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Rigidez: Comportarse como hombres, no como amebas

El historiador bonaerense Antonio Caponnetto, de 70 años, escribió el 1 de agosto en el sitio web ELOGIO DE LA RIGIDEZ - Antonio Caponnetto un Elogio de la Rigidez. Sus frases más destacadas son:

- Francisco padece una fijación obsesiva ideológica con la rigidez.

- Grita contra la “rigidez”, pero él “no cesa de ser el jefe cruel y alevoso de una estructura de agarrotamiento, punición y dureza contra todos aquellos a quienes considera sus contradictores”.

- La rigidez de Francisco es la rigidez farisaica del traidor a Jesucristo y se dirige “contra los católicos, apostólicos y romanos; a los que no pierde ocasión de zaherir, destratar y humillar”.

- el Diccionario nos dice que la rigidez es la capacidad de resistencia de un cuerpo a doblarse o torcerse por la acción de fuerzas exteriores que actúan sobre su superficie. En tal sentido, es fácil deducir y enseñar que, analógicamente hablando, hay una rigidez santa, sabia, martirial y heroica; que es ni más ni menos que la que tuvieron todos los testigos de la Cristiandad para no doblegarse ante el error, la confusión, la ignorancia y la mentira. Pagando para ello, en graves ocasiones, el precio de la propia sangre.

- Hay una rigidez virtuosa y otra viciosa.

- “Una bofetada puede ser fruto de la caridad y una caricia una invitación al pecado” (San Agustín). Las flexibilidades, contemporizaciones, ternezas, sincretismos, irenismos y horribles cambalaches de palabra y de obra, que no se cansa de perpetrar Bergoglio, son esas caricias que repugnan al Hiponense.

- Pedirle a Francisco actitudes paternas, pontificia, pastoriles o simplemente caritativas por medio de cartas es un error. Sería como mandarle un saludo navideño a Herodes, o desearle felices pascuas a Judas o solicitarle a Caifás que se prosterne ante el Calvario.

- Bergoglio sólo sabe darles a los católicos la rigidez de la Sinagoga, la fría inflexibilidad de las sentencias masónicas, la inconmovible y rencorosa venganza del Sanedrín y el severo estupor de los sepulcros blanqueados.

- Cristo extendió la mano de hiel de su rigor y la mano de azúcar de su misericordia, ambas en una, para enseñarnos a portarnos como hombres y no como amebas.

Imagen: © Mazur/catholicnews.org.uk, CC BY-NC-ND, #newsPbsgpfclln