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Resilientes, inclusivos, sostenibles y saludables

Resilientes, inclusivos, sostenibles y saludables

Pedro L. Llera, el 16.06.21 a las 10:48 AM

Dice la ministra de educación, Isabel Celaá, que España “suele penalizar los errores” por “tradición", en lugar de “convertirlos en resiliencia".

Según el Diccionario de la RAE, la “resiliencia” es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a las situaciones adversas; o la capacidad de un material de recuperar su estado inicial cuando cesa la perturbación a la que había estado sometido.

Convertir los errores en resiliencia, en el ámbito educativo, consiste, para que usted se entere, en que todos los niños y jóvenes aprueben, aunque no sepan nada de nada; consiste en que nadie debe repetir curso y en que todos los españoles tengan el derecho a una carrera universitaria y dos posgrados, por lo menos. Así empoderamos a nuestros jóvenes para que puedan ser felices disfrutando de una renta básica universal y una solución habitacional. Todos tenemos derecho a un título, a una casa, a un sueldo y a disfrutar de la vida.

¿Y cómo se paga todo eso: cómo se pagan las casas gratis, las carreras gratis y las rentas universales para todos, todas y todes? Para ofrecer una solución a estas necesidades es importante, sobre todo, garantizar que los sistemas alimentarios sean resilientes, inclusivos, sostenibles y capaces de proporcionar dietas saludables y asequibles para todos. En esta perspectiva, es beneficioso el desarrollo de una economía circular, que garantice recursos para todos, también para las generaciones venideras y que promueva el uso de energías renovables.

Eso sí: a usted, se lo van a quitar todo. Se van a quedar con todo lo que gane a base de cobrarle impuestos hasta por respirar; incluso medirán la cantidad de gases que expele usted para cobrarle el tributo atmosférico por sus eructos y sus ventosidades. El recibo de la luz va a ser tan prohibitivo gracias a las energías renovables y a los impuestos ecológicos y sostenibles, que no van a poder ustedes ni encender una bombilla (volveremos a las velas o a los candiles, a las fresqueras y a lavar en el río con jabones no contaminantes y sostenibles).

Le van a quitar la herencia de sus padres: será el Estado quien dé herencias a todos de manera equitativa e igualatoria de los desequilibrios de clase: todos seremos pobres pero acabaremos con los ricos fascistas.

Les van a quitar la posibilidad de comer un filete: comer carne no es sostenible porque criar vacas consume mucha agua y los rumiantes emiten gases de efecto invernadero muy perjudiciales para el ecosistema y provocan un cambio climático espantoso que acabará con los pobres osos polares. Así que vamos a comer basura con sabor a carne que no será carne, sino vegetales procesados para que parezcan carne. Pero la reducción del consumo de carne es un objetivo inaplazable. Además, como no va a tener usted un duro, porque va a tener que pagar por exhalar CO2 a la atmósfera, tampoco va a poder permitirse el lujo de comer un chuletón; ni siquiera una vulgar hamburguesa de carne de ternera. La carne será tan cara que solo unos pocos – nuestros amados líderes – la podrán comprar y consumir: ¡los líderes resilientes, inclusivos y sostenibles siempre sacrificándose por nuestro bienestar y nuestra salud!

Tampoco podrán ustedes tener nietos, porque a sus hijos les pondrán impuestos por cada hijo que quieran tener: hay que reducir la población mundial para reducir la huella de carbono que dejamos en la atmósfera solo por vivir. Solo los amados líderes y sus colaboradores más estrechos podrán tener descendencia. Los demás no van a tener dinero para poder pagar la tasa de procreación. El planeta no puede permitirse seis mil millones de habitantes. Tenemos que reducir la población a quinientos millones. Sobramos el noventa por ciento de los seres humanos. El hombre es como un virus que pone en peligro las subsistencia de la Madre Tierra, la Pacha Mama, la casa común. Por eso hay que promover el aborto, la anticoncepción, la esterilización en masa de las mujeres pobres, la eutanasia y cualquier forma de sexualidad al margen de la procreación. Por eso hay que pervertir a los niños desde pequeños. Y hay que penalizar la maternidad y la paternidad como formas de opresión y de esclavitud. Ser madre penaliza a la mujer en su carrera profesional y en su capacidad de disfrutar de la vida. Y ser padre es una forma de fomentar la supervivencia de la opresión del patriarcado falócrata fascista. La familia tradicional debe desaparecer y dejar paso a nuevos modelos de familias modernas diversas, sostenibles y resilientes que lleven una vida saludable y cuiden el planeta reciclando desde una perspectiva de género; pero, eso sí, sin tener hijos…

No va a tener usted nada, porque se lo van a quitar todo. Pero va a ser feliz. Tendrá sexo sin compromisos; si es usted bueno y obediente, comerá alimentos saludables y un dron se los llevará a casa. El Estado les va a empoderar para que, con una perspectiva de género, sea usted capaz de convertir sus fracasos y frustraciones en resilencia.

Y si no es usted suficientemente resiliente, no se preocupe: el Estado le ofrecerá cursos de educación permanente de resiliencia, empoderamiento y sostenibilidad con perspectiva de género, economía circular y alimentación saludable en centros de recreo construidos a tal efecto. A la entrada pondrán un letrero: “La resiliencia le hará libre”. Cuando entren al campo, les quitarán lo poco que le quede y les llevarán con un pico y una pala a alguna cantera para poner a prueba su resilencia y su sostenibilidad. Y cuando acabe de trabajar, tal vez les dejen ducharse con agua reciclada o, quizá con algún producto desinfectante sostenible que fomente la economía circular y no emita gases de efecto invernadero o que ataquen la capa de ozono. La Madre Tierra no puede soportar tanto ser humano que come carne y bebe agua; respira, tira pedos y genera contaminación y cambio climático.

Se morirá usted en campos de reeducación. Pero serán felices, resilientes, sostenibles, inclusivos y con perspectiva de género. Los campos de concentración serán multicolores. A la entrada, le darán abrazos y besos personas y personos de toda orientación sexual y con perspectiva de género inclusiva y sostenible; y en nombre de la sostenibilidad y para cuidar nuestra casa común, le darán matarile entre aplausos y con la banda sonora de John Lenon:

Imagine no possessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
A brotherhood of man
Imagine all the people
Sharing all the world.
(Traducción libre: Imagina que no hay posesiones, que no hay propiedad privada, que no tienes nada. Me pregunto si puedes imaginarlo. Imagina un mundo sin codicia ni hambre. Todos seremos hermanos. Imagina a todas las personas compartiendo todo el planeta; sin fronteras, sin muros; tendiendo puentes y acogiendo a todo emigrante)

Puede que muera pero su muerte tendrá sentido: será un acto de misericordia, de pura compasión y en nombre de la resiliencia, la inclusividad, la sostenibilidad y la salud del Planeta. Un dibujito del arco iris contemplará su sostenibilidad, su resiliencia y su inclusividad con perspectiva de género y bajo el dibujo, un letrero pondrá: “Todo va a salir bien”.

Y antes de morir, le obligarán a arrodillarse ante una imagen de la Pacha Mama sobre un altar inclusivo, sostenible, resiliente y con perspectiva de género.

Cuando escuchen a alguien hablar de resiliencia, sostenibilidad, inclusividad, economía circular o perspectiva de género, pónganse en lo peor; cuando vean a alguien con un pin multicolor en su solapa, échense a temblar.

O nos rebelamos contra estos canallas totalitarios o se nos viene encima una dictadura global que será peor que todos los totalitarismos que tuvimos que sufrir el siglo pasado. Los objetivos del milenio tienen fecha: 2030. Pedro Sánchez puso otra: 2050.

¿Han visto la última subida de la luz? Pues eso es solo el principio.

No tendrán nada pero serán felices. Bienvenidos al nuevo paraíso inclusivo, sostenible y saludable. La resiliencia nos redimirá a todos, todas y todes de nosotros mismos.

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