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El principio de no contradicción y el escándalo de los sencillos

El principio de no contradicción y el escándalo de los sencillos

Mª Virginia, el 16.01.20 a las 7:51 AM

Los católicos profesamos la Fe verdadera. Profesar la fe es dar testimonio de lo revelado por Alguien de Quien no dudamos, pues es la Verdad misma Quien se ha hecho Hombre por nuestra salvación. Salvación que no se da sino por la Verdad, como señala Nuestro Señor: “Conoceréis la Verdad y ella os hará libres” (Jn 8, 32).

Relativizar la fe que se profesa es, lisa y llanamente, no profesarla como tal.

Y ello significa que la fe católica no sólo es compatible con la Verdad, sino con los principios que a Ella conducen, y por eso razonamos, por eso existe una filosofía católica, y por eso la teología es una ciencia. Y por eso como bien decía Chesterton, la Iglesia nos pide que al entrar a ella nos saquemos el sombrero, pero no la cabeza. El católico no abjura de la razón, peldaño insuficiente para alcanzar la Verdad sin la Fe, pero no por ello inútil ni despreciable.

Y entre los principios irrenunciables de la razón –y del sentido común- se halla en primer lugar, el de no contradicción, que establece que una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y en el mismo sentido, rechazando de plano todo relativismo, como todo juego acomodaticio que se asemeje al “con este sí, con este no…” de la clásica ronda infantil.

Es paradójico, sin embargo, que los que mejor se burlan de la razón y de la fe de los fieles sean los mismos que se llenan la boca hablando de pastorales, y de lenguajes transparentes aptos para los sencillos…

Pues bien: en términos muy sencillos y comprensibles, Nuestro Señor nos pide que sea nuestro lenguaje “sí-sí, no-no”, advirtiendo que “todo lo demás, procede del Maligno” (Mt.5, 37), esto es, del mismísimo demonio. Con él podrían irse a dar un paseo los que insisten en querer hacer de la doctrina y moral católica una cadena interminable de “ni” o “so”.

Hace pocos días me llegó por whatsapp un breve videíto que recoge la perplejidad de muchos “sencillos” argentinos, que no por ello son “sonzillos” y a quienes no les gusta que los tomen por tales:

- no saben de filosofías y apenas tienen idea de las aberraciones que se cocinan entre el Rin y el Tíber para perdición de muchos, pero algo tienen claro: no les gusta que les tomen el pelo. Saben distinguir un gato de una liebre, y aunque reconocen que los camaleones son muy ecológicos y pintorescos (como la Pachamama…), prefieren un perro fiel.

Esos “pobres y pequeños” saben que Jesucristo no se hizo hombre ni murió en la Cruz para hacer turismo, sino para salvarnos del pecado y de la condenación eterna.

Esos fieles –que aunque pocos, son más de los que parecen- saben también qué es el juego de las escondidas, porque jugaban de niños, pero saben también que es de hombres y de adultos mirar a los ojos y dar la cara, asumiendo la responsabilidad de las propias acciones.

Esos fieles tienen ángeles que velan y abogan por ellos, y un sensus fidei que pese a todos los engaños, los hace seguir buscando la Verdad. En favor de ellos Nuestro Señor se indignó al reprochar a los hipócritas fariseos:

“Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay del que los provoca!” (Lc.17,1)

Muchos católicos argentinos esperan sentados que algún obispillo se decida a excomulgar a los delincuentes que hoy nos gobiernan por implantar en esta patria el genocidio del aborto.

Otros muchos –no podemos negarlo- sufren una confusión sin precedentes al leer noticias como la de la próxima visita del presidente argentino a Roma , entre sonrisas, abrazos y regalos, en que -¡quiera Dios que nos equivoquemos!- la cuestión del aborto probablemente no se tocará para no estropear las fotos. Aica anticipa así la cordiabilísima reunión:

“El encuentro comenzará con un saludo de recibimiento en la denominada sala del Tronetto, en el segundo piso del Palacio, y luego los dos jefes de Estado pasarán a la reunión a solas en la Biblioteca, según la práctica protocolar habitual. Tras la reunión y un saludo formal del Papa a la delegación argentina, Francisco y Fernández harán el tradicional intercambio de regalos.”

Pues que se rían las hienas de este fraterno jolgorio. Mientras tanto, otros simplemente observan el espectáculo y por lo menos piden…un mínimo de decencia, ya que por lo visto, la vergüenza se ha perdido.

Retomando el tema de nuestro post, en buena lógica podemos afirmar que quienes así proceden hace rato han dejado de ser católicos, pero el escándalo sigue, como un incendio, cobrando víctimas fatales.

A quienes arguyan miserablemente que “se hace lo que se puede”, respondemos con nuestro hermano León Bloy:

“(…) Hacer lo que se puede es el refugio, el desahogo y el paraguas de la conciencia. Cuando uno no puede hacer absolutamente nada, hace lo que puede. (…) hace lo que puede aquel que, considerando con prudencia la inutilidad de exponerse a lo que fuere sin tener la evidencia de un provecho personal perfectamente palpable, se esquiva por la tangente y deja a los otros arreglarse como puedan, y hasta se une discretamente al enemigo para conseguir una más decisiva y ventajosa conclusión.
El “hombre honrado” jamás debe comprometerse. Se ha denigrado muy injustamente a Pilatos, que es le prototipo del hombre honrado que hace lo que puede y se lava las manos, como el sacerdote antes del Sacrificio de la Misa… Pilatos fue el gran burgués romano cuando los romanos eran los amos del mundo…” (Exégesis de lugares comunes, I, 176; II, 22)

Pero por supuesto; ¡seguimos implorando por ellos! por su salvación, pero también –lícitamente- para que el Señor abrevie los tiempos, y en favor de los verdaderos pobres y pequeños, los asalariados no sigan pisoteando más la Viña.

No es lícito bajar los brazos. La súplica incesante es Resistencia.
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