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Algunos autores, entre ellos el documento Tomasino, sostienen que en la iglesia griega jamás se conocieron los acólitos. es un ministerio de la Iglesia católica y la Iglesia anglicana, cuyo oficio es ayudar al diácono cuidando del servicio en el altar y ayudando al presbítero durante las celebraciones litúrgicas, especialmente la misa.

La persona que sirve (ayuda) la misa es designada con diferentes términos sinónimos como “acólito”, “ministro”, “monaguillo” u otros.

Aunque lo habitual es que los acólitos sean aspirantes a las órdenes clericales, los laicos también pueden ejercer el ministerio. Es importante diferenciar, de todos modos, entre el acólito (que es instituido) y el monaguillo (cualquier católico que haya recibido la primera comunión y que desee colaborar con el sacerdote).

Los acólitos pueden instruir a los monaguillos y, en situaciones especiales, dar la comunión si hay una gran cantidad de comulgantes o si el ministro está ausente.

Ministerios Laicales: Lectorado y Acolitado.

Tanto el acólito instituido como los ministros laicos (que pueden ser jóvenes o niños a los que se les puede llamar monaguillos) serán llamados servidores del altar.

Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, sin la cual, carecen de valor legal.

En el Capítulo II sobre la “participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía”, se establece que:

La participación de los fieles laicos en la celebración de la Eucaristía, y en los otros ritos de la Iglesia, no puede equivaler a una mera presencia, más o menos pasiva, sino que se debe valorar como un verdadero ejercicio de la fe y la dignidad bautismal.

Se debe recordar que la fuerza de la acción litúrgica no está en el cambio frecuente de los ritos, sino, verdaderamente, en profundizar en la palabra de Dios y en el misterio que se celebra.

Sin embargo, no se deduce necesariamente que todos deban realizar otras cosas, en sentido material, además de los gestos y posturas corporales, como si cada uno tuviera que asumir, necesariamente, una tarea litúrgica específica; aunque conviene que se distribuyan y realicen entre varios las tareas o las diversas partes de una misma tarea.

Se alienta la participación de lectores y acólitos que estén debidamente preparados y sean recomendable por su vida cristiana, fe, costumbres y fidelidad hacia el Magisterio de la Iglesia.

Se alienta la presencia de niños o jóvenes monaguillos que realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas.

El acólito (del griego ἀκόλουθος akolouthos, «el que sigue» o «el que acompaña») es un ministerio de la Iglesia católica y la Iglesia anglicana, cuyo oficio es ayudar al diácono cuidando del servicio en el altar y ayudando al presbítero durante las celebraciones litúrgicas, especialmente la misa.

Dado en Roma, cerca de San Pedro, el 15 de agosto, en la solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, del año 1972, décimo de nuestro Pontificado.

PABLO VI

CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO

MINISTERIA QUAEDAM(acolitado en el altar)

La persona que sirve (ayuda) la misa es designada con diferentes términos sinónimos como “acólito”, “ministro”, “monaguillo” u otros.

Aunque lo habitual es que los acólitos sean aspirantes a las órdenes clericales, los laicos también pueden ejercer el ministerio. Es importante diferenciar, de todos modos, entre el acólito (que es instituido) y el monaguillo (cualquier católico que haya recibido la primera comunión y que desee colaborar con el sacerdote).

Los acólitos pueden instruir a los monaguillos y, en situaciones especiales, dar la comunión si hay una gran cantidad de comulgantes o si el ministro está ausente.

Ministerios Laicales: Lectorado y Acolitado.

Tanto el acólito instituido como los ministros laicos (que pueden ser jóvenes o niños a los que se les puede llamar monaguillos) serán llamados servidores del altar.

En conclusión, desde el CVII, el salón de la justicia de súper héroes, por invención de una falsa ayuda al altar y al sacerdote, estos súper hombres, con supuestos poderes que les dió la masonería eclesiástica para poder tocar y estar en suelo santo dentro del altar, se ha convertido la santa misa en un circo de animales amaestrados, zombies son razón, y todo tipo de expesimen raro donde el súper hombre, salido del salón de la justicia de súper héroes, les dan luz verde y donde el laico y fiel ciego y sin discernir, acepta sin discernir.

No niego que hace falta la ayuda en lo que respecta a la iglesia, a la santa misa, pero nunca estaré desacuerdo aunque lo digan documentos ya amañados por la masonería eclesiástica, que gente externa, suban al altar, sirviendo al altar, sin estar consagrados y tristemente los ministros extraordinarios, diaconado permanente y acolitado surgieron después del CVII.

El sacramento del orden sacerdotal consiste en la consagración al ministerio del servicio a la Iglesia y a Dios. Esto le exige dedicación plena y libre disposición a Dios.

El sacramento de la orden concede la autoridad para ejercer funciones y ministerios eclesiásticos que se refieren al culto de Dios y a la salvación de las almas. Está dividido en tres grados:

El Episcopado: Confiere la plenitud de la orden y torna el candidato legítimo sucesor de los apóstoles y le son confiados los oficios de enseñar, santificar y regir.

El Presbiterado: Configura el candidato al Cristo sacerdote y buen pastor. Es capaz de actuar en nombre de Cristo cabeza y administrar el culto divino.

El Diaconado: Confiere al candidato la orden para el servicio en la Iglesia, a través del culto divino, de la predicación, de la orientación y sobre todo, de la caridad.

Obispos, presbíteros(sacerdotes) y ministros(diáconos temporales).

El diaconado, el presbiterado y el episcopado son grados sacramentales del Orden. No son tres sacramentos distintos, sino que los tres constituyen un único sacramento, el del Orden sacerdotal.

“la ordenación de hombres casados, incluso si fueran diáconos permanentes, no es una excepción, sino una violación, una herida en la coherencia del sacerdocio”.......Cardenal Robert Sarah.

Números 3, 10 "A Aarón y a sus hijos los alistarás para que se encarguen de sus
funciones sacerdotales. El laico que se acerque, será muerto."

Éxodo 20, 26 " Tampoco subirás por gradas a mi altar, para que no se descubra tu
desnudez sobre él."

Ezequiel 22, 26“sus sacerdotes han violado mi ley y profanado mis cosas sagradas; no han hecho diferencia entre lo sagrado y lo profano, ni han enseñado a distinguir entre lo puro y lo impuro".

Éxodo 3, 5 "Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.»"

No dudo de sus buenos sentimientos al subir al altar, pero el verdadero culto a Dios no se trata de ser buenas personas, es cuestión de obediencia al culto santo que quiere Dios, gente consagrada por el sacramento del orden sacerdotal sano, no por la invención de un falso culto, lamentablemente la misa tradicional, también arropó está idea de que el acólito o monaguillo, niños laicos, suban al altar y estén en el lugar santo, donde solo las personas consagradas deben de estar.

Los ministerios laicales dentro de la santa misa, dándole una fuerza mayor al laico, minimizando lo sagrado.

Lectores y acolitado, que junto a los ministros extraordinarios y diaconado permanente, le quitan lo sagrado al verdadero culto a Dios y volviendo a la santa misa una misa protestante, llena de laicos, aunque traten de sobreponerme ministerios sacados de la manga.

Los lectores deben ir fuera del presbiterio, los acolitos y monaguillos, pueden ayudar fuera del presbiterio, en las misas antiguas, antes del CVII, los lectores leían la palabra fuera y por lo general eran los mismos sacerdotes, solo los consagrados estaban en el presbiterio, ahora ya todo mundo quiere ayudar en el altar, tocar lo sagrado, subir hasta el altar, lugar que solo debe estar el santo sacerdote.

San Esteban fue un diácono de la Iglesia de Jerusalén y mártir del cristianismo, San Esteban era uno de los hombres de confianza de los apóstoles, nacido en el año 5 DC., En tiempos de San Pablo, cuando se llamaba Saulo de tardo.

San Tarcisio es venerado como patrono de los acólitos y monaguillos, San Tarcisio, murió 257-58 DC., Mártir, de estos 2 casos se toman la masonería eclesiástica para dar de ejemplos, para justificar a los diáconos permanentes y a los monaguillos y acolitos, laicos que ayudaban fuera y dentro de la iglesia y eran ejemplos a seguir, pero no basta ser así para subirse al altar, caminar por el altar y estar en un lugar sagrado, donde solo los consagrados deben de estar.

Claro que la iglesia primitiva desde sus comienzos, había gente, laicos que ayudaban, se estaba formando apenas la jerarquía de la iglesia, se tenían que poner normas, estatutos y poco a poco fue creciendo en todos los aspectos y más que nada al culto hacia Dios, pero la masonería eclesiástica introdujo todo este poder laico, para mininizar lo sagrado.