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La «gracia santificante»: 10 formas para crecer diariamente en ella y lograr mantenerla

Una ayuda a las almas que ofrece el padre Ed Broom

La «gracia santificante»: 10 formas para crecer diariamente en ella y lograr mantenerla

El estado de gracia santificante es una meta a la que están llamados los cristianos

J.L. / ReL

07 octubre 2020
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Sacramentos de la Iglesia
Oración
Espiritualidad católica

El padre Ed Broom, sacerdote oblato experto en retiros y en evangelización digital, recuerda que en una ocasión Santa Catalina de Siena, doctora de la Iglesia, recibió de Dios el regalo de contemplar un alma en estado de gracia santificante. Encantada y cautivada por la magnífica belleza de esta alma la santa cayó de rodillas lista para adorarla, creyendo que el alma era Dios mismo. Rápidamente Dios le informó a Santa Catalina que esta persona no era Dios, sino simplemente un alma que vivía en esta gracia santificante.

Pero, ¿qué es la gracia santificante? Esta es un don permanente y sobrenatural, es decir, superiores a las posibilidades de la naturaleza, que eleva y perfecciona nuestras almas haciendo que seamos hijos de Dios y herederos del Cielo.

En uno de sus muchos escritos, San Alfonso afirmó lo siguiente relacionado y pertinente a nuestro tema actual: “La gracia de todas las gracias es morir en estado de gracia”. Este debe ser el gran objetivo final de la vida cristiana.

En este artículo publicado en Catholic Exchange, el padre Broom da diez consejos para alcanzar y mantener esta “gracia santificante” que nos acercaría a Dios de la misma manera que le ocurrió a Santa Catalina de Siena:

1. Enemigo mortal número uno: el pecado, mortal y venial

El peor enemigo de nuestra vida espiritual en general es la realidad del pecado. Es tóxico, venenoso, letal y mortal en nuestra búsqueda de vivir y crecer en la gracia santificante. El pecado venial disminuye la gracia de Dios en nuestra alma; el pecado mortal, nuestro peor enemigo, expulsa la gracia de nuestra alma. Pidamos humildemente a Dios la gracia de aborrecer el pecado, ¡todo pecado, pero especialmente el pecado mortal!

2. Oración

Lo que el oxígeno es para los pulmones es la oración para el alma. Es importante poner en valor cómo la gracia fluye al alma a través de la oración, y especialmente a través de María, la llena de gracia. Dicho esto, cualquier oración ofrecida a Dios con humildad, pureza de intención y amor aumenta la gracia en nuestras almas.

3. Penitencia: práctica de sacrificios

Nuestra Señora de Fátima dijo en sus apariciones con tristeza que muchas almas están perdidas por toda la eternidad porque no se ofrecen suficientes oraciones y sacrificios a Dios por la conversión de los pobres pecadores. A los ojos de Dios, aunque sean pequeños, cualquier sacrificio hecho con amor alcanza la gracia y, a veces, incluso la gracia necesaria para la conversión de un pecador, especialmente los pecadores en el lecho de muerte.

4. Caridad

Todos los santos son unánimes sobre la mayor de todas las virtudes: el amor o la caridad sobrenatural. San Pablo expresa esta verdad de manera elocuente en su carta a los Corintios. Intenta adquirir el hábito de esforzarte a diario para poner en práctica al menos una de las obras de misericordia corporales y espirituales. Son siete de cada una. Al practicar actos concretos de amor hacia el prójimo, ¡la gracia aumenta en nuestra alma!

5. Sacramento de la Confesión

La vida sacramental es fundamental para alcanzar la gracia. Si se pierde la gracia de Dios al cometer un pecado mortal no hay que desesperarse sino depositar la confianza en la Misericordia Infinita de Dios. Recuerde las palabras del Salmo: "Dios es lento para la ira, pero rico en misericordia". Y aunque no se caiga en pecado mortal, aún podemos recurrir a la confesión frecuente confesando los pecados veniales y aumentando así la gracia santificante en el alma, utilizando el Sacramento de la Confesión como medicina preventiva y curativa.

6. Docilidad y apertura al Espíritu Santo

Otro medio eficaz para aumentar la gracia es vivir una vida recogida y estar abierto a la presencia de Dios a través de las inspiraciones del Espíritu Santo. Cuanto más humildes, silenciosos, puros y recogidos se llegue a ser, más poderosa será la obra del Espíritu Santo en el alma. Por lo tanto, cuando el Espíritu Santo envía una brisa suave pero insistente, cada vez que se dice Sí un diluvio de gracias desciende al alma.

7. Conviértete en un mendigo ante Dios, tu maestro

Jesús declaró inequívocamente la importancia de la oración de súplica: “Pide y recibirás; busca y encontraras; llama y la puerta se te abrirá”, recoge el Evangelio. Si se ruega humildemente a Dios, así como a la Virgen, para obtener la capacidad de fortalecer la gracia en tu alma sin duda esta solicitud será concedida. De hecho, Dios desea enviar su gracia incluso más de lo que deseamos recibirla.

8. La Santa Misa y la Sagrada Comunión

Sin comparación, el medio más eficaz por el cual podemos crecer en la gracia es la recepción de la Eucaristía de una manera ferviente, humilde, confiada y digna. La razón no podría ser más clara: ¡la Eucaristía es Dios mismo!

9. Haga que se ofrezcan misas para usted y sus intenciones

El padre Brown asegura que en sus bodas de plata sacerdotales su madre le ofreció 25 misas por sus 25 años como sacerdote. “Explosiones de gracia que se dispararon hacia el cielo, un océano infinito de bendiciones y gracias fluyó de cada una de esas misas que se ofrecieron por mí y mis intenciones. Estoy infinitamente agradecida por tal regalo y bendición. ¡Gracias mamá!”, afirma este sacerdote.

10. Nuestra Señora, llena eres de gracia

No hace falta decir que volverse a María, llena de gracia, rezarle frecuente y fervientemente es uno de los medios más eficaces para conservar la gracia santificante en nuestra alma, defenderla, aumentarla y finalmente morir en este estado.