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Mi hijo ya no me quiere en su vida y hasta ahora he sufrido en silencio

Mi hijo ya no me quiere en su vida y hasta ahora he sufrido en silencio

Todos esos años de amor y apoyo incondicional que le di a mi hijo parece que han caído en el olvido.
Por

Malka Austen


Contributor
15/05/2021 08:06am CEST


ROOS KOOLE VIA GETTY IMAGES

Durante mucho tiempo, intenté acostumbrarme a la impensable ausencia de mi hijo en mi vida. Lo llevaba tan en secreto que pensaba que era la única madre del mundo con este problema.

Pero lo cierto es que hay miles de padres y madres unidos por un sentimiento de pérdida que nadie más alcanza a comprender.

Lo descubrí al encontrar un foro de internet en el que otras personas compartían el mismo sentimiento profundo, frío y solitario de desesperación que me embargaba todos los días. Escogí un grupo casi al azar, compartí mi historia y leí la de los otros integrantes. De Mánchester a Melbourne, encontré cierto consuelo en las personas que estaban atravesando la misma situación de pérdida, rabia y sufrimiento profundo que yo.

Los motivos por los que nuestros hijos dejan de dirigirnos la palabra varía mucho. Por los motivos que sean, ya no nos quieren en su vida. A veces uno de los padres manipula al hijo después de un divorcio para ponerlo en contra del otro padre. En otras ocasiones, no hay una tercera persona implicada y, simplemente, el hijo decide culpar a sus padres por sus problemas en la vida.

“Hay miles de padres y madres unidos por un sentimiento de pérdida que nadie más alcanza a comprender”

Sean cuales sean nuestras historias, lo que nos une es nuestro sufrimiento. No creo que haya ningún padre o madre que asegure haber sido perfecto con sus hijos. Todos nos arrepentimos de algo, pero también veo que todos les amamos profundamente.

Mantengo una relación cercana y maravillosa con mi otro hijo, y es un consuelo enorme, pero no dejo de pensar en el hijo que no me habla y en el nieto que aún no conozco. Un día, tomándome un café en un bar, una madre joven se sentó con su bebé rubio, que me recordó al mío. El pequeño empezó a revolverse en el carrito y su madre sacó un cochecito de la bolsa para entretenerlo. Mi mente retrocedió a la época en la que era yo la que llevaba juguetes en la bolsa y la pena me abrumó. Me quedé ahí sentada, mirando, con las lágrimas cayéndome por las mejillas.

Pienso a menudo en su primer día de guardería, cuando me pasé la mañana entera esperando afuera por si acaso lloraba y me necesitaba; en sus tartas de cumpleaños y en los fuertes que construíamos con cajas de cereales vacías; en las clases de conducir que le di y en su adolescencia. Mi hijo era un niño dulce y divertido. Todos esos años de amor y apoyo incondicional parece que han caído en el olvido y aquí estoy, escribiendo esto durante el segundo año que lleva sin hablarme, con el corazón roto, avergonzada, sintiéndome culpable y con mi sufrimiento aumentando día a día.

“Aunque mi hijo y yo nunca recuperemos la relación que teníamos antes, yo sigo siendo y siempre seré su madre”

Esta situación no solo nos afecta a nosotros, claro. Le salpica a toda la familia. Hago lo posible por no hablar del tema con su hermano. No quiero que piense que debe elegir entre uno de nosotros, pero, inevitablemente, su relación también se ha deteriorado, para mi desgracia. Otros familiares intentan no posicionarse, pero la realidad es que mi hijo no solo ha perdido a su madre, sino también a una rama de la familia. Nadie sale ganando.

Como no hablamos de ello ni lo saben las personas ajenas a la familia, no podemos apoyarnos en la compasión de los demás. No recibimos las palabras de consuelo ni los abrazos ni los pequeños gestos de amabilidad que sí reciben en circunstancias normales los afligidos. Los padres cuyos hijos no quieren saber nada de ellos también estamos afligidos, pero no nos queda más remedio que soportarlo solos y vivir con nuestros recuerdos y nuestro arrepentimiento.

Cuando me encuentro con conocidos, siempre me preguntan por mis hijos y mis nietos. Me veo obligada a dar explicaciones breves y sonrojantes. A veces me pongo a la defensiva y me avergüenzo, como si hubiera cometido un pecado imperdonable que ninguna “buena” madre habría cometido jamás.

Cuando uno de tus hijos decide no saber nada más de ti, tu autoestima y tu identidad se derrumban de un plumazo. Cuando das a luz, te conviertes en madre, y para muchas de nosotras, esa pasa a ser nuestra nueva identidad. Y aunque mi hijo y yo nunca recuperemos la relación que teníamos antes, yo sigo siendo y siempre seré su madre.

Cuando nació, me pareció tan hermoso que me enamoré al instante. Una parte de mí ya sabía que algún día, de algún modo, tendría que dejarle marchar. Al fin y al cabo, nuestra misión como padres es preparar a nuestros hijos para que aprendan a vivir bien sin nosotros.

Pero así no. Así no.

Este post fue publicado originalmente en el ‘HuffPost’ Reino Unido y ha sido traducido del inglés por Daniel Templeman Sauco.
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t.me/AbTuOj
José Luis (OFS)
Es muy doloroso, muy triste, de que los hijos se olviden de sus padres, que con tanto cariño les han cuidado, protegido, educado, alimentados, siendo buenos consejeros de ellos.

Las malas compañías en que tantos hijos se meten, arruinan las familias, la paz en el hogar.

Es importante, muy necesario, que ya desde pequeños, siendo bebes los hijos, sean consagrados a los Sagrados Corazones de …More
Es muy doloroso, muy triste, de que los hijos se olviden de sus padres, que con tanto cariño les han cuidado, protegido, educado, alimentados, siendo buenos consejeros de ellos.

Las malas compañías en que tantos hijos se meten, arruinan las familias, la paz en el hogar.

Es importante, muy necesario, que ya desde pequeños, siendo bebes los hijos, sean consagrados a los Sagrados Corazones de Jesús y María, y renueven esa consagración, para que el enemigo no se salga con la suya, que siempre siembra la destrucción, el respeto.

El Señor nos ofrece facilidades, para que haya paz en el hogar, al menos por parte de uno. Aunque no todos en una familia habrá paz, porque no se toman en serio los intereses de Nuestro Señor Jesucristo.

La devoción del Santo Rosario, todos los días, además de otras oraciones con aprobación de la Santa Madre Iglesia Católica, la lectura y meditación de la Sagrada Biblia, que no le falten versículos, como las ediciones de Nacar-Colunga, o Straubinger, que todavía puede ser asequible.

Aunque no soy padre de Familia, soy célibe por amor a Nuestro Señor Jesucristo, y ser fiel al Evangelio de nuestra salvación.

En el hogar de la familia, al menos debería haber un rinconcito, para poner, como en otras partes ponen, un pequeño altar doméstico, alguna imagen de Jesús y María Santísima, preferiblemente estén bendecidos por medio de algún sacerdote fiel a Nuestro Señor Jesucristo, la Sagrada Biblia para que también el alma se anime a consultar con frecuencia la Palabra de Dios, y recibirá consuelos. Orar por los hijos, y el Señor obrará milagros.
José Luis (OFS)
Tojeter
Con ello participamos de los padecimientos de nuestro Señor, o que pensáis que sentirá Dios por tantos hijos que no quieren ni saber de Él.
ferdinan2
Por sus frutos los conocerán, dijo Jesús, y el lenguaje es uno de los frutos por los que reconocemos a quien es de Cristo y quien no. Pero no es el tema de mi comentario. Quiero comentar el artículo publicado pues me causó la misma impresión que la parábola del hijo pródigo y no pude dejar de pensar en que a Dios le pasa lo mismo que a esta mujer: ama a todos sus hijos, les provee de cuanto sea …More
Por sus frutos los conocerán, dijo Jesús, y el lenguaje es uno de los frutos por los que reconocemos a quien es de Cristo y quien no. Pero no es el tema de mi comentario. Quiero comentar el artículo publicado pues me causó la misma impresión que la parábola del hijo pródigo y no pude dejar de pensar en que a Dios le pasa lo mismo que a esta mujer: ama a todos sus hijos, les provee de cuanto sea bueno para ellos, y mientras unos permanecen a su lado, otros prefieren irse de casa, quitarle la palabra y vivir alejados de Él, con sus propias reglas, sus valores personales, su ideología y la indiferencia o el odio que va creciendo en su interior. No valoran a quien les dio la vida. Y así como no aman verdaderamente a Dios, tampoco aman a su prójimo, a quien desprecian y denigran. Grande es el dolor de Dios al ver a estos hijos que se alejan y que, aunque siempre serán amados, estarán condenados a vivir la eternidad en otra casa.
kaoshispano1
Ella habrá generado un tipo con ego y sin ética, menos moral seguro, y puede darse con un canto en la boca no se la cargue psico o real para succionarle lo que pudiera, lo cúal la BOBA se lo daría, OF COURSE de Mami mundi de egos.