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Anathema sit Bergoglio - Capítulo 2: El laicismo va en el sentido de la Historia.

El 27 de julio de 2013, durante un discurso dirigido a la clase dirigente de Brasil, Francisco hizo el elogio de la laicidad del Estado y del pluralismo religioso en estos términos:

« Es fundamental la contribución de las grandes tradiciones religiosas, que desempeñan un papel fecundo de fermento en la vida social y de animación de la democracia. La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad, favoreciendo sus expresiones concretas. »

Ahora bien, esto es indiferentismo en estado puro. Francisco valoriza así el pretendido aporte social de todas las « grandes tradiciones religiosas » tanto como la falaz « neutralidad » del Estado respecto a la revelación divina y a la enseñanza de la Iglesia. Para refutar semejantes impiedades, baste con leer someramente cualquier documento magisterial comprendido entre la Revolución de 1789 y el Concilio Vaticano II, en especial Immortale Dei, de León XIII y Quas Primas, de Pío XI. Cito un breve pasaje de la encíclica leonina de 1885:

« Constituido sobre estos principios, es evidente que el Estado tiene el deber de cumplir por medio del culto público las numerosas e importantes obligaciones que lo unen con Dios. La razón natural, que manda a cada hombre dar culto a Dios piadosa y santamente, porque de El dependemos, y porque, habiendo salido de El, a El hemos de volver, impone la misma obligación a la sociedad civil. […] El Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios ha querido que se le venere. Es, por tanto, obligación grave de las autoridades honrar el santo nombre de Dios. Entre sus principales obligaciones deben colocar la obligación de favorecer la religión, defenderla con eficacia, ponerla bajo el amparo de las leyes, no legislar nada que sea contrario a la incolumidad de aquélla. » § 3

Y he aquí otra cita, esta vez de la encíclica por la cual Pío XI instituyó la solemnidad de Cristo Rey en 1925:

« La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes. A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres. » § 33

Para cualquier lector intelectualmente honesto, estos dos breves fragmentos bastan para comprobar no solamente la impostura bergogliana, contenida en sus declaraciones sobre la laicidad, sino, sobre todo, la de la declaración conciliar Dignitatis Humanae, que contradice de manera flagrante la doctrina católica en la materia. Y pensar que es con el fin de aplicar la doctrina novadora de Dignitatis Humanae que el Vaticano reclamó a los Estados que eran aún católicos, como Italia y España, que se avinieran a firmar nuevos concordatos, lo que equivale ni más ni menos que a una demanda formal de apostasía de la religión católica, uno toma conciencia de la gravedad de la crisis actual, de la cual Francisco no es sino el digno heredero y el último de los artífices.

El martes primero de marzo de 2016 Francisco recibió a los Poissons Roses, socialistas franceses que se declaran « de inspiración cristiana ». Veamos lo que les refirió:

« Vuestra laicidad es incompleta. Francia debe volverse un país más laico. Hace falta una sana laicidad [...] Una laicidad sana comprende una apertura a todas las formas de trascendencia, según las diferentes tradiciones religiosas y filosóficas. Además, incluso un ateo puede tener una interioridad. »

También aquí Francisco reivindica toda forma de « espiritualidad », cualquiera sea, al punto incluso de reivindicar la de los ateos, atribuyendo al Estado el rol de garante de esta pretendida « libertad religiosa » que sería una fuente de riquezas para la sociedad. Y dobló la apuesta en mayo, al afirmar, durante una entrevista acordada al tradicional cotidiano católico La Croix, que:

« El Estado debe ser laico. Los Estados confesionales terminan mal. Es algo que va contra la Historia. »

Hay que rendirse a la evidencia, este hombre miente tanto como respira: tres breves frases, tres mentiras groseras. Con él se diría que, cuanto mayor sea la mentira, mejor es. Ante todo, la sociedad políticamente organizada, es decir, el Estado, debe profesar la verdadera religión y conformarse a sus leyes: son la revelación divina y el magisterio eclesiástico quienes nos lo enseñan, como hemos visto antes. Por otra parte, si los Estados católicos han « terminado mal », en el único sentido de que han desaparecido, esto no se debe en absoluto a su catolicismo, sino a los incesantes ataques de sus enemigos, externos e internos. Finalmente, diciendo que « van contra la Historia », Francisco hace profesión de un determinismo histórico filosófica y teológicamente aberrante, ya que niega la libertad del hombre y, sobre todo, la de la Providencia divina, cayendo así en una gnosis panteísta-evolucionista del tipo de las de Georg Hegel y de Pierre Teilhard de Chardin.

Una última cita, tomada de su discurso del 28 de enero de 2016 ante el Comité italiano de bioética:

« Todos conocen la sensibilidad de la Iglesia en las cuestiones éticas, pero tal vez no sea igualmente claro para todos que la Iglesia no reclama ningún espacio privilegiado en este campo; al contrario se siente satisfecha cuando la conciencia cívica, en varios niveles, puede reflexionar, discernir y operar sobre la base de la racionalidad libre y abierta y de los valores fundamentales de la persona y de la sociedad. »

En lo tocante a la cuestión de la laicidad, las cuatro declaraciones citadas prueban que la posición bergogliana, que no es otra que la pregonada por el CVII y sus predecesores conciliares, es radicalmente incompatible con el catolicismo.

Para profundizar el tema:

fsspx.news/es/content/37585

adelantelafe.com/download/le-destronaron/

www.fsspx-sudamerica.org/…/ledestronaron.p…
Miles - Christi
Para mayor información sobre el pontificado de Francisco, se pueden consultar los libros Tres años con Francisco: la impostura bergogliana y Cuatro años con Francisco: la medida está colmada, publicados por Éditions Saint-Remi, en cuatro idiomas (castellano, inglés, francés e italiano): saint-remi.fr/fr/35-livres - www.amazon.fr/Boutique-Kindle-Miles-Christi/s
Miles - Christi