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«Dios mío, perdónalos»: Los crímenes contra la Iglesia en Perú

«Dios mío, perdónalos»: Los crímenes contra la Iglesia | INFORME

Las huestes de Abimael Guzmán no aceptaban el mensaje de paz y esperanzador que llevaban a las comunidades los sacerdotes y evangelizadores.

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07 Dic 2021 06:00 h

Por Italo Oberto-Besso

Sendero Luminoso no perdonaba a la Iglesia Católica que atendiera a los más necesitados o que llevara el mensaje esperanzador del evangelio a quienes clamaban por paz ni que el pueblo se acercaba a ellos en búsqueda de consuelo. Por ello, los terroristas se ensañaron contra sacerdotes, evangelizadores y laicos que cumplían labor pastoral.

Desde el inicio de la locura terrorista, los senderistas acusaron a la Iglesia y a los sacerdotes una institución enemiga, cómplices de lo que llaman el viejo Estado, que tratan de destruir; además, Sendero Luminoso atacó cualquier proyecto de asistencia o de desarrollo.

“Lo que el PCP-SL buscaba con esas acciones era generar miedo, paralizar a la Iglesia o dividirla, evitando la solidaridad con las víctimas, acusándolas de delitos o calificándolas de imperialistas o espías. Buscaba controlar a la Iglesia, inmovilizarla en sus templos para que no salga al campo, o por último sacarla de la zona. Buscaba también romper los lazos de la Iglesia con la población, aislarla o desprestigiarla, porque sabía que es una institución con peso moral cuya palabra es escuchada; por eso la amenaza contra los repartos de víveres, la pastoral juvenil o la organización de grupos cristianos, y las acusaciones de ‘adormecer al pueblo con víveres’ o hasta de ‘soplones’, porque los agentes pastorales hablan contra la violencia o predican la paz. SL trató de desprestigiar a los agentes pastorales de la Iglesia, especialmente los laicos, que eran los que estaban en mayor peligro, pero no logró su propósito”, señala la Comisión de la Verdad y Reconciliación.

LOS ATAQUES

Desde el inicio de la insania, Sendero atacó a la iglesia. En 1981 realizó un primer ataque. Una explosión en el Convento de las Carmelitas de Clausura, en Ayacucho; la población rechazó este hecho y Sendero Luminoso no volvió a atentar contra la Iglesia en Ayacucho.

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También atacó el Instituto Rural Palermo, de los Padres de Maryknoll, cerca de Juli, en agosto de 1981, y un mes después lanzó una bomba contra la sede de la Prelatura de Juli; ambos asaltos provocaron una ola de indignación y varios miles de campesinos participaron en una marcha de desagravio.

Sendero Luminoso no permitiría que los comuneros encontraran un mensaje de esperanza, ni una mano amiga. El objetivo era generar con tanta violencia un escenario desolador ni de miseria que les permitiera desarrollar su prédica de terror.

En mayo de 1984, la Misión Franciscana de Cutivireni sufrió un violento ataque por un grupo senderista. Los subversivos llegaron preguntando a gritos ‘¿Dónde está ese cura explotador? Queremos degollarlo’.

En agosto de 1988, en el pueblo de San Juan de Jarpa, a dos horas de Huancayo, un grupo de senderistas atacó una obra educativa para campesinos dirigida por los padres jesuitas y en marzo de 1989, en Trujillo, terroristas colocaron dinamita en la catedral.

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En mayo de ese año, las huestes terroristas destruyeron el Instituto de Educación Rural de la Prelatura de Ayaviri, poco después amenazaron al prelado de Ayaviri y lo obligaron a dialogar con otras autoridades.

PRIMER SACERDOTE ASESINADO

La mañana del 3 de diciembre de 1987, el padre Víctor Acuña Cárdenas fue asesinado por terroristas de Sendero Luminoso, convirtiéndose en el primero de varios sacerdotes ultimados por el sanguinario grupo.

Según refieren varios testimonios, el sacerdote de 52 años estaba celebrando misa en el mercado de la Magdalena en Huamanga, Ayacucho, cuando los terroristas le dispararon causándole la muerte.

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“Cayó inconsciente al piso y me parece que habló unas cuantas palabras porque los señores, las personas que estaban alrededor lo escucharon. Nos quedamos sorprendidos por las palabras que había vertido porque lo que dijo fue ‘Dios mío perdónalos, no saben lo que hacen’, que son casi palabras de Cristo”, relató Julio César Acuña Prado, sobrino del sacerdote, según da cuenta Litoral Press.

Acuña Prado explicó que como su tío era “director de Cáritas tenía a su cargo la donación o entrega de alimentos para la gente de menos recursos. Incluso fue el forjador de los clubes de madres de diferentes localidades. Aparte combinaba eso con su labor pastoral”.

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