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¿Por qué la moral sexual podría ser más importante de lo que creías?

¿Por qué la moral sexual podría ser más importante de lo que creías?

Por INFOVATICANA | 18 enero, 2020

(KirkDurston)- Una tarde de invierno, estaba disfrutando de un rato en compañía de media docena de estudiantes de filosofía. Discutíamos acerca de las leyes y las penas que conllevaba el no cumplirlas. Tras un rato de discusión, aproximadamente una hora, se me ocurrió que, tal vez, algunas leyes morales coartasen el placer y el disfrute inmediato, pero que, a largo plazo, minimizasen el sufrimiento y maximizasen el sentido de plenitud humana.

Hace unos días, terminé de releer Sex and Culture por segunda vez. Es un libro extraordinario, que recoge los resultados de toda una vida de investigaciones llevadas a cabo por el antropólogo social de Oxford, J.D. Unwin [1]. El libro, de más de seiscientas páginas, no es más que, en palabras del propio Unwin, un “sumario” de su investigación – se necesitarían unos siete volúmenes para poder plasmarlo todo [2]. Sus escritos sugieren que es un racionalista que cree que la ciencia es la única herramienta de explicación (parece ser que no era un hombre religioso). Cuando me sumergí en su investigación, no pude evitar recordar lo que pensaba cuando era estudiante de filosofía: algunas leyes morales podrían haber sido diseñadas para minimizar el sufrimiento humano y maximizar el desarrollo del individuo a largo plazo.

Unwin examina los datos obtenidos de 86 sociedades y civilizaciones distintas para comprobar si existe relación entre libertad sexual y desarrollo de las culturas. Lo que hace que el libro resulte especialmente esclarecedor es que nosotros, en Occidente, tuvimos una revolución sexual a finales de los 60, en los 70 y los 80, y ahora nos encontramos en la situación de poder revisar las conclusiones a las que él llegó hace más de cuarenta años

Las categorías culturales de Unwin

Unwin describe cuatro grandes “modelos de cultura humana” y distintos grados de desarrollo, en función de su arte, arquitectura, ingeniería, literatura, agricultura y demás. El criterio principal para clasificarlos era cómo se relacionaban con el mundo natural y las distintas fuerzas de la naturaleza [3].

1 . Zoísta: completamente centrado en la vida cotidiana, en sus necesidades y deseos, sin ningún interés por comprender la naturaleza. Se describe como “cultura muerta” o “cultura inerte”.

2. Monista: adquiere creencias supersticiosas y/o un trato especial de los muertos para hacer frente al mundo natural.

3. Deísta: atribuye las fuerzas de la naturaleza a un dios o grupo de dioses.

4. Racionalista: se sirve del pensamiento racional para comprender el mundo natural y tomar decisiones diarias.

Grados de restricción sexual según Unwin

Los grados de restricción sexual se dividen en dos categorías principales – prenupcial y post-nupcial [4].

Las categorías prenupciales son:

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1. Libertad sexual total – no hay ningún tipo de restricción prenupcial.

2. Restricción ocasional o irregular – la norma social exigiría ciertos periodos de abstinencia.

3. Castidad estricta – consiste en permanecer virgen hasta el matrimonio.

Las categorías post-nupciales son [5]:

1. Monogamia modificada – sólo un matrimonio a la vez; ambas partes pueden darlo por terminado.

2. Poligamia modificada – los hombres pueden tener más de una mujer, y la esposa es libre de abandonar a su marido.

3. Monogamia absoluta – sólo se permite un cónyuge en la vida (o hasta la muerte, según algunas culturas).

4. Poligamia absoluta – los hombres pueden tener más de una esposa, pero las mujeres deben “limitar su sexualidad [su actividad sexual] a su marido por el resto de sus vidas”.

¿Qué encontró Unwin?

He preparado una selección de citas de su libro que resume sus hallazgos y que ocupa unas 26 páginas. No obstante, aún con eso, no seríamos capaces de apreciar el rigor de sus investigaciones y los reveladores detalles provenientes de las 86 culturas que forman parte del estudio. He aquí algunos de sus hallazgos más significativos:

1. Efectos de la restricción sexual: los altos grados de restricción sexual, ya sea prenupcial o post-nupcial, siempre conducen a un florecimiento cultural. Inversamente, la libertad sexual conduce al colapso de la cultura en el plazo de tres generaciones.

2. El factor único más influyente: sorprendentemente, los datos revelaron que el único factor que guarda una importante correlación directa con el desarrollo cultural es la existencia o no de castidad prenupcial. En ambos casos, el efecto es muy significativo.

3. Alto desarrollo cultural: la combinación más potente era la formada por castidad prenupcial y monogamia absoluta. Las culturas racionalistas que mantuvieron esta combinación por el plazo de, al menos, tres generaciones, eran claramente superiores al resto en todo, incluyendo literatura, arte, ciencia, arquitectura, ingeniería y agricultura. Sólo tres de las ochenta y seis culturas estudiadas lograron ese nivel de desarrollo.

4. Efectos adversos del abandono de la castidad prenupcial: Cuando la castidad prenupcial no era la norma, también desaparecían, en el plazo de tres generaciones, la monogamia absoluta, el deísmo y el pensamiento racional.

5. Libertad sexual total: si una cultura acepta la libertad sexual total, dicha cultura colapsa en el plazo de tres generaciones, llegando a su nivel más bajo de desarrollo – lo que Unwin define como “inerte” y un “nivel de concepción mortal”, que se caracteriza por gente que tiene escaso interés por nada que no sea sus propias necesidades y deseos. En este nivel, la cultura es conquistada o sucumbe ante otra cultura invasora con mayor energía social.

6. Lapso temporal: si hay un cambio en las restricciones sexuales, sea desde un punto de vista restrictivo como permisivo, sus efectos no serán visibles hasta la tercera generación. [Nota: he añadido un nota al final de este artículo; véase n. 13].

¿Qué aplicación tiene esto en nuestra cultura actual?

Unwin publicó sus hallazgos en 1963, antes de que la revolución sexual tuviese lugar en Occidente. Ahora tenemos la oportunidad de poner a prueba sus conclusiones comprobando si nuestra cultura sigue el patrón que él predijo. La “generación” de Unwin tenía aproximadamente 33 años, por lo que habría que esperar unos cien años para poder notar todos los efectos. No obstante, el proceso está muy avanzado por lo que ya podemos observar algunos de los efectos predichos.

Antes de la revolución sexual, que comenzó en los años sesenta, la cultura occidental observaba con celo la castidad prenupcial. Pero, a principios de los setenta, el sexo prematrimonial se volvió progresivamente aceptable. En los primeros años del siglo XXI, la mayoría de adolescentes eran sexualmente activos, hasta el punto que la virginidad prematrimonial resultaba algo extraño, si no ridículo. Al mismo tiempo, nuestra cultura caminó desde la monogamia absoluta hacia la monogamia modificada.

Las predicciones de Unwin sobre nuestra cultura

Gracias a las generaciones racionales que la precedieron, la primera generación de una sociedad que decide abandonar sus restricciones sexuales puede disfrutar de su recién adquirida libertad antes de que se manifieste el declive cultural. No obstante, los datos nos muestran que esta fase de “tener una tarta y comérsela” dura, como máximo, una generación, antes de que se ponga en marcha su declive. Unwin escribió:

La historia de estas sociedades consiste en una serie de monótonas repeticiones; y resulta difícil decidir qué aspecto es más importante: la lamentable falta de pensamiento original que, en cada caso, muestran los reformistas, o la sorprendente rapidez con la que, tras un estricto periodo de continencia (restricción sexual), el organismo humano se sirve de la primera oportunidad que tiene para satisfacer sus deseos innatos, de una forma directa o pervertida. A veces, se ha oído a hombres decir que les gustaría disfrutar de las ventajas de una cultura floreciente y, al mismo tiempo, abolir las restricciones sexuales. Sin embargo, la naturaleza inherente al ser humano parece sugerir que estos deseos son incompatibles, incluso contradictorios. Los reformistas podrían compararse a ese niño tonto que desea conservar su tarta y, a la vez, comérsela. Toda sociedad humana es libre de elegir si desea tener una gran energía o disfrutar de su libertad sexual; lo que es evidente, es que no puede disfrutar de ambas durante más de una generación [6].

Echando un vistazo a nuestra sociedad contemporánea, tras la revolución sexual, podríamos decir que esta fase de “tener la tarta y comérsela” ha durado hasta principios de los años 2000. Ahora estamos en ese punto en que podremos desmentir o verificar las predicciones de Unwin.

Unwin descubrió que cuando se abandona la castidad prenupcial, la monogamia absoluta, el deísmo y el pensamiento racional tienden a desaparecer en tres generaciones desde la introducción del cambio en la libertad sexual. Así pues, ¿qué sucederá ahora que entramos en la segunda generación desde la revolución sexual que tuvo lugar en el siglo XX?

1. Como se predijo, la monogamia absoluta se ha reemplazado por la monogamia modificada. Las parejas de hecho se han convertido en la norma. A pesar de que el divorcio es anterior a los años 70, la corriente dominante de nuestra cultura seguía manteniendo el punto de vista según el cual el matrimonio era para toda la vida, y se veía a las parejas de hecho con cierto desagrado. Esto, claramente, ha cambiado. Quienes están comprometidos con proyectos matrimoniales para toda la vida son una minoría, siendo habitual que quienes formen estas parejas sean personas nacidas antes de la revolución sexual.

2. El deísmo está en declive, tal y como se predijo. Antes de 1960, el racionalismo, combinado con creencias religiosas, era lo más habitual en la cultura occidental. No sólo ha habido una disminución del porcentaje de creyentes a partir de los años 60, sino que se ha intentado eliminar el concepto de “Dios” de los ambientes gubernamentales, escolares y públicos. Los que creen en Dios son presionados para que mantengan sus creencias en privado. En su lugar, está teniendo lugar un sorprendente florecimiento de las supersticiones [7], clasificadas por Unwin como “cultura monista”, que es dos niveles inferior a la “cultura racionalista” que teníamos antes de la revolución sexual. También ha habido un incremento en el porcentaje de gente que se identifica como no religiosa, síntoma del nivel ínfimo de los definidos por Unwin, el nivel “zoísta” [8].

3. Después de 1970, el pensamiento racional ha sufrido un declive asombroso. En su lugar, se ha instalado el posmodernismo, caracterizado por “el escepticismo, la subjetividad y el relativismo” y “una sospecha generalizada de la razón” [9]. Pero se pone peor. El posmodernismo está dando lugar a la posverdad. En oposición directa con el pensamiento racional, la cultura de la posverdad abandona “los estándares comunes y objetivos de la verdad” y, en su lugar, revaloriza los sentimientos y emociones que uno cree como verdaderos [10]. Ahora la gente puede “identificarse” como algo que contradice la naturaleza y la razón y, en muchos casos, recibirán el apoyo de los gobiernos y del sistema educativo. No sólo es que la gente tenga derecho a creer en lo que quiera, sino que cualquier desafío a esa creencia, aunque esté refrendada por la ciencia y la lógica, es inaceptable y ofensiva. He aquí una cita de Unwin que resulta muy adecuada en relación a las dos últimas décadas de la revolución sexual:

Si me pidiesen definir a un sofista, lo describiría como un hombre cuyas conclusiones no se extraen de sus premisas. El sofismo solo pueden apreciarlo aquellos cuya entropía humana está desapareciendo; lo confunden con un razonamiento sólido. Florece en aquellos que han conseguido su libertad sexual tras un periodo de intensa continencia obligatoria [11].

Resumen de la hoja de ruta de nuestra cultura, según las investigaciones de Unwin

En la primera mitad del siglo XX, la cultura occidental era racionalista y experimentó grandes avances tecnológicos – desde la era antes del automóvil a los coches; de los globos aerostáticos a los aviones supersónicos y las naves espaciales; de las reglas de cálculo a los ordenadores. Las tres predicciones fundamentales de Unwin – el abandono del racionalismo, el deísmo y la monogamia absoluta – están cumpliéndose, lo que hace factible que tenga lugar su predicción última: el colapso de la civilización occidental en su tercera generación, en algún momento a lo largo de este siglo.

¿Podría nuestra cultura ser la excepción?

Supongo que podríamos albergar esa esperanza, aunque siempre existe esa tendencia a creer que “eso no puede pasarnos a nosotros”. Unwin describe esta actitud como “egocentrismo asumible” y “doctrina cómoda” que huye ante la realidad de los datos, que indican lo inexorable de este declive. Es otra forma de decir que “la estupidez está repitiendo las mismas acciones, pero esperando resultados distintos”. Las primeras predicciones se han cumplido con alarmante celeridad.

¿Por qué se da esta correlación tan ajustada e inversa?

El antiguo lema “correlación no implica causalidad”, también podría aplicarse aquí. Unwin señala que no sabe por qué la libertad sexual conlleva el declive cultural y el colapso de la civilización, aunque sugiere que cuando la energía sexual se restringe mediante el celibato o la monogamia, se convierte en energía social productiva.

Tal vez, aunque me cuesta aceptarlo como su causa principal. Un estudio reciente de Mary Eberstad sobre asesinatos en masa, el aumento significativo de los problemas mentales incluyendo la depresión y la explosión de la política identitaria es un “grito primario” debido a la perdida de identidad que antes daba un entorno familiar estable, en una familia con hermanos y un número considerable de primos, tíos y tías que proporcionaban la identidad, esencial para el bienestar de la persona. Eberstadt demuestra y documenta, a través de varios estudios, que la decadencia de la familia ha sido consecuencia directa de la revolución sexual acaecida a finales del siglo XX [12].

Sus investigaciones indican que la libertad sexual contribuyó al declive de la familia, lo que resultó en una pérdida de la identidad familiar y origina lo que Eberstadt llama “gritos primarios”– un incremento masivo de las enfermedades mentales, asesinatos en masa y el auge de grupos extremistas y violentos, en lucha entre ellos. Todos síntomas de una sociedad en clara decadencia. Esto parece tener más sentido que la explicación psicológica de Unwin, aunque ambas teorías tienen mucho en común, según los datos aportados por Eberstadt.

Tanto Unwin como Eberstadt demuestran que una revolución sexual, a largo plazo, tiene efectos devastadores sobre la cultura y la civilización. Como dijo Unwin: “La historia de estas sociedades consiste en una serie de monótonas repeticiones”, y parece que nuestra civilización sigue el mismo camino trillado y se dirige al colapso.

Vuelta al pensamiento filosófico

Volvamos a aquella tarde en el seminario de filosofía, cuando se me ocurrió que algunas leyes morales parecen limitar el placer humano a corto plazo, pero previenen un sufrimiento mayor o maximizan la felicidad y la plenitud a largo plazo. Durante años he pensado que, tal vez, las leyes de Dios no sean simples normas arbitrarias impuestas para coartar la libertad del hombre y que, por el contrario, son instrucciones para que el ser humano no sufra y, al mismo tiempo, se desarrolle en plenitud. Las investigaciones de Unwin y Eberstadt otorgan una importante justificación racional a las leyes impuestas por Dios en materia de sexualidad, a pesar de que estas normas puedan frenarnos de un placer inmediato, protegiéndonos de sufrimientos a largo plazo a la vez que maximizan nuestro desarrollo a largo plazo.

1. Se puede descargar una versión en pdf. de Sex and Culture de Unwin archive.org/details/b20442580.

2. He preparado una selección de citas de su libro que ocupa 26 páginas, que pueden proporcionar una comprensión más detallada del libro de Unwin; pero recomiendo al lector que, como mínimo, eche un vistazo al libro de Unwin para tener una idea del rigor y el alcance de su investigación, como también de algunos de los muchos ejemplos que los datos proporcionan.

3. Ver sección 7, Unwin, pág. 13, para una mayor comprensión de estos términos.

4. Unwin, pág. 341.

5. Unwin, pág. 342.

6. Unwin, pág. 412.

7. Véase, por ejemplo, Stuart Vyse, ‘Why are millennials turning to astrology?’, Skeptical Inquirer, 2018, y Denyse O’Leary, ‘As traditionalism declines, superstition—not atheism—is the big winner’, Intellectual Takeout, 2018.

8. Nota: Una cultura no religiosa no es necesariamente una cultura atea. Ni niega ni acepta la existencia de Dios o dioses. Más bien, la creencia en dios o en dioses no forma en absoluto parte de su vida, es irrelevante.

9. Britannica, ‘Postmodernism’.

10. Description of Post Truth.

11. Unwin, pág. 413.

12. Mary Eberstadt, Primal Screams: How the sexual revolution created identity politics.

13. Una relajación de las restricciones sexuales no es algo que ocurra en un año, ni siquiera en una década. En nuestro caso, se podría argumentar que la revolución sexual comenzó a finales de los 60, duró a lo largo de los 70 y posiblemente también durante los primeros años de los 80. Según Unwin, en la primera generación sólo ocurren pequeños cambios culturales debido al momentum cultural de la generación anterior, que sigue siendo una fuerte influencia en la generación después de la relajación (o fortalecimiento) de las restricciones sexuales. Los cambios son más prevalentes en la segunda generación, pero no es hasta la tercera generación, después de que la generación inicial haya desaparecido por completo, que los cambios alcanzan su efecto pleno, acelerándose durante la tercera generación. Al final de la tercera generación, los cambios ya se han realizado plenamente y la cultura se estabiliza en este nuevo nivel. Sin embargo, si se estabiliza al nivel más alto, entonces el desarrollo de esa cultura sigue adelante en las generaciones siguientes (aunque Unwin observa que ninguna cultura mantiene ese estatus durante tanto tiempo). Si se ha estabilizado al nivel más bajo, entonces la cultura es destruida desde dentro, o es conquistada o sometida por una cultura más “dinámica”.

Publicado por Kirk Durston en su blog. Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.