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EL SUEÑO DEL INFIERNO - Los Sueños de Don Bosco 6 (61-70)

Irapuato
La Vida de los Santos 61. Las reglas y los reglamentos. 62. El sueño y los rebaños. 63. El Purgatorio. 64. El sueño del jardín. 65. Saltando sobre la torrente. 66. Las fieras y los jóvenes. 67. La …More
La Vida de los Santos

61. Las reglas y los reglamentos.
62. El sueño y los rebaños.
63. El Purgatorio.
64. El sueño del jardín.
65. Saltando sobre la torrente.
66. Las fieras y los jóvenes.
67. La aparición del monstruo.
68. La muerte, el juicio, el paraíso.
69. El sueño de la vid.
70. Sueño del infierno:
Los cuchillos: y otras armas.
El horrible camino.
Edificio en llamas.
Un joven que cae.
Otros que viajan en el abismo.
Entrando al mismo infierno.
La caverna.
El horno por dentro.
Visión Celestial.
Los gusanos que roen.
La caverna más profunda.

El 3 de mayo de 1868 Don Bosco habló así a todo su alumnado: Ya les conté cómo la noche del 17 de abril un sapo espantoso se me apareció y me amenazó con tragarme si no les contaba los sueños miedosos que había tenido, y una voz fuerte me gritó: “¿Por qué no hablas?”. Voy pues a hablar y a contar lo que vi en sueños.

Acababa de dormirme cuando vi que se acercaba a mi cama el guía de los anteriores sueños, el cual me dijo: – Véngase conmigo. Rápido que no hay tiempo que perder.

Lo seguí y mientras caminábamos le pregunté:- ¿A dónde me va a llevar esta vez? Él me respondió: – Ya lo verá.

Llegamos a una llanura tan grande que no se veía donde terminaba.

Pero era como un desierto. No se veía por allí ninguna persona, ni fuentes, ni plantas verdes. Las pocas plantas que había eran secas y amarillentas.

Después de un largo y triste viaje por aquel desierto llegamos a un camino ancho y fácil. Era como para recordar la frase del Libro Santo: “Ancho es el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que viajan por él”. (Sn. Mateo 7,13).

El camino estaba rodeado de rosas y de lindas flores. Y aquella vía iba descendiendo cuesta debajo de tal modo que yo empecé a descender de una manera tan precipitada que casi no necesitaba ni mover los pies, y la carrera era cada vez más veloz.

Los lazos: De pronto vi que por el camino me seguían más discípulos de ahora y del futuro. Y noté cómo algunos caían por el suelo y eran arrastrados por una fuerza misteriosa hacia un horno ardiente. Entonces pregunté al guía: – ¿Qué es lo que hace caer a esos pobres? Y él me respondió con una frase del Salmo 139.

– Por el camino por el que andan les han tendido un lazo.

Me acerqué y pude ver que los jóvenes pasaban por sobre muchos lazos tendidos a manera de trampas, pero que no se veían casi.

Muchos de ellos al andar quedaban presos por los lazos sin darse cuenta del peligro y luego caían y eran llevados hacia el abismo. Unos quedaban presos por las manos, otros por los pies, algunos por la cabeza y otros por la cintura, e inmediatamente eran lanzados hacia abajo.

Algunos lazos eran casi invisibles y muy delgados pero llevaban también al abismo y pregunté al guía qué significaban y él me explicó: – Es el respeto humano. El miedo a hacer el bien o a evitar el mal, por temor al qué dirán o pensarán los otros.

Pregunté de nuevo al guía por qué los jóvenes eran llevados fuertemente hacia el abismo. Y él me aconsejó: – Asómese, y mire bien.

Me asomé y empecé a tirar de uno de esos lazos, el cual me traía hacia abajo. Tiré con fuerza del lazo y logré sacar del abismo a un espantoso monstruo que infundía espanto, y que mantenía fuertemente agarrada a sus garras la extremidad de la cuerda. Este era el que apenas alguno caía en la trampa lo arrastraba hacia el abismo. Le hice la señal de la cruz para que se alejara y exclamé: – Es el demonio que tiende a mis discípulos estos lazos o trampas para llevarlos a la condenación.

Miré con atención aquellos lazos y vi que cada uno tenía un letrero. Uno decía: “Orgullo”, otro: “Desobediencia”. Un tercero se llamaba: “Envidia” y un cuarto tenía este letrero: “Pecados contra el sexto mandamiento: impureza”. Algunos se llamaban: “Ira, mal genio” o “pereza”.

Me puse a observar cuáles eran los lazos que más gente se llevaban al abismo y noté que eran los de “Impureza”, “Desobediencia” y “Orgullo”.

Vi a unos jóvenes que descendían al abismo a mayor velocidad que los demás y pregunté al guía por qué bajaban más de prisa y me respondió: – Porque son arrastrados por el respeto humano. Temor al qué dirán o pensarán los demás..