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Hughes, en ABC: “Lo sobrenatural queda para Iker Jiménez”

Hughes, en ABC: “Lo sobrenatural queda para Iker Jiménez”

Iker Jiménez junto a un sacerdote.

Por Carlos Esteban | 28 julio, 2021

Es curioso que un documento papal que afecta directamente a poquísimos y que no debería interesar apenas al mundo no católico como es Traditionis custodes haya provocado una contestación tan fuerte.

¿Quién asiste regularmente a la Misa Tridentina? Yo mismo, que ya he escrito unos cuantos artículos sobre el asunto, solo he ido una vez en mi vida. Si hacemos caso al CIS -y a demoscopia equivalente en otros países de Occidente- ni siquiera los que se confiesan católicos acuden a Misa regularmente en la mayoría de los casos, cuánto menos a una Forma Extraordinaria que cuesta encontrar a una distancia razonable de casa. ¿Por qué, entonces, ha causado semejante revuelo un motu proprio sobre un asunto tan exiguamente minoritario?

Se diría que hay una respuesta instintiva, como si el documento hubiera tocado un nervio sensible en nuestra civilización en decadencia, algo que hace reaccionar airado a un ateo como Onfray. Quizá tenga mucho que ver con eso de que escribe el blog argentino Caminante Wanderer en su entrada ‘Por qué nos importa la liturgia’ al afirmar: “La repetida sentencia de Dostoevsky “La belleza salvará al mundo”, sólo puede ser entendida en ese sentido. Como cristianos, sabemos que la verdadera belleza es el rostro transfigurado de Cristo-hombre, y sabemos que se trata de una belleza que tiene su origen en la voluntad salvífica del Padre hacia la humanidad: Dios quiso que la belleza del Logos encarnado nos salvara. Y por eso los Padres, tanto de la Iglesia oriental como de la occidental, afirman que la liturgia es la obra salvífica del Unigénito Hijo de Dios que se continúa en nuestros tiempos”.

Hoy el columnista de ABC Hughes, habitualmente ocupado en cuestiones de política nacional, dedica sorprendentemente su columna al asunto, ‘Tridentina’, y se dirige a subrayar un mensaje parecido, con el añadido de comentar esa repulsión por lo sobrenatural que advertíamos en el equívoco de la ‘multiplicación/reparto solidario’ de los panes y los peces, y otro aspecto sobre el que han llamado la atención muchos comentaristas críticos con el motu proprio, a saber: si el fin de la decisión es promover la unidad, ¿por qué “no se advierte el mismo celo en atajar los desarrollos ‘modernizadores’? Hughes se refiere aquí a la asombrosa ‘creatividad’, a menudo irreverente y no pocas veces rozando el sacrilegio, que se puede soportar en multitud de Misas dominicales en todo el mundo y de las que el blog ‘Complicit Clergy’ reúne en Youtube una terrible antología.

‘Lex orandi, lex credendi’, cita el mismo motu proprio; lo que se reza es lo que se cree, y por eso mismo la liturgia que rodea el Misterio no es un asunto menor. Y es la aplicación práctica, real, cotidiana de la Misa Novus Ordo la que a menudo transmite ese alejamiento del aspecto vertical de la fe, en favor del plano horizontal. En palabras del columnista de ABC, refiriéndose a la liturgia postconciliar, “la sensación es que todo se dirige al qué buenos somos, a hacer mejor el mundo, pero no al otro mundo. Lo sobrenatural queda para Iker Jiménez. Las sensaciones al entrar en una iglesia ya no son de conmoción, misterio y elevación, sino de otro tipo, acompasadas por el rasgar de guitarritas ecuménicas”.

Juan Manuel Sierra, profesor en la especialidad de liturgia de la Universidad San Dámaso de Madrid, hace en La Razón un ejercicio de contención de daños equivalente a paliar una riada con un cubito de playa, a nuestro entender. Dice, por ejemplo, que la liturgia “es algo vivo que ha evolucionado y evolucionará: si un rito va cambiando en el tiempo, es una evolución. Si subsisten en el tiempo dos formas distintas, en realidad da lugar a dos ritos litúrgicos y eso es lo que intenta frenar el nuevo documento”.

Eso de la ‘evolución’ es un concepto muy socorrido entre los renovadores, que hacen del término un sinónimo perfecto de ‘cambio’, cuando no lo es. ‘Evolución’ hace referencia a una transformación orgánica, como la de una especie viva. Pero el Novus Ordo Missae no es de esa naturaleza; mientras que San Pío V rechaza en su bula Quo Primum, en la que establece la forma de la Misa “a perpetuidad” no pretende estar inventando nada, sino meramente unificando, codificando y expurgando lo que ya existía, la Misa postconciliar es, para bien o para mal, el resultado de los trabajos de una comisión, y contra su frecuente aplicación abusiva no se ha redactado motu proprio alguno.

Evolución es, digamos, que en un paisaje nevado solo sobrevivan los ejemplares de piel o pelo blanco en una especie; no que un caballo se transforme en unicornio o en un pegaso de la noche a la mañana por ingeniería genética.

Por otra parte, es cansino ese recurrir ahora a la necesidad de unidad, ahora a la necesidad de diversidad y pluralidad (¿qué tal un Rito Amazónico?) según va conviniendo a una línea eclesial que, nos tememos, cada día resulta más transparentemente política.

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