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Seréis como Dioses, el verdadero Dios

Bottega
Es de fe, que Dios, No es de Fe. La fe, es Conocimiento de Dios. Con toda mi fe me puedo ir al infierno, porque es una fe muerta, sin obras, fe en la criatura no en el creador, fe sin compromiso... …More
Es de fe, que Dios, No es de Fe. La fe, es Conocimiento de Dios. Con toda mi fe me puedo ir al infierno, porque es una fe muerta, sin obras, fe en la criatura no en el creador, fe sin compromiso... Hasta hace 200 años a lo largo de toda la historia, luego de la expulsión del paraíso, el ser humano, en todas las culturas, ha tenido la seguridad de un Dios. La controversia versaba en cuanto a demostrar es cuál es el verdadero, ya que los cainitas renegaron de Dios y se dedicaron a promover al demonio que les proponía cosas contrarias a la voluntad de Dios, lo mismo que hizo con Eva siguió haciéndolo con sus hijos, por ejemplo en el tema de la construcción de ciudades, o torres para capturar la esencia de Dios y retarlo. Hay que recordar que Adán tenia la ciencia infusa y sus primeros hijos aun tenían este conocimiento; así que algunos pueblos tergiversaron la verdad y se dedicaron a adorar a sus propios reyes como dioses, un ejemplo claro es Nemrod que se hace adorar como Baal, asi que todos los pueblos desde siempre tuvieron la seguridad en un Dios, algunos en varios Dioses, eso se llama panteísmo Esto fue así por milenios, hasta hace 200 años, cuando los ilustrados, decidieron que el hombre había alcanzado la mayoría de edad y decidieron emanciparse de Dios, vivir sin Dios y se puso la ciencia del bien y del mal en el lugar de Dios. La ilustración, la ciencia y el derecho ya no provienen de un sentido absoluto de la verdad o un sentido del derecho natural, sino que se empezó a legislar el bien y el mal, como si fuéramos Dioses. Por esta razón existe el aborto como derecho público, cuando históricamente ha sido un crimen que se cometía a escondidas Desde el siglo 18 se busca una fe naturalista o pagana que prescinda de toda revelación, y, para paliar el vacío se llama a una confianza en una especie de arquitecto. Que construyó la creación y nos abandonó, no uno que sostiene cuida y ama, al extremo de encarnarse como hombre para que le conozcamos y amemos.