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"Yo, para esto he venido..."

"Yo, para esto he venido..."

José Luis Aberasturi, el 3.09.21 a las 2:13 PM

Son varias las ocasiones en las que Jesús usa esta expresión: Yo, para esto he venido… Expresión que no tiene pérdida: con ella puntualiza el “por qué” y el “para qué” de su Venida y de su Vocación.

En cada una de ellas puntualiza algún aspecto, importante y digno de ser destacado, de su Gran Misión. Por ejemplo, cuando nos revela la finalidad de su Venida: Yo he venido ‘para que tengan vida, y la tengan abundantemente’ (Jn 10, 10). Se sobreentiende: Vida Sobrenatural: su misma Vida. Como hijos suyos, que eso somos por el Bautismo.

En otra ocasión, con estas mismas palabras se referirá a la realidad de su “patearse” de arriba abajo toda Palestina: que a todos llegue su Palabra, la Palabra del Hijo de Dios Vivo: ‘Vamos a otro lugar, a los pueblos vecinos, para que Yo predique también allí’, pues para esto he venido (Mc 1, 38). No iba a dejarnos sin “el Verbo", el que era exactamente “el Verbo".

Pero la ocasión más solemne, por lo que supone de expresión precisa de la TOTALIDAD de su Entrega, voluntaria y generosísima, es cuando, en diálogo con Herodes y en la inminencia de su Condena, nos revela claramente su irrenunciable Misión ante su Padre Dios, y ante todos nosotros: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: ‘para ser testigo de la Verdad’.

Y esa Verdad, no nos engañemos ni nos hagamos los “despistados", es la VERDAD del AMOR que Dios nos tiene. Expresado de un modo brutalmente inequívoco con su CRUENTA OBLACIÓN por TODOS nosotros, en su Pasión y Muerte de Cruz. Verdaderamente nos ha amado hasta el fin. ¡No se ha reservado nada! Y todo en favor nuestro.

Este itinerario de la vida de Cristo se ha de repetir en cada uno de nosotros -“toda la vida de Cristo se repite en cada uno, si queremos”, nos dirá san Josemaría-; y como es lógico y necesario, también ha de repetirse en la vida que encarna la Iglesia: No es mayor el discípulo que el Maestro. Si a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán, vale para cada uno y, por supuesto, para la iglesia entera.

Es el itinerario de la Vida Interior, de la verdadera Intimidad con Cristo, en la lucha personal por Identificarnos con Él.

Volvemos a san Josemaría: “Si quieres ir adelante previniendo tropiezos y extravíos, no tienes más que andar por donde Él anduvo; apoyar tus plantas en la impronta de sus pisadas; has de adentrarte en su Corazón humilde y paciente; has de beber del manantial de sus mandatos y afectos. En una palabra: has de identificarte con Cristo siendo, en verdad, otro Cristo entre tus hermanos los hombres”. Y ese Camino, ineludible para alcanzar la Meta es la Santa Cruz, como nos lo indica el mismo Jesús.

Hoy, nuestra Madre, la Santa Iglesia Católica, vive una auténtica Pasión. Que la conducirá a la Muerte: porque esta Pasión es de Muerte, lleva a la Muerte. Y, finalmente, Resucitará también al Tercer Día. Todo como en la Vida de su Santísimo Fundador, Nuestro Señor Jesucristo.

Por tanto, también la Iglesia ha venido para esto. Todo se repite como en un remake, inusualmente fiel, a la historia original y primigenia.

Sí. A la Iglesia, despojándose sus fautores de toda Piedad, la han azotado, coronado de espinas, se han burlado de Ella, la han escupido, la han presentado al pueblo -¡Ecce Ecclesia!-, la han juzgado inicuamente, la han condenado -aunque no han hallado causa alguna de muerte: era un intento imposible-, la han señalado y repudiado -"¡Crucifícala, crucifícala!"-, y la han entregado a la Muerte. ¡¡¡Los Sumos Sacerdotes!!!

¡Se repite absolutamente TODO! Porque TODO lo que ha pasado y sigue pasando en la Iglesia, TODO, ha venido y viene también de ARRIBA. Nada ha venido de abajo, “del pueblo". Todo ha sido orquestado, consentido, promovido y llevado a cabo desde la “cúpula". Ha pasado lo mismo -calcado- que pasa en la vida civil.

Ahora va ya Camino del Calvario, viviendo y sufriendo su particular y doloroso Vía Crucis. Ha visto los llantos de las Santas Mujeres, ha recibido el consuelo de la Verónica, ha caído reiteradamente -por tres veces, como su Santo Fundador-, ha tenido su propio Cirineo -sin dudarlo: san Juan Pablo II-; su Madre, con Juan -el Resto fiel-, le acompaña paso a paso; pero, qué duda cabe: están ganando los Malos, los hijos del Malo.

Los frutos, desastrosa y horriblemente espectaculares, están bien a la vista: es, una vez más, la abominación de la desolación, relatado en el Libro de Daniel, ¡con los sacrificios paganos hechos presentes en el mismo Templo!

Podríamos poner nombres y apellidos a los malhechores que han urdido todos esos horribles y horrendos crímenes, pues no los hay mayores; incluso aunque no intentásemos agotar la lista. Pero es tarea que me ahorro. El que la quiera hacer, que la haga: no es nada difícil.

Y TODO se ha hecho DESDE DENTRO de la Iglesia. También con Ella se ha cumplido -no podía ser de otra manera-, aquello de: “conviene que un hombre muera, y no que perezca todo el pueblo”. Tal cual: “conviene que la Iglesia muera, y no que perezca el pueblo. Ya nos apañaremos sin Ella: ¡anda que no hay cosas en las que refugiarse, y con las que autoengañarse!”.

Ciertamente, nos hemos tragado la eterna cuestión: ¿qué es la Verdad? ¿Para qué nos sirve, una vez que nos hemos dado a nosotros mismos la MENTIRA como sistema? VERDAD, que no es otra que Dios mismo: no hay más.

Y nos hemos montado la vida personal y la ajena, como si Dios no existiera. Expresión diabólica, que exuda odio y guerra a Dios. Eufemismo, que significa exactamente que “Dios no tiene cabida entre nosotros: ya no hay sitio para Él. Por fin el mundo es nuestro exclusivamente”.

Todo, como sin caer en la cuenta, como sin querer, como sin molestarnos en ver, oír o entender NADA. Porque, en nuestros días, ni siquiera ha hecho falta una falsa EXCUSA: Porque Tú, siendo hombre, te haces Dios, le echarán en cara los sumos sacerdotes.

Una vez asentado el CV II, nos han sobrado hasta las excusas: simplemente, nos hemos soltado de Dios y de la Virgen María, y “nos hemos pasado al enemigo“. Tal cual. Con armas y bagajes. Cual MERCENARIOS, sin Bandera y sin Honor.

Y no será porque el Señor no nos lo haya advertido reiteradamente, ayer igual que hoy: las reiteradas advertencias de la Virgen María se han anulado, cuando no se han declarado falsas ¡por la Autoridad eclesiástica competente! Véase, sin ir más lejos, Garabandal: ¡en la católica España! Sí, la que ha desaparecido como tal.

Pero, a estas alturas, ¿quién hace caso aún al Señor, Dios Nuestro?

Aquí surge la necesidad de la CONCIENCIA, segura en la Fe, FIEL a DIOS, y a nadie más. Lo hará el Resto fiel, que NUNCA falta: es la Alegría y el Consuelo de Dios; aquellos que pudiendo haberle abandonado, le siguen, a precio de Cruz: como su Maestro y Señor.

Pero son los que lucharán y vencerán, porque no se han sometido al Mundo, ni al Demonio ni a la Carne. Ese Resto que no se han echado de bruces en las charcas inmundas, como perros; sino que simplemente han calmado su sed llevando con la mano el agua limpia de la Gracia a su boca.

Acordaos de Gedeón y su victoria contra los filisteos. Ahora el Señor nos pide encarnar a ese Resto fiel. Y luchar, y vencer: ¡Dios guerrea con nosotros!

Por esto -con Él- nos llamaremos VENCEDORES. Y resucitaremos VICTORIOSOS: como Él.

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