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Acedia. Evagrio Póntico (345-399) sostenía que son 8 los pecados capitales e incluía la acedia entre ellos, Y LA DESCRIBIA ASI; “La acedia es la debilidad del alma que irrumpe cuando no se vive …More
Acedia.

Evagrio Póntico (345-399) sostenía que son 8 los pecados capitales e incluía la acedia entre ellos, Y LA DESCRIBIA ASI; “La acedia es la debilidad del alma que irrumpe cuando no se vive según la naturaleza, ni se enfrenta la tentación. Es Antipatía a la “virtud crucificada” Nostalgia por el pecado no cometido. “Malicia, rencor, pusilanimidad, desesperación, indolencia en lo tocante a los mandamientos, divagación de la mente por lo ilícito…” Se reconoce por “La ociosidad, la somnolencia, la indiscreción de la mente, el desasosiego del cuerpo, la inestabilidad, la curiosidad.” Santo Tomás de Aquino la define con precisión como tristeza del bien espiritual; indicando que su efecto propio es el quitar el gusto de la acción sobrenatural. Es una desazón de las cosas espirituales que prueban a veces los fieles e incluso las personas adentradas en los caminos de la perfección; es una flaccidez, que los empuja a abandonar toda actividad de la vida espiritual, a causa de la dificultad de esta vida. Garrigou-Lagrange la definía como “cierto disgusto de las cosas espirituales, que hace que las cumplamos con negligencia, las abreviemos o las omitamos por fútiles razones. La acedia es el principio de la tibieza”. Es “una tristeza o tedio de todas las obras de la vida espiritual, así de la vida activa como de la contemplativa, de donde procede que a todo lo bueno resiste y para todo inhabilita. Sus consecuencias se ilustran claramente por sus efectos o, para usar la denominación de la teología medieval, por sus hijas: 1 La disipación, o sea un vagabundeo ilícito del espíritu, 2 La pusilanimidad, 3 El torpor, 4 El rencor, 5 La malicia, o sea, el odio a los bienes espirituales. 6 la desesperación. 7 la tristeza y pereza espiritual El torpor es avinagramiento de la vida, rencor e insatisfacción Según santo tomas la acedía es “tristeza mundana”, un pecado contra el espíritu Santo. El Catecismo la define así: “La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino” (CIC 2094), debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. `El espíritu está pronto, pero la carne es débil´ (Mateo 26,41)” (CIC 2733) La acedia conlleva consecuencias desastrosas para toda la vida moral y espiritual, se opone directamente a la caridad, pero también a la esperanza, a la fortaleza, a la sabiduría y sobre todo a la religión, a la devoción, al fervor, al amor de Dios y a su gozo. San Gregorio advierte los seis pecados derivados (“las hijas de la tristeza”): malicia, rencor, pusilanimidad, desesperación, indolencia en lo tocante a los mandamientos, divagación de la mente por lo ilícito. Dice Aristóteles: “nadie por largo tiempo puede permanecer con tristeza y sin placer”, por lo que, de la tristeza, nace necesariamente un doble movimiento: huida de lo que entristece y búsqueda de lo que da placer. De este doble movimiento se origina la acedia San Juan de la Cruz: sobre el acedioso, “háceles gran tristeza y repugnancia entrar por el camino estrecho, de la vida”. que ofrece Cristo en Mt 7, 14. La acedia engendra la “pusilanimidad y cobardía de corazón para acometer cosas grandes y arduas empresas”. Lleva al Incumplimiento de los preceptos. Por medio de la ociosidad y somnolencia, ante los deberes o ante los mandamientos divinos, y a la postre la imposibilidad de obrar el deber, fruto de la abulia adquirida. Produce Rencor o amargura. “indignación y odio contra los bienes espirituales”. y Divagación por las cosas prohibidas.