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Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo

P.Elia
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo 5 Enero 2020, II Domingo después Navidad Queridos hermanos y hermanas, la liturgia del segundo domingo después de Navidad nos ayuda a …More
Él nos eligió en Cristo, antes de la fundación del mundo 5 Enero 2020, II Domingo después Navidad Queridos hermanos y hermanas, la liturgia del segundo domingo después de Navidad nos ayuda a profundizar la unicidad y la extraordinaria naturaleza de nuestra fe católica en comparación con todas las demás religiones y filosofías. De hecho estas doctrinas o religiones son el resultado del simple esfuerzo de hombres, particularmente iluminados para quienes la influencia de la acción de Dios ciertamente no es ajena, en la que hay fragmentos de esa Sabiduría de Dios de la que nos hablará el pasaje de la segunda lectura tomada del Libro de Sirach. Estos famosos "fragmentos" de verdad son esas famosas "semillas de la Palabra" como el Vaticano II enseña correctamente. (Nostra Aetate, 2 Ver también AD Gentes, 11 y Lumen Gentium, 17) Por el contrario, nuestra fe nos asegura que es Dios mismo quien ha decidido revelar el misterio de su ser y, al mismo tiempo, revelar el hombre a si mismo en una maravillosa historia llamada la historia de la salvación. Una historia que comienza con Abraham y dura casi dos mil años hasta el adviento de Jesús, el Unigénito Hijo de Dios, como nos dice el pasaje del Evangelio de Juan. De hecho, la Palabra de Dios, la Sabiduría no creada del Padre, se hizo hombre en el vientre de la virgen de Nazaret, para completar la revelación de Su "Plan de amor", como nos recuerda San Pablo en el pasaje de la segunda lectura tomada de la carta a los Efesios. Queridos hermanos y hermanas, seguimos pediendo sin cansarnos al Padre ese Espíritu de sabiduría del que nos habla San Pablo para que tengamos un conocimiento cada vez más profundo de Él. Para que los ojos de nuestros corazones se abran y sean iluminados por Su luz divina y así podamos comprender cuál es la esperanza a la que nos llama, cual la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.