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San Pablo El Ermitaño - el 15 de enero

Irapuato
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MargaritaFoundation Primer Ermitaño (229-342) Empezamos hoy la semana de los Padres del yermo, llamada también de los barbudos: San Pablo de Tebas, San Palemón, San Mauro, San Antonio el Grande. …More
MargaritaFoundation Primer Ermitaño
(229-342)


Empezamos hoy la semana de los Padres del yermo, llamada también de los barbudos: San Pablo de Tebas, San Palemón, San Mauro, San Antonio el Grande.

San Pablo es venerado por la Iglesia como modelo de la vida solitaria, por ser el primer ermitaño o anacoreta de quien habla la historia. Nació en la Tebaida, hacia el año 228. Sus padres le dieron una esmerada educación en las ciencias humanas, pero él cada día progresaba más en las divinas. Quedó huérfano muy joven, heredero de los bienes paternos, de los que muy pronto se desprendió totalmente para siempre.

Ante la persecución contra los cristianos decretada por el emperador Decio, huyó al desierto. En principio su idea era estar allí sólo hasta que amainase la persecución. Pero empezó a tomarle gusto al silencio del desierto, a la oración sin estorbos. Perdió el miedo a las fieras que al principio le asustaban. Y se quedó en el desierto, para no salir nunca más. Una pléyade de anacoretas le seguirían, y «el desierto se cubrió de flores».

Se adentró más y más en aquellas soledades. Encontró una cueva como destinada para él por la divina Providencia, y determinó sepultarse en ella para todos los días de su vida, sin otra ocupación que contemplar las verdades eternas y gastar en oración los días y las noches.

Había a la entrada de la cueva una palmera que con sus hojas y dátiles le daba para cubrirse y alimentarse. Más tarde cuenta la tradición que, la divina Providencia, que alimenta las aves del cielo y viste los lirios del campo, dispuso que un cuervo, como al santo profeta Elías, le trajese cada día medio pan, prodigio que duró hasta el día de su muerte.

Tenía Pablo 113 años y llevaba ya 90 en el desierto. Entonces San Antonio, que tenía 90 años y vivía en otro desierto -la región de la Tebaida estaba llena de anacoretas y cenobitas- tuvo el deseo de saber si habría algún otro anacoreta que viviese por aquellos agrestes parajes. Se sintió inspirado por Dios y desafiando las fieras que, según San Jerónimo, le salían al paso, caminó sin parar hasta dar con la cueva de Pablo. Así vencería la tentación de vanagloria al creer que no había en todo el desierto otro más antiguo y santo que él.

Una escena entrañable tuvo lugar entonces. Se abrazaron con ternura los dos ancianos, se saludaron por sus nombres, y pasaron muchas horas en oración y en santas conversaciones. En esto vieron llegar al cuervo con un pan entero en el pico. Admirado Pablo, dijo: «Alabado sea Dios. Hace 60 años que este cuervo me trae medio pan cada día, pero hoy Jesucristo, en tu honor, ha doblado la ración. Demos gracias a Dios por Su bondad.»

Pablo anunció a Antonio -sigue la leyenda dorada- que estaba muy próxima su muerte, y le pidió que le trajese el manto de San Atanasio. Cuando Antonio volvía con el manto, vio subir al cielo el alma de Pablo, llena de esplendor. Llegó a la cueva, lo amortajó con el manto y, con la ayuda de dos leones que abrieron la sepultura, lo enterró. Era el año 342. Antonio se quedó con la túnica de Pablo, que luego vestía en las solemnidades.

San Jerónimo termina su relato comparando a los que tienen fortunas fabulosas con la vida del más perfecto solitario de todos los tiempos. «Vosotros, les dice, lo tenéis todo, él no tenía nada. Pero el cielo se le ha abierto a este pobre, a vosotros, en cambio, se os va a abrir el infierno. Por mi parte, prefiero la túnica de Pablo a la púrpura de los reyes.»

Velázquez inmortalizó con su pincel la figura de Pablo el Tebano.
Irapuato
Santos del Día:

Santa Secundina, virgen y mártir (2 coms.)

En la ciudad de Anagni, en el Lacio, santa Secundina, virgen y mártir.

San Juan Calibita, asceta

En Constantinopla, san Juan Calibita, de quien se cuenta que durante un tiempo vivió en un rincón de la casa paterna, y después en una choza (kalyba) completamente dado a la contemplación, pasando desapercibido incluso ante sus …More
Santos del Día:

Santa Secundina, virgen y mártir (2 coms.)

En la ciudad de Anagni, en el Lacio, santa Secundina, virgen y mártir.

San Juan Calibita, asceta

En Constantinopla, san Juan Calibita, de quien se cuenta que durante un tiempo vivió en un rincón de la casa paterna, y después en una choza (kalyba) completamente dado a la contemplación, pasando desapercibido incluso ante sus propios padres, que después de su muerte sólo le reconocieron por un ejemplar del Evangelio, adornado en oro, que ellos mismos le habían regalado.

* Santa Ita, virgen y fundadora

En el monasterio de Clúain Creedla, en Hibernia, santa Ita, virgen y fundadora de este mismo cenobio.

San Probo de Rieti, obispo

En la ciudad de Rieti, en la Sabina, conmemoración de san Probo, obispo, elogiado por el papa san Gregorio Magno.

San Mauro, abad

En Glanfeuil, junto al río Loire, en el territorio de Anjou, de la Galia, san Mauro, abad.

* Santa Tarsicia, virgen y mártir

En la región de Rodez, también en la Galia, santa Tarsicia, virgen y mártir.

* San Ableberto de Cambrai, obispo

En la aldea de Hamme, en Brabante, san Ableberto o Emeberto, obispo de Cambrai.

* San Malardo de Chartres, obispo

En la ciudad de Chartres, en Neustria, san Malardo, obispo.

* San Romedio, eremita

En Val de Non, en la región de Trento, san Romedio, anacoreta, quien, después de entregar a la Iglesia todos sus bienes, llevó vida penitente en el lugar que aún lleva su nombre.

San Bonito de Clermont, monje y obispo

En Lyon, ciudad de la Galia, muerte de san Bonito, obispo de los arvernios. Era prefecto de Marsella en el momento de ser elevado al episcopado para ocupar el lugar de su hermano, san Avito, pero diez años más tarde renunció a la sede, se retiró al monasterio de Manglieu y, al regreso de una peregrinación a Roma, murió en Lyon.

* San Arsenio de Arno, eremita

En Armo, cerca de Reggio Calabria, san Arsenio, eremita, célebre por su espíritu de oración y por su austeridad.

Beato Pedro de Castelnau, presbítero y mártir

En Saint-Gilles-les-Boucheries, en la región de Provenza, beato Pedro de Castelnau, presbítero y mártir, que, habiendo ingresado en el monasterio cisterciense de Fontfroide, fue encargado por el papa Inocencio III para que anunciara en aquella región la paz e instruyera sobre la verdadera fe, pero murió herido por una lanza de algunos herejes.

Beato Jacobo «Limosnero», religioso

En Città della Pieve, en la Umbría, beato Jacobo, llamado «Limosnero», que se mostró buen abogado de pobres y oprimidos.

Beato Ángel, eremita (2 coms.)

En el territorio de Gualdo Tadino, también en la Umbría, beato Ángel, eremita.

San Francisco Fernández de Capillas, presbítero y mártir (2 coms.)

En la ciudad de Fu'an, en la provincia de Fujián, en China, san Francisco Fernández de Capillas, presbítero de la Orden de Predicadores y mártir, el cual anunció el nombre de Cristo primero en las islas Filipinas y después en Fujián, donde durante la persecución bajo los tártaros fue encarcelado por largo tiempo y finalmente decapitado.

San Arnoldo Janssen, presbítero y fundador

En la aldea de Steyl, en los Países Bajos, san Arnoldo Janssen, presbítero, quien, para difundir la fe en las misiones, fundó la Sociedad del Verbo Divino.

Beatos Valentín Palencia Marquina y cuatro compañeros, mártires

Cerca de Suances, en Cantabria, beatos Valentín Palencia Marquina, presbítero, y Donato Rodríguez García, Germán García Y García, Zacarías Cuesta Campo y Emilio Huidobro Corrales, laicos, de la diócesis de Burgos, mártires en la persecución religiosa desatada en España en época de la Guerra Civil.

Beato Nicolás Gross, mártir

En Berlín, en Alemania, beato Nicolás Gross, padre de familia y mártir, que, dedicado a las cuestiones sociales, se enfrentó con un régimen contrario a la dignidad humana y a la religión. Por no querer actuar en contra de los preceptos de Dios, fue encarcelado y ahorcado, y obtuvo, así, su participación en la victoria de Cristo.