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Guerracivilismo

Guerracivilismo

Pedro L. Llera, el 10.04.21 a las 11:47 AM


Lo primero que hacen los totalitarios es considerar que todos los que piensan distinto no son personas. “Despersonalizar”, “deshumanizar” a quien consideras, no tu rival, sino tu enemigo, es el primer paso necesario para aniquilarlo: primero matándolo socialmente mediante el desprecio, la descalificación, el insulto o la burla. Luego, pasada esta primera fase y, tras una buena campaña de propaganda, una vez convencida la mayoría de la población de que “esos no son personas, sino fascistas”; una vez que se considera que “esos son los enemigos de la libertad y de la democracia”; una vez que se decreta una “alerta antifascista”, una vez que se asume que el de Vox, el de la CEDA o el “ultracatólico” no son personas, se les puede poner una diana para que los bestias tengan carta blanca para apalear, apedrear, quemar iglesias o liquidar físicamente al enemigo o al disidente. Ahí está el origen de los campos de exterminio nazis y de los gulag soviéticos. Ahí está el origen de las checas comunistas que fusilaban si juicio previo a quienes ellos mismo consideraban como enemigos de la revolución.

Eso pasó en el 34 y en el 36. Y, desgraciadamente, hace bien poco podíamos escuchar en Vallecas el grito de guerra de “¡A por ellos como en Paracuellos!” o “arderéis como en el 36” o “la única Iglesia que ilumina es la iglesia que arde”.

Estremece constatar el guerracivilismo atroz y el peligro de totalitarismo que hay en España hoy. Cuando se apedrea a quienes piensan distinto que tú, estamos a un paso de una nueva conflagración civil. Lo que pasó en Vallecas en un acto electoral de Vox - y no es la primera vez: recordemos lo que ocurrió en las elecciones catalanas - es peligroso y profundamente antidemocrático.

El nihilismo reinante, la inmoralidad rampante, el estercolero en que han convertido a España, no puede acabar de otro modo que no sea un totalitarismo o en la destrucción y balcanización de España. El peligro de que España se convierta en Yugoslavia es tan evidente que hay que estar muy ciego para no verlo.

El comunismo y el fascismo surgen de la guillotina de la Revolución Francesa. Hay que matar a todos los que no aceptan la “libertad, la igualdad y la fraternidad” tal como la proclamaban los impíos liberales de finales del XVIII y principios del XIX.

Federico Jiménez Losantos, destacado periodista que hace bandera de su condición de liberal, reconoce en el editorial del 8 de abril que el origen de los totalitarismo está en la guillotina de la Revolución “liberal” Francesa. Ante reconocimiento de parte, sobran los argumentos. A lo mejor, Federico acaba recalando en el tradicionalismo antiliberal y contrarrevolucionario…

libertaddigital.com/…rno-a-la-oposicion-es-el-36-y-caracas-6743307.html

“Ser de Vox”, es decir, ser militante, simpatizante o votante de Vox, ¿está permitido o está prohibido? ¿Hay que esconderse si eres de Vox? Ya les digo yo que, en muchas partes de España, sí. Esa es la triste realidad… ¿Los que simpatizan con Vox son personas con derechos o son cucarachas o ratas a las que hay que exterminar?

Ya les adelanto que yo no soy de Vox. No soy liberal ni conservador. Soy tradicionalista. Supongo que para estos mamarrachos totalitarios seré peor aún que los de Vox, aunque dudo mucho que esta banda de ignorantes sepa siquiera lo que es el tradicionalismo. Me da igual lo que digan o lo que piensen. Tengo la mala costumbre de no pedir a nadie permiso ni perdón por pensar.

Aquí, realmente, hay dos bandos irreconciliables: quines ponen por delante el amor hacia sí mismos hasta el desprecio de Dios; y quienes ponen en primer lugar el amor de Dios hasta el desprecio de sí. Hay hermanos en Cristo y hermanos en el Anticristo: teocentrismo frente a antropocentrismo. Yo tengo claro quién quiero que sea mi único Señor y ese es Jesucristo.

La democracia española y la Constitución del 78 están heridas de muerte. Y no me da ninguna pena. Un régimen que se ha afanado por destruir la familia, que ha convertido en derecho el asesinato de niños no nacidos o que aprueba una ley de eutanasia; o las leyes totalitarias que pretenden obligarme a comulgar con las ruedas de molino de determinados lobbies enemigos de la moral y de la civilización cristiana no me resulta especialmente apreciable. Más bien, despreciable. Pero es cierto que la actual constitución ha permitido un periodo de cuarenta años de convivencia “pacífica", si así podemos llamar a una sociedad que mata a más de cien mil niños al año en los abortorios… Aunque al menos no ha corrido la sangre por las calles como en el 34 o en el 36, salvo la que derramaron los terroristas etarras, que ahora son “adalides de la paz y del progreso” o la que vertieron los criminales islamistas… Por mi parte, la única constitución que no pasa y que trato de respetar y cumplir cada día, con el auxilio de la gracia, es la Ley de Dios.

¿Volveremos a matarnos? ¿Volvemos al guerracivilismo, al caínismo, a la legitimación de la violencia para ocupar el poder e impedir que otros que no son de los míos puedan gobernar?

No aprendemos. No aprendemos. Cuando se pretende imponer un Pensamiento Único que no respeta a quienes piensan distinto, a quienes defienden otra cosmovisión u otra antropología y pretenden imponer a todos su cosmovisión y su antropología por la fuerza, acabamos presenciando episodios como el de Vallecas. El liberalismo lleva en su ADN desde el principio, desde la guillotina de París, el gen de la muerte, del totalitarismo, de la violencia y el odio.

Volveremos a las catacumbas. Y a este paso, a las cárceles o al paredón. “¡A por ellos como en Paracuellos!”. Es el presagio de un país que vuelve a los garrotazos. Cuando la tierra de María Santísima se convierte en el paradigma de la impureza y de la depravación y en la vanguardia de la cultura de la muerte; cuando la patria de San Ignacio de Loyola, de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz apostata, está condenada a desaparecer como nación. La Cruz de Cristo garantizaba y vertebraba la unidad de España. Retirad y destruid las cruces y destruiréis España. En ese camino andamos. Dios nos coja confesados.

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