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Evangelio y reflexión del sábado 15 de junio de 2019

Evangelio y reflexión del sábado 15 de junio de 2019 por el P. Pedro Brassesco
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tantos politicos que juran por los santos Evangelios.
Mateo 5,33-37: Yo os digo que no juréis en absoluto. La verdad y la sinceridad de la propia palabra tiene que ser suficiente para que nos consideren dignos de crédito. San Agustín expone su propia experiencia:

«Un juramento en falso no es un pecado sin importancia; al contrario, el jurar en falso es pecado tan grande que el Señor prohibió todo juramento, para evitar el juramento en falso» (…
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Mateo 5,33-37: Yo os digo que no juréis en absoluto. La verdad y la sinceridad de la propia palabra tiene que ser suficiente para que nos consideren dignos de crédito. San Agustín expone su propia experiencia:

«Un juramento en falso no es un pecado sin importancia; al contrario, el jurar en falso es pecado tan grande que el Señor prohibió todo juramento, para evitar el juramento en falso» (Sermón 307,2).

En otro lugar dice: «También yo juraba a cada momento: también yo tuve esta costumbre horrible y mortal. Lo confieso a vuestra caridad. Desde que empecé a servir a Dios y vi el mal que encierra el perjurio, se apoderó de mí un fuerte temor y con él frené tan arraigada costumbre. Una vez frenada, se la contiene; contenida, languidece; languideciendo, muere; y la mala costumbre deja lugar a la buena» (Sermón 180,10).

Esto nos obliga a ser siempre sinceros. La sinceridad es una virtud cristiana por excelencia porque está relacionada íntimamente con la verdad y Jesucristo nos dijo que Él era la Verdad. La sinceridad del Señor fue reconocida por su propios enemigos (cf. Mt 22,15ss.). A veces nos da miedo la verdad, porque es exigente y comprometida.

Muy relacionada con la sinceridad está la sencillez, consecuencia de vivir la vida de infancia espiritual. El alma sencilla no se enreda ni se complica inútilmente por dentro. Se oponen a la sencillez la afectación y la oficiosidad, posturas superficiales, por las que el hombre se deja llevar movido por fórmulas o actitudes vacías, o por simple imitación de otras personas. Se oponen también la pedantería, la jactancia y la hipocresía. Casiano dice:

«Son más peligrosos y más difíciles de remediar los vicios que tienen apariencia de virtud y se cubren con la apariencia de cosas espirituales, que los que tienen claramente por fin el placer sensual. A estos, en efecto, como las enfermedades que se manifiestas con claridad, puede atacárseles de frente y se les cura al instante. Los otros vicios, en cambio, paliados con el velo de la virtud, permanecen incurables, agravando el estado de los pacientes y haciendo desesperar el remedio» (Colaciones,4).
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