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Irapuato
Día 7 ¡ Oh María Dulce Consuelo de mi corazón ! ❤ ¡Oh María Dulce Consuelo del Corazón! 💖 ¡Y cómo aventaja esta buena Madre en el amor a todos sus hijos! Ámenla cuanto puedan dice san Ignacio mártir,…More
Día 7 ¡ Oh María Dulce Consuelo de mi corazón ! ❤
¡Oh María Dulce Consuelo del Corazón! 💖 ¡Y cómo aventaja esta buena Madre en el amor a todos sus hijos! Ámenla cuanto puedan dice san Ignacio mártir, que siempre María les amará más a los que la aman. Ámenla como un san Estanislao Kostka, que amaba tan tiernamente a ésta su querida Madre, que hablando de Ella hacía sentir deseos de amarla a cuantos le oían. Él se había inventado nuevas palabras y títulos para celebrarla. No comenzaba acción alguna sin que, volviéndose a alguna de sus imágenes, le pidiera su bendición. Cuando él recitaba el Oficio, el rosario u otras oraciones, las decía con tal afecto y tales expresiones como si hablara cara a cara con María. Cuando oía cantar la Salve se le inflamaba el alma y el rostro. Preguntándole un Padre de la Compañía, una vez en que iban a visitar una imagen de la Virgen Santísima, cuánto la amaba, le respondió: “Padre ¿qué más puedo decirle? ¡Si Ella es mi Madre!” Y el Padre dijo después que el santo joven profirió esas palabras con tal ternura de voz, de semblante y de corazón, que ya no parecía un joven, sino un ángel que hablase del amor a María. Ámenla como el Beato Herman, que la llamaba esposa de sus amores porque con ese nombre le había honrado a María. Ámenla como un san Felipe Neri, quien con solo pensar en María se derretía en tan celestiales consuelos que por eso la llamaba sus delicias. Ámenla como un san Buenaventura, que la llamaba no sólo su Señora y Madre, sino que para demostrar la ternura del afecto que le tenía llegaba a llamarla su corazón y su alma. Ámenla como aquel gran amante de María, san Bernardo, que amaba tanto a esta dulce Madre que la llamaba robadora de corazones, por lo que el santo, para expresar el ardiente amor que le profesaba, le decía: “¿Acaso no me has robado el corazón?” Llámenla “su Inmaculada”, como la llamaba san Bernardino de Siena, que todos los días iba a visitar una devota imagen para declararle su amor con tiernos coloquios que mantenía con su reina; y por eso, a quien le preguntaba a dónde iba todos los días, le respondía que iba a buscar a su enamorada. Ámenla cuanto un san Luis Gonzaga, que ardía tanto y siempre en amor a María, que sólo con oír el dulce nombre de su querida Madre al instante se le inflamaba el corazón y se le encendía el rostro a la vista de todos. Ámenla cuanto un san Francisco Solano, quien como enloquecido con santa locura en amor a María, acompañándose con una vihuela, se ponía a cantar coplas de amor delante de la santa imagen, diciendo que así como los enamorados del mundo, él le daba la serenata a su amada reina. PRÁCTICA DE AMOR A MARÍA. Poner un altar en nuestra casa, donde tengamos la Palabra de Dios, un Cirio y la Imagen de la Santísima Virgen, este lugar será un encuentro del dulce amor de Jesús y de María con nuestra alma, invitándola a elevarse en oración y en pensamientos santos, será este lugar donde la Madre del cielo nos enseñara a amar y a adorar a Dios desde su Inmaculado Corazón. JACULATORIA “¡Oh excelsa, oh piadosa, oh digna de toda alabanza Santísima Virgen María, tu nombre es tan dulce y amable, que no se puede nombrar sin que el que lo nombra no se inflame de amor a ti y a Dios; y sólo con pensar en él, los que te aman se sienten más consolados y más inflamados en ansias de amarte”. Las Glorias de María