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¡Vamos Señor, caminemos juntos! Meditación del Vía Crucis (primera entrega)

¡Vamos Señor, caminemos juntos! Meditación del Vía Crucis (primera entrega)

Cuando nos preparamos para rezar el Vía Crucis, especialmente en Cuaresma, nos preparamos para meditar el camino a la cruz del Señor Jesús.

Un camino que luego de su muerte, cuenta la tradición, siguieron su Madre y sus discípulos como una práctica piadosa en memoria del sacrificio de amor de Nuestro Señor.

Los viernes de Cuaresma a través del Vía Crucis, los cristianos acompañamos los pasos de Cristo rumbo al Calvario, con el corazón conmovido, esta oración es un gran recuerdo para cada uno de nosotros.

Pero hay un punto que a veces solemos perder de vista. Jesús vino al mundo y se hizo hombre para vivir con nosotros el dolor y lo temporal de la carne.

Su camino, lleno de caídas y de dolor es un recuerdo de lo que es el camino del ser humano. Un camino actual y que recorremos día tras día.

Jesús como único camino

Desde el momento de la caída inicial (y motivo de la misma), los hombres nos hemos empecinado en definir nosotros mismos el significado del bien y del mal.

Elegimos ser autorreferentes, nuestros propios dioses, en lugar de seguir el camino del Creador. Las consecuencias han sido y siguen siendo (porque repetimos la historia una y otra vez) la desdicha y la destrucción.

En este año tan particular para la humanidad, queremos meditar juntos el camino de la cruz recordando que es como nuestra propia historia. Sí, la tuya y la mía, la que vivimos a diario.

Durante los viernes de Cuaresma estaremos meditando cada una de las 14 estaciones del Via Crucis. Aquí te dejamos la primera entrega que comprende las tres primeras estaciones.

Si aún no sabes cómo rezar el vía Crucis, aquí te lo explicamos paso a paso. ¡Empecemos!

1.Primera Estación —Jesús es sentenciado a muerte

Desde el momento en que nacemos estamos sentenciados a muerte. No hay verdad más clara que esta. Qué difícil ver o reconocer esta sentencia en un recién nacido. Tanta ternura, toda una vida por delante. La inocencia de su rostro, ¿cómo algo tan tierno puede tener un destino tan duro?

Jesús mío, ¡qué difícil es aceptar el destino de la muerte! Qué duro es tener que renunciar a una vida que queremos para siempre. Dios mío el miedo es grande, necesito de tu fortaleza.

Ya no soy aquel pequeño niño, he pecado mucho. Me he resistido a seguir tus mandatos, esos que solo quieren mi bien, pero mi carne es tan débil.

Que esta vida mía no sea una vida muerta, que mientras recorro este camino, mi vida esté llena de ti. Que este cuerpo frágil y temporal esté siempre fortalecido por tu espíritu.

Sentenciado a muerte camino junto a ti, tu eres mi fortaleza, acepta mi compañía, no quiero estar solo. ¿Dónde están todos los que me acompañaban? Frente a la muerte vamos solos, pero yo quiero ir contigo.

Quiero enfrentarme a ese juicio, que aún me parece lejano, de tu mano. Vamos Señor, caminemos juntos.

2. Segunda Estación —Jesús con la cruz a cuestas

Mi vida es hermosa Señor, es tan bueno estar vivo, contemplar tu creación, los amaneceres lentos y los atardeceres que pintan todo de naranja.

Tanto por hacer, estar vivo es un mundo de posibilidades. Tantos caminos por seguir. ¡Cómo quiero vivir intensamente! Recorrer el mundo, descubrir cada rincón y vivir las más grandes aventuras.

El mundo me ofrece tantas cosas, Señor. Suelo olvidarme de ti, sobre todo cuando no tengo dificultades y todo parece ir tan bien. Discúlpame, Señor, no quiero cargar la cruz.

Tú que me lo has dado todo, lo sé. Pero, Señor, ¿por qué tiene que ser tan difícil?, ¿por qué una cruz?

Tu amor es tan grande que, aunque yo te abandone, Tú cargas la cruz por mi, siempre fuiste Tú. Mis dolores, los conoces. Mis debilidades, las conoces. Mis tantas miserias, Tú conoces todo de mí, Señor.

Ayuda a este pobre corazón a volver a ti. Y mientras me caigo, tu cruz me levanta. Vamos Señor, cargo mi cruz, caminemos Juntos.

3. Tercera Estación —Jesús cae por primera vez

Te he abandonado, Señor. Una vez más, y Tú has caído adolorido por el peso de mis pecados. Si solo entendiera que al abandonarte soy yo el que cae, Señor.

El mundo, el mundo tiene la culpa. Hay tantas cosas que me distraen, que me gustan tanto. No puedo rechazarlas, son más fuertes que yo. No quiero la cruz, Señor y te he abandonado.

Me pesa el abandono, pero me pesa más aún la soledad de mi vida sin ti. Nada tiene sentido, estos atardeceres anaranjados me recuerdan a ti. Te necesito en mi vida, Señor. ¿Cómo puedo volver si te he abandonado? No merezco ya nada de ti.

Nada ha salido como quería, Señor. Me pesa el dolor que llevo dentro, me pesan las injusticias de este mundo. Yo también he sido injusto, Señor. El único justo eres Tú, déjame volver a tu lado, ayúdame a levantarme. La cruz pesa. Vamos, Señor. Caminemos Juntos.

Esperamos que estas reflexiones del Vía Crucis te hayan gustado y puedas compartirlas con tus familiares o amigos. Te dejamos algunos recursos que pueden servirte ¡Nos vemos el otro viernes!

Ebook gratuito: «40 días con Jesús»

Infografía: El Vía Crucis y mi vida

Video: El Vía Crucis en el Coliseo, una antigua tradición

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