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El interino

El interino

Jorge, el 1.12.20 a las 10:31 AM

Lo contaban de un ordenanza en un ministerio cualquiera. Acababa de tomar posesión el nuevo ministro y, como es natural, llegó al ministerio con nuevas ideas y dando órdenes desde el primer momento, hasta en los detalles más pequeños. Aquel ordenanza no perdió los nervios. Apenas exclamó: “hay que ver cómo son estos interinos”.

Se nos acusa en ocasiones a los sacerdotes que llegamos a la parroquia y hacemos exactamente lo que nos da la gana
sin contar con nadie. Y no niego que falte razón. Es un extremo, pero real como la vida misma. Llega el nuevo párroco y desde el primer día ordeno y mando tal vez apoyado por una hermana o una persona de su confianza. Pone misas, quita misas, arregla esto, desarregla lo otro, no da cuentas, gasta en cosas no del todo justificables, impone horarios y modos, que para eso es el párroco y no hay más que hablar.

También existe el otro extremo en parroquias que me voy a permitir llamar históricas o mejor con historia. Parroquias en manos de una familia, un grupo, una hermandad que son los que “de toda la vida” se han hecho cargo de todo. Gente que “de siempre” ha controlado el dinero, los horarios, la pastoral, las costumbres y hasta el último florero, y Dios le libre al cura de salirse del guion. Saben perfectamente lo que se hace, cómo se hace, lo que se gasta en qué y cómo, porque “siempre se ha hecho así”. La parroquia son ellos y el párroco un pobre interino, que apenas tiene otro margen que el de celebrar la misa, eso sí, respetando los horarios de toda la vida, el derecho de Maruchi a hacer las lecturas, el de Puri y Chelito de arreglar las flores y el de Juan y Carmina de contar la colecta y llevarla al banco. Eso sí, si usted tiene que comprar algo nos pasa la factura.

Dios le libre al cura de hacer alguna observación:

- En adviento sería bueno quitar algunas flores.

- Pues siempre las hemos puesto así y a los curas de antes no les parecía mal.

- Es lo que pide la liturgia.

- Pues otros curas no lo veían igual.

- Es igual. Quiten esas flores. Y no vuelvan a poner las de plástico.

El cura acaba de firmar su sentencia de muerte.

Estas cosas ocurren por desidia de los curas, uno tras otro por eso de no liarla, y porque desde arriba tampoco tienes apoyo, así que se van conquistando parcelas de poder

Conste que en parte puedo llegar a entender esta postura. Parroquias ha habido en las que algún cura ha cometido auténticos desaguisados, amén de pequeños o grandes desfalcos. Casos así han fomentado la desconfianza y el temor.

Pobre parroquia a la que le toque un párroco mandón. Pobre párroco al que le toque una parroquia de mandones donde él es apenas un interino al que se le juzga y controla por si acaso. Es lo que hay.

Una de las cosas que me gusta transmitir en el blog es cómo se ven las cosas desde el otro lado del altar. Los fieles tienen una percepción de las cosas, los curas otra. No digo que ni una ni la otra sean perfectas, digo que hay que ver todo en su conjunto. Y que el cura dictador es una desgracia, pero no es desgracia menor la parroquia en manos de cuatro generalmente con escasa o nula formación. Pero es lo que hay.

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