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Entonces, ¿por qué?

Por Carlos Esteban | 12 febrero, 2020
Creo que la pregunta ahora es: ¿por qué? ¿Para qué? ¿Qué sentido tenía todo el sínodo, todo el revuelo, toda la expectación?

En realidad, la pregunta siempre fue por qué; por qué hacer un sínodo universal sobre una región no particularmente significativa para la fe, no más que, digamos, Groenlandia, Mongolia o la Estepa rusa. Y la respuesta parecía estar exactamente en todo lo que, al final, no ha sido.

O quizá nunca se trató de eso. El sínodo anterior, el de la Juventud, resultó ser el de la sinodalidad, el avance de un modelo de gobierno de la Iglesia parecido, mutatis mutandis, al federal en el mundo secular. Por eso era tan crucial un sínodo que, pese a su nombre, nadie esperaba que tratara exclusivamente de esa enorme jungla sudamericana.

Porque si los sínodos vienen a ser como un parlamento semipermanente en la Iglesia, el documento final que saliera de él acabaría siendo refrendado por el Papa y convertido en magisterio ordinario. Y el documento era tan revolucionario o más de lo que muchos temían, incluyendo la recomendación de que se abriera el sacerdocio a los casados y entornando la puerta para el diaconado femenino.

Y nada de eso. Ni sombra. Hay una petición para que los católicos recemos para que aumenten las vocaciones sacerdotales y, específicamente a los obispos, para que animen a sus sacerdotes a realizar su vocación en lugares particularmente necesitados como la Amazonía, un punto que precisamente hace el cardenal Sarah en su último libro, tan denostado y presentado como un “ataque” a Francisco.

Francisco, se pongan como se pongan lo que el cardenal Müller llama sus “falsos amigos”, ha cerrado la puerta con firmeza a la abolición del celibato en el rito latino, un tesoro para la Iglesia, y aún con más claridad a la ordenación de mujeres.

Sí, quizá el medio sea el mensaje y es cierto que este es un Pontífice de ‘gestos’, que comunica más con hechos que con palabras, y toda la ‘pachamamería’ del sínodo y el propio documento final parecían apuntar decididamente en la dirección opuesta. Pero su decisión es la que es, y es lo que queda.

Naturalmente, los defraudados ‘renovadores’ no van a cejar. Religión Digital titula que “El Papa cede a la presión y no aprobará la ordenación de curas casados en la Amazonía”. Es decir, al pobre pontífice le han obligado, pese a que Francisco llegó a citar a Pablo VI en el sentido de que estaría dispuesto a dar la vida para que no desapareciera el celibato eclesiástico. Pero los ‘cheerleaders’ del Papa deciden, al parecer, cuándo dice las cosas de mentirijillas, por disimular, y cuándo va de veras, igual que conocen cuándo actúa “bajo presión”.

infovaticana.com/2020/02/12/entonces-por-que/
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