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SI VIVIMOS COMO SI NO TUVIÉRAMOS FE, TERMINAMOS POR PERDER LA FE. Mateo 25, 1-13 El Evangelio de este domingo lo llaman así “Las Vírgenes necias”, son personas que deben acudir a una fiesta …More
SI VIVIMOS COMO SI NO TUVIÉRAMOS FE, TERMINAMOS POR PERDER LA FE.

Mateo 25, 1-13

El Evangelio de este domingo lo llaman así “Las Vírgenes necias”, son personas que deben acudir a una fiesta y entonces deben llevar sus lámparas encendidas, cinco prudentes llevan aceite para sus lámparas y las otras no lo previenen, entonces llega la media noche pero escasea el aceite, salen a comprar, mientras tanto entra el festejado y cuando llegan a tocar porque la puerta se ha cerrado, entonces le responden que no les conocen.

Es una parábola de esas muy oriental que nos da dificultad entenderla, lo que nos da dificultad entenderla, lo que importa es la enseñanza, entonces nosotros tenemos la fe, la esperanza y la caridad como dones especiales que nos han dado ara mantener encendida, digamos asi, nuestra relación vital con Dios, esa fe que recibimos en el Bautismo, entonces tenemos que cultivarnos, fomentarla, la fe se aumenta porque uno puede conocer más a Dios, escuchando su Palabra, meditándole, o como hacía María, guardándole en su corazón, cumpliéndola, la fe nos lleva a un conocimiento mayor de Dios, pero a su vez ese conocimiento mayor de Dios nos aumenta la fe.

Por otra parte muy importante, ponerla en práctica, “Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios y la practican”, dice Jesucristo. Cuando nosotros no la practicamos, vivimos como si no tuviéramos fe, terminamos por perder la fe, también otro don maravilloso del Espíritu Santo para nosotros es el amor, dice San Pablo "El amor de Dios ha sido infundido en nosotros, el Espíritu Santo que se nos ha dado", y mirando el amor humano, dos personas que se aman tienen que cultivar el amor, fomentarlo, por el diálogo y las muestras de afecto, por esa donación auténtica de sí mismos, “Obras son amores y no buenas razones”, en relación con Dios este amor entonces se fomenta en la oración, en la participación en la liturgia y luego por poder vivir plenamente la fe y el amor, tenemos la Eucaristía, el Pan de la Palabra para alimentar aumentar la fe, el Pan de la Eucaristía para beneficiarse del sacrificio del Señor y sobre todo para recibirlo en comunión amorosa para que Él quede en nuestro corazón, esta fe y este amor nos hacen vivir en la esperanza con la certeza de que ciertamente la puerta estará abierta para nosotros.

Que Dios los Bendiga.


Mons. Hernán Giraldo Jaramillo
Obispo de la Diócesis de Buga