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Choir Blagovest / M.Berezovsky - Do not reject me in old days.

Maksym Berezovsky (1745-1777), compositor ucraniano, nacido en Hlukhiv. Berezovsky era un reputado tenor. Estudió en Kiev y fue alumno del famoso Baldassare Galuppi, quien le dio clases en San Petersburgo. Precisamente allí se vio muy envuelto en la vida musical y en el coro de la corte, llamado "Capella". Luego, el compositor pasó a Italia para seguir estudiando. Por ese tiempo compuso su ópera "Demofonte", que fue interpretada en dicho país de acogida. Es de destacar que esta es la primera ópera que fue compuesta por un ucraniano y estrenada en Italia. Sin embargo, la gran cantidad de su producción es de tipo religioso, principalmente para la Iglesia Rusa. Volvió a Rusia, de nuevo a San Petersburgo, pero parece ser que ya no tuvo tanto éxito. Esto le hizo caer en una depresión que condujo a su muerte. Puede que sea un nombre accesorio dentro de la Música pero merece la pena conocer a este hombre y saber así lo que se componía en Europa durante esa época, en centros alejados del centro de nuestro continente.

De Berezovsky vamos a disfrutar hoy de la que es su obra más famosa: Ne otverzhï mene vo vremia starosti, que es título original en ruso: Señor, no me rechaces en mi vejez. del salmo 71

; fue probablemente escrita en la segunda mitad de la década de 1760. Es lo que se conocía como un concierto coral religioso, que también compuso otro gran maestro como Bortniansky. En la obra mezcla lo lírico con lo dramático y con unas buenas dosis de contrapunto. La obra tiene tanta calidad que llevó a Berezovsky al estrellato, entrando a formar parte del olimpo de los compositores rusos. Con solo los medios de un coro crea una base espectacular, llena de emociones y describiendo la pena y la frustración. Adapta perfectamente las palabras del salmo a la música, de una sabia música llena de intensidad.

La interpretación es del Coro Blagovest de Riga.

Salmo 70(71)

TÚ, SEÑOR, FUISTE MI ESPERANZA DESDE MI JUVENTUD
A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame.
Se tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú.
Dios mío, líbrame de la mano perversa,
del puño criminal y violento;
porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno tú me sostenías,
siempre he confiado en ti.
Muchos me miraban como a un milagro,
porque tú eres mi fuerte refugio.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria, todo el día.
No me rechaces ahora en la vejez,
me van faltando las fuerzas, no me abandones;
porque mis enemigos hablan de mí,
los que acechan mi vida celebran consejo;
dicen: "Dios lo ha abandonado;
perseguidlo, agarradlo, que nadie lo defiende".
Dios mío, no te quedes a distancia;
Dios mío, ven aprisa a socorrerme.
Que fracasen y se pierdan
los que atentan contra mi vida,
queden cubiertos de oprobio y vergüenza

los que buscan mi daño.
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Contaré tus proezas, Señor mío,
narraré tu victoria, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas,
ahora, en la vejez y las canas,
no me abandones, Dios mío,
hasta que describa tu brazo
a la nueva generación,
tus proezas y tus victorias excelsas,
las hazañas que realizaste:
Dios mío, ¿quién como tú?
Me hiciste pasar por peligros,
muchos y graves:
de nuevo me darás la vida,
me harás subir de lo hondo de la tierra;
acrecerás mi dignidad,
de nuevo me consolarás;
y yo te daré gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para tí la cítara,
Santo de Israel;
te aclamarán mis labios, Señor,
mi alma, que tú redimiste;
y mi lengua todo el día
recitará tu auxilio,
porque quedaron derrotados y afrentados
los que buscaban mi daño.