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Carta abierta a ciertos obispos y sacerdotes, para su salvación eterna

Carta abierta a ciertos obispos y sacerdotes, ustedes saben quiénes son

Mis padres,

Escribo esta carta con un corazón pesado, pero con el conocimiento de que debe ser escrita. Para ir directo al grano, demasiados de ustedes han abandonado a sus hijos y han dicho que es por amor a ellos. Si esto es lo que llaman amor, entonces no saben lo que es el verdadero amor. Dicen que quieren proteger a su gente de este virus, pero sus acciones dicen que no les importa lo que le pasa a sus almas. Dirán que esto no es verdad; los actos hablan más que las palabras. Se han sorprendido recientemente cuando la Encuesta Pew salió y dijo que sólo el 30% de los católicos que asisten a misa creen en la Presencia Real, no es de extrañar, ustedes mismos no parecen creer. ¿Creen en la Presencia Real? He escuchado a muchos de ustedes decir que recibir la "Comunión Espiritual" es tan bueno como recibir a nuestro Señor en la Misa. ¡¿DE VERAS?! En la persecución de los primeros cristianos un gobernador preguntó por qué se habían reunido sabiendo que probablemente serían capturados y ejecutados. Su respuesta fue que no podían vivir sin la Eucaristía.

Hoy en día se preocupan más por el tiempo limitado de su rebaño en la tierra, que por su bienestar eterno. Nos dicen que veamos la misa en casa sin poder recibir a nuestro Señor. ¿No es lo mismo que tener gente hambrienta parada en la ventana de una panadería diciéndoles que crean que están alimentados, pero no permitiéndoles recibir nada de la panadería? Ustedes dicen que eso es diferente, tienen razón. El hambre y la muerte espiritual son eternas, el tormento y el sufrimiento nunca terminarán. Lo único que muestran sus acciones es que se preocupan más por ustedes mismos y su imagen ante el mundo. Recuerden, tendrán que dar cuenta de cada alma a su cuidado, y lo crean o no ahora, las almas van al infierno.

Por favor, por el bien de sus rebaños, conviértanse en verdaderos pastores y no en mercenarios. Porque si no lo hacéis, muchas almas de vuestros rebaños se perderán, y también vuestras propias almas. Que Dios se apiade de sus almas.

JMJ

Katherine

Fuente: Blog de Monseñor Gracidas