, Ratzinger dice haberlos escrito “en el lapso de tiempo que va desde el anuncio del encuentro de los presidentes de las conferencias episcopales hasta su verdadero y propio inicio”, es decir, entre el 12 de setiembre del 2018, día del anuncio, y el 21 de febrero de 2019, día de la apertura de la cumbre.

Pero Ratzinger dice también haberlos escrito para “proporcionar alguna indicación que pudiera ser de ayuda en este momento difícil”.

De esto se deduce que los había escrito para ofrecerlos, en primer lugar, a los dirigentes de la Iglesia convocados al Vaticano por el papa Francisco para discutir sobre la cuestión.

Esto ha sido confirmado el 13 de abril por el “Corriere della Sera”, el más difundido diario laico italiano, uno de los órganos de prensa que dos días antes había publicado el texto íntegro de los “apuntes”:

“Benedicto [XVI] envió ´por cortesía’ las dieciocho páginas y media sobre la pedofilia al secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, antes de la reunión global de las conferencias episcopales, para hacerlas conocer también a Francisco”.

Pero resultó que ninguno de los participantes de la cumbre había recibido el texto de Ratzinger. Francisco creyó que era bueno tenerlo para sí, cerrado en un cajón.

Y nadie habría sabido más nada si Ratzinger en persona, unos cuarenta días después, no hubiese decidido darlo a conocer públicamente, formalmente en una poco conocida revista bávara, “Klerusblatt”, pero en la práctica en una docena de grandes portadas católicas y no católicas, en todo el mundo y en varios idiomas, después de haber dado aviso a las máximas autoridades vaticanas, como lo ha revelado él mismo:

“A continuación de contactos con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, y con el mismo Santo Padre, considero justo publicar en ‘Klerusblatt’ el texto así concebido”.

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Un segundo elemento es la reacción inicial de los medios de comunicación vaticanos. Gélida.

El portal oficial “Vatican News” dio cuenta del texto de Ratzinger varias horas después que se había hecho público, entre los lanzamientos de segundo orden, con un resumen breve y notariado sin remitir al texto íntegro.

Lo mismo hizo “L’Osservatore Romano” impreso en la tarde del 11 de abril, con el mismísimo y condensado resumen escondido al fondo, en la página 7, sin ningún aviso de advertencia en primera página y bajo un mucho más vistoso artículo del jesuita Antonio Spadaro, director de “La Civiltà Cattolica” y primer consejero y escritor en las sombras del papa Francisco.

Al ser conocida la cercanía con el Papa de los máximos dirigentes de los medios de comunicación vaticanos – el prefecto del Dicasterio para la Comunicación, Paolo Ruffini, y el director editorial Andrea Tornielli, además del padre Spadaro – este hielo en el registro de la publicación del texto de Ratzinger no puede más que reflejar la fuerte irritación de Francisco.

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Un tercer elemento es el comportamiento de los medios de comunicación vaticanos en los días posteriores, totalmente taciturnos sobre los contenidos y las repercusiones del texto de Ratzinger, y por el contrario, movilizados para distraer y justificar – con dos editoriales consecutivos de Tornielli y del director de “L’Osservatore Romano”, Andrea Monda – un simultáneo gesto de Francisco, tan espectacular como desconcertante, el de su beso de los piesde dos líderes rivales en la feroz guerra entre tribus que en Sudán del Sur ya ha provocado cuatrocientos mil muertos.

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Un cuarto elemento es el silencio de Francisco. No sólo practicado, sino también teorizado. En la homilía del Domingo de Ramos, el 14 de abril, el Papa comenzó a parangonar el “silencio de Jesús en su Pasión”, un silencio che “vence también a la tentación de responder, de ser ‘mediático’”, porque “en los momentos de oscuridad y de gran tribulación hay que callar, tener el valor de callar, siempre que sea un callar manso y no rencoroso. La mansedumbre del silencio hará que parezcamos aún más débiles, más humillados, y entonces el demonio, animándose, saldrá a la luz”.

El silencio es la reacción típica de Jorge Mario Bergoglio cada vez que se lo pone seriamente a prueba. Lo adoptó con los “Dubia” de los cuatro cardenales, con las preguntas incómodas del ex nuncio en Estados Unidos, Carlo Maria Viganò, y ahora con la intervención del Papa emérito.

Que Francisco, con esta última apología suya del silencio, aludiera “a las tensiones y a los venenos ligados a los ‘apuntes’ de Benedicto XVI” no es fruto de la fantasía, visto que lo ha puesto negro sobre blanco un cronista muy cercano a Santa Marta, como lo es Domenico Agasso, el actual coordinador del sitio web “Vatican Insider”, dirigido hasta hace pocos meses por Tornielli y hasta ahora bajo su tutela.

En “Vatican Insider”, esta exégesis de la homilía papal fue realizada inmediatamente el 14 de abril, en otros dos artículos del mismo Agasso, con títulos muy elocuentes:

> Francesco e l’ombra di Ratzinger, la coesistenza che pesa sul Vaticano

> “La coabitazione tra i due papi è possibile solo se quello emerito sa restare invisibile”

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Y con estos dos artículos se ha puesto al descubierto un quinto elemento de la historia: el juicio radicalmente negativo que el papa Francisco ha elaborado sobre la publicación de los “apuntes” de Ratzinger.

Este juicio suyo Francisco lo tiene dentro de sí. Pero la impresionante concordia vocal de personas muy cercanas a él permite leer lo que él piensa.

La más diligente en tomar posición ha sido Stefania Falasca, editorialista de “Avvenire”, el diario de la Conferencia Episcopal Italiana, pero sobre todo amiga de larga data de Bergoglio, junto a su esposo Gianni Valente, director de la agencia vaticana “Fides” y otra firma estelar de “Vatican Insider”.

Es útil recordar que el primer llamado telefónico de Bergoglio después de su elevación al papado, la tarde misma del 13 de marzo de 2013, fue justamente a Stefania Falasca. Y también dos veces, en los días que precedieron a ese cónclave, el entonces arzobispo de Buenos Aires estuvo cenando en su casa, con Tornielli también presente.

Ahora bien, con dos tweet poco después de la publicación de los “apuntes” de Ratzinger, Falasca acusó al Papa emérito de haber violado dos obligaciones que el directorio “Apostolorum successores” del 2004 impone a todos los obispos eméritos: la de “no interferir en nada” con el obispo reinante y la de no “constituir casi una autoridad paralela”.

El primero de los dos artículos arriba citados de Agasso en “Vatican Insider” toma impulso precisamente de aquí para sostener que con la publicación de los “apuntes” se ha roto un equilibrio entre los dos Papas, más aún, se ha llegado a “una fractura”. Y, en consecuencia, “se plantea una cuestión ‘constitucional’ sobre el rol del Papa emérito”. Rol que efectivamente es un nudo no resuelto, pero que ahora es instrumentalmente utilizado por los apologetas de Bergoglio para intimar a Ratzinger a mantenerse en silencio y “oculto al mundo”.

El segundo artículo pone de manifiesto el mismo concepto, con una entrevista a Massimo Faggioli, discípulo de la llamada “escuela de Boloña” y profesor en la Universidad Villanova, de Filadelfia, también él convencido que “se plantea el problema de reglamentar la figura del [Papa] emérito para el futuro” y que, entre tanto, en el presente, es obligatorio que Benedicto XVI “permanezca invisible”.

En ambos artículos se fantasea también sobre una manipulación externa del texto y de la persona misma de Ratzinger, por parte de imprecisos cortesanos suyos.

En todo caso, sin decir una sola palabra que no sea de desprecio sobre el contenido de los “apuntes”, a pesar de su seriedad extrema, en continuidad con cuanto ya ha escrito Benedicto XVI en la memorable carta dirigida en el 2010 a los católicos de Irlanda.

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Pero hay quien afirma también: “Quieren hacer callar a Benedicto XVI porque dice la verdad”. Y estamos así en el sexto elemento de la historia: la entrevista al cardenal Gerhard Müller por parte de Riccardo Cascioli en la edición del 15 de abril de “La Nuova Bussola Quotidiana”.

Hay que leer la entrevista en su totalidad. Pero aquí, a continuación, presentamos tres pasajes en los que Müller reivindica la libertad del Papa emérito de “decir la verdad”:

“Es cierto que los obispos eméritos deben mantenerse fuera del gobierno cotidiano de la Iglesia, pero cuando se habla de doctrina, de moral y de fe están obligados a hablar del derecho divino. Todos han prometido, durante la consagración episcopal, defender el ‘depositum fidei’. El obispo y gran teólogo Ratzinger no sólo tiene el derecho, sino también el deber de hablar y dar testimonio de la verdad revelada”.

“Los apóstoles Pedro y Pablo, los fundadores de la Iglesia romana, dieron su vida por la verdad. Pedro y Pablo no dijeron: ‘Ahora hay otros sucesores, Timoteo y Tito, dejemos que hablen públicamente’. Ellos dieron testimonio hasta el final de sus vidas, hasta el martirio, con su sangre”.

“¿Un obispo emérito, cuando celebra una Misa, no debe decir la verdad en la homilía? ¿No debe hablar de la indisolubilidad del matrimonio sólo porque otros obispos han introducido nuevas reglas que no están en consonancia con la ley divina? Más bien son los obispos activos los que no tienen el poder de cambiar la ley divina en la Iglesia. No tienen ningún derecho de decir a un sacerdote que debe dar la Comunión a una persona que no está en plena comunión con la Iglesia Católica. Nadie puede cambiar esta ley divina, si uno lo hace es un hereje, es un cismático”.

Y éstas son las frases finales de la entrevista:

P. – Cardenal Müller, ¿qué consecuencias se esperan de la publicación de estos ‘apuntes’ de Benedicto XVI?

R. – Espero que algunos comiencen finalmente a afrontar el problema de los abusos sexuales en forma clara y correcta. El clericalismo es una respuesta falsa.

El “clericalismo”, es decir, el mantra que para el papa Francisco sería la causa de todos los males de la Iglesia.

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Y al final, el séptimo pero no último elemento de la historia: la visita de Francisco a Benedicto, en la tarde del 15 de abril, para presentarle los saludos de Pascua y de feliz cumpleaños, como muestra la foto difundida por la sala de prensa del Vaticano.

En esas mismas hora se publicó en la primera página de “L’Osservatore Romano” un editorial de Tornielli con el título “Quella ‘via penitenziale’ che unisce i due pontificati”, en el que insiste sobre el llamado concordante de los dos Papas – en los más importantes documentos de los respectivos pontificados y por último también en los “apuntes” – a la oración, a la penitencia y a la conversión de los corazones, como vía maestra para vencer el escándalo de los abusos sexuales.

Las dos cosas juntas suenan como una señal de tregua, al comienzo de la Semana Santa.

Pero una vez más, ni una sola palabra de Francisco y de sus voceros sobre el contenido de los “apuntes” de Ratzinger respecto a la raíz última del escándalo.

En esto, la brecha entre Francisco y Benedicto permanece intacta. Y los desarrollos son imprevisibles.

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