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Santidad y Cielo

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El que no aspira a Papa no llega a sacristán y el que no aspira al cielo no llega al purgatorio. "El Cielo es gozar de Dios por toda la eternidad, la meta de felicidad que cada hombre lleva en su …More
El que no aspira a Papa no llega a sacristán y el que no aspira al cielo no llega al purgatorio. "El Cielo es gozar de Dios por toda la eternidad, la meta de felicidad que cada hombre lleva en su corazón y consiste en la más perfecta comunión de amor, viendo a Dios tal cual es." Catecismo 1023-1029, 1721-1722. Actividad sin cansancio, descanso sin aburrimiento, conocimiento sin velos, ese es el cielo, después de la resurrección, tendremos un cuerpo glorioso que ya no estará limitado por el espacio y el tiempo, como el de Jesús resucitado. Existen diferentes tipos o niveles de felicidad en el Cielo, porque, hay almas más santas y otras menos. Como será la majestad del cielo que San Francisco de Asís dijo: El bien que espero es tan grande, que toda pena se me convierte en placer. Quien tiene la gracia santificante, posee el Cielo, esa se recibe en el bautismo, pero, poco después, empezamos a pecar. Por eso cristo es decir Dios, se encarnó y ganó el cielo para nosotros, Él es el camino al cielo, “quien me quiera que tome su cruz y me siga”, por eso recibió 5 mil y mas latigazos, antes de emprender el camino al calvario. Un deportista se prepara con sacrificios para alcanzar su meta. Una reina se somete a cirugías, ayunos y rutinas tremendas para alcanzar su meta Un ingeniero planea, planifica, trabaja sin descanso previendo lo necesario para sacar un proyecto y alcanzar su meta. Un pescador prepara la red o el anzuelo, pone carnadas, trasnocha, tiene paciencia para alcanzar su meta. Un político estudia, propone, promete, ofrece, cosas para alcanzar su meta. Una empresa crea estrategias, campañas, desarrolla productos para alcanzar su meta Un general apertrecha, planea, recluta, ejercita, analiza y hace mil cosas para alcanzar su meta que es ganar. Los grandes santos han sido mártires en muchos sentidos siempre con la visión de alcanzar el cielo y han salido de todas las profesiones mencionadas, porque todos estamos llamados a la santidad. Pero la santidad no se encuentra, se alcanza, el cielo es infinitamente superior a cualquier meta, es el premio mas alto al que se pueda aspirar. Tenemos la seguridad que el buen ladrón esta en el cielo, reconoció a cristo y pidió su gracia, pero también murió mártir. Lo mismo podemos decir de todos los mártires de la fe, están en el cielo lo mismo que la virgen, san José y los grandes santos, cuya vida fue ejemplar El que no aspira a santo no va al cielo. La única certeza de que alguien está en el cielo la tenemos solamente en cinco casos: A) Por tradición, la Iglesia nos ha afirmado que están en cielo; La virgen María, San José, San Pablo, B) En el caso de las personas que ya han sido canonizadas. C) En el caso de los niños muertos después del bautismo; y más aún si murieron sin uso de razón. Así como los niños muertos antes o después del nacimiento y sin el bautismo tradicional. En cuanto a los niños muertos sin Bautismo, la Iglesia sólo puede confiarlos a la misericordia divina, como hace en el rito de las exequias por ellos. En efecto, la gran misericordia de Dios, que “quiere que todos los hombres se salven” (cf. 1 Tm 2,4) y la ternura de Jesús con los niños, que le hizo decir: “Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis” (Mc 10,14), nos permiten confiar en que haya un camino de salvación para los niños que mueren sin Bautismo” (Catecismo, 1261). Y este camino existe pues: “Dios no ató su poder a los sacramentos, y por eso puede conferir el efecto de los sacramentos sin los sacramentos. Dios puede por tanto dar la gracia del Bautismo sin que el sacramento sea administrado, un hecho que debería ser especialmente recordado cuando la administración del Bautismo fuera imposible” (La esperanza de la salvación para los niños que mueren sin Bautismo, 82)”. D) Los que al morir gozaron del privilegio sabatino. ¿Cuál es el privilegio sabatino? Es el privilegio, reconocido por el Papa Pío XII, del que gozan quienes mueren con el santo escapulario de la Virgen del Carmen y que tengan que expiar sus culpas en el purgatorio. Según este privilegio la intercesión de la Virgen del Carmen hará que los devotos, cumpliendo a cabalidad con todas las condiciones o requisitos, alcancen la patria celestial lo antes posible o, a más tardar, el sábado siguiente a la muerte.