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«No faltan quienes piensan que se dan claras muestras del comienzo del apocalipsis»

«No faltan quienes piensan que se dan claras muestras del comienzo del apocalipsis»

Por INFOVATICANA | 21 noviembre, 2021

Ante el actual torrente del Nuevo Orden Mundial, caben dos actitudes: por una parte, replegarse al interior y plegarse al utilitarismo del “mal menor”; por la otra, ser signo de contradicción y vivir al margen de los dictados de la nueva religión civil. Esta segunda es, con toda probabilidad, la manera acertada de vivir cristianamente los tiempos que nos han tocado.

Sin embargo, esta ruta no es fácil: el camino es angosto y acechan los peligros y obstáculos: tibieza, comodidad, fariseísmo, descristianización, silencio, parálisis. Con frecuencia, los cristianos nos dejamos arrastrar por estos y muchos otros peligros que nos sacan del camino que sabemos correcto, pero es que, como reza el dicho “del dicho al hecho, hay un trecho”. No podemos, sin embargo, apartar nuestra vista de este camino, incluso en los momentos en los que caemos. Y, en este sentido, hay algo que siempre nos sujetará: la esperanza última. Porque ser cristiano es tener esperanza. Así se hunda el mundo, el cristiano tiene la convicción de que se asienta sobre una roca fuerte que perdurará más allá del espacio y el tiempo. Y esa es el arma más poderosa.

En los tiempos que corren, no faltan quienes arguyen que se dan claras muestras del comienzo del apocalipsis, y tampoco motivos para creerlo. Con frecuencia, la escatología se mira con desprecio o con sorna, y pocas veces se hace una aproximación madura y seria al tema. En «El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación”, Michael D. O’Brien, prolífico novelista canadiense, se revela como signo de contradicción ante esta tendencia.

Y es que la obra es una sugerente lectura que toma por los cuernos muchos temas de actualidad. A la luz de la doctrina de la Iglesia, y apoyándose en la obra de escritores y pensadores como Wojtyla, Ratzinger, Chesterton, Lewis, Newman o Josef Pieper, O’Brien despliega toda una serie de cuestiones que nos pondrán en alerta ante el panorama presente, relacionando pasado, tradición, presente y futuro en un mismo hilo conductor. Pero no es ésta una vigilia de miedo, sino de esperanza. Porque, pese a la denuncia del caos de nuestro tiempo, O’Brien no cesa de recordarnos que tenemos la llave de la esperanza.

Este ensayo es también una llamada de atención, no sólo de nuestra propia forma de vivir, sino de la vida social que compartimos, y de qué lugar debemos ocupar en la sociedad los cristianos. En los últimos años, algunas posturas en la Iglesia han propugnado por “la opción benedictina”: la construcción de núcleos fuertes, casi aislados, que permitan que la Fe y la tradición se conserven para una futura reevangelización. O’Brien, sin embargo, nos muestra otro camino: seguir la opción de Cristo, y ser signos de contradicción en medio de un mundo hostil, y no en la tranquilidad de mi propia comunidad.

Su texto nos hará meditar y nos facilitará el discernimiento, siempre basado en esta esperanza ya absoluta. Es, por tanto, una fuente de consuelo en estos días de tribulación. A pesar de ser una obra publicada en 2019, la lectura de «El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación» no puede no relacionarse con la crisis mundial actual, el abuso de los poderosos y la desesperanza social generalizada. Es un libro que sigue siendo de tremenda actualidad, y una lectura sugerente a la luz de nuestros tiempos.

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El autor

Michael D. O’Brien
(Ottawa, Canadá, 1948) es un escritor, pintor, ensayista y conferencista canadiense especializado en temas de Fe y cultura desde una perspectiva católica. Autodidacta, ha escrito sobre una treintena de obras, la mayoría de ellas, novelas, como la conocida «El Padre Elías: un apocalipsis» y sus secuelas. Tras ser abusado en una de las escuelas residenciales de la red canadiense, O’Brien se graduó con dificultad. Agnóstico inclinado al ateísmo, no se convirtió al catolicismo hasta los 21 años. Sin recibir formación académica, comenzó a dibujar y pintar, con notable éxito. En 1994, con 46 años, comienza a escribir, y publica su primera obra de ficción en 1996. Gran parte de sus obras se sitúan en contextos apocalípticos.

Por Alejandro Cuevas