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Ángeles, 3. -y la Virgen María, Regina angelorum

Ángeles, 3. -y la Virgen María, Regina angelorum

José María Iraburu, el 14.06.21 a las 8:39 AM

–¡Qué belleza! …

–La hermosura de la Virgen María es tan preciosa porque ella es «imagen perfecta de Dios». Y la de los ángeles procede de que están confirmados en gracia.

La Virgen María, Reina de los Ángeles

La Virgen María, Regina angelorum, vive una relación familiar continua con el mundo angélico, tanto mientras Jesús vive en la tierra, como cuando Él, ascendido al cielo, la deja atenta a los Apóstoles y fieles, y más aún dedicada y poderosa cuando Ella es asumpta al cielo. Virgo potens.

–En la Encarnación

Zacarías
, esposo de Isabel, pariente de María, ve y habla con un ángel del Señor, que le anuncia al Precursor del Mesías (Lc 1,12-13ss). Ella misma recibe a solas la embajada celestial del ángel Gabriel (1,26ss). Su esposo San José es tranquilizado por un ángel del Señor, que disipa sus dudas angustiosas (Mt 1,20ss).En el portal de Belén, estando María, José y los pastores en torno al Niño Dios, «se les apareció el ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz» (Lc 2,10ss) Y es también un ángel del Señor el que se aparece en sueños a José y le dice que huya a Egipto con María y el Niño (Mt 2,13).

La Virgen María conoce como nadie sus relaciones con los ángeles de Dios, y también conoce las relaciones que con los ángeles van teniendo tanto Jesús, como José y algunos apóstoles y discípulos, como Magdalena. En el anuncio de Gabriel, en el nombre de Jesús, en los sueños de José, con los pastores, en el desierto, en las tentaciones del diablo, en el prendimiento, en Getsemaní, en su sepulcro, en la resurrección y ascensión al cielo, en la parusía, y muy especialmente en el juicio universal (Mt 24,30-32). Ya señalé en el artículo anterior las ocasiones principales.

–Después de Pentecostés

La Santa Madre de Cristo vive todas las intervenciones de los ángeles en la Iglesia naciente
, tal como nos son referidas en los Hechos de los apóstoles.

Los apóstoles reciben visitas de los ángeles. Estando Simón Pedro encerrado en la cárcel, «un ángel del Señor se presentó en el calabozo, que quedó iluminado», y lo despertó, le habló y lo guió hasta librarlo.

Pedro, al principio, pensó que estaba soñando: «ahora me doy cuenta de que realmente el Señor ha enviado a su ángel y me ha librado». Y cuando golpeó en la puerta de la casa de María, madre de Juan Marcos, y dijo desde fuera quién era, comentaron: «será su ángel» (Hch 12,3-17). También Pablo tuvo experiencias parecidas: «esta noche se me ha presentado un ángel de Dios y me ha dicho» que compareceré ante el César (27,23-24; cf Hch 16,9).
El centurión Cornelio,que vivía en Cesarea, como a la hora de nona, «vió claramente en visión a un ángel de Dios, que acercándose a él le dijo: “Cornelio”…», y que le comunicó un mensaje del Señor. Los fieles fueron a avisar a Pedro: Cornelio «ha recibido de un santo ángel el mandato de hacerte llevar a su casa y escuchar tu palabra». Y el propio centurión les testimonia: «hace tres días, estando en casa haciendo oración, como a las tres de la tarde, se me apareció un varón vestido de refulgentes vestiduras, que me dijo»… (Hch 10,3-33).

Ciertamente María Reina, llena del Espíritu Santo, teníaconocimiento de estas misiones que en la Iglesia naciente realizaban los ángeles. Ellos eran y son sus servidores y mensajeros.

* * *

–La Vida de María en la Venerable Madre María Jesús de Ágreda

Acerquémonos a la Virgen María, y conozcamos lo que la Venerable María Jesús de Ágreda, su mejor biógrafa, escribe de su relación con los ángeles en el gran libro Mística Ciudad de Dios. La vida de María (MCD). Comienzo por presentar a la Venerable.

En Ágreda (Soria, España), el matrimonio cristiano de Francisco Coronel y Catalina de Arana concibieron 11 hijos, de los que solo cuatro sobrevivieron: Francisco, José, María y Jerónima. María (1602-1665) recibió desde niña iluminaciones especiales de la bondad de Dios y del pecado del mundo. Cuando cumplió los doce años quiso ingresar en la vida religiosa, y se pensó en que tomara el hábito en las carmelitas descalzas de Tarazona. Pero su madre, Catalina, tuvo una revelación, confirmada por su confesor, según la cual debían transformar la casa familiar en convento, e ingresar en él como religiosas la propia madre con sus dos hijas, mientras el padre entraría como hermano lego en la Orden de San Francisco, donde ya sus dos hijos varones eran religiosos franciscanos. Ante esto, María dio su conformidad al nuevo plan.

Hacer de la casa un convento era una idea tan extraña, que ocasionó la resistencia de Francisco, el padre, y de un hermano de este, Medel. Sin embargo, por gracia de Dios, cambiaron su opinión, y en 1618, hechas algunas reformas previas, la casa se transformó en convento de monjas de la Orden de la Inmaculada Concepción, y en él ingresaron Catalina y sus dos hijas. Francisco el padre y su hermano Medel profesaron como hermanos legos en los franciscanos de Nalda (La Rioja).

La Madre María de Ágreda fue elegida abadesa en 1627, y reelegida hasta su muerte. Sólo consiguió ser dispensada de su cargo en el trienio de 1652-1655. Es considerada como una de las más grandes místicas de la historia de la Iglesia. Toda su vida transcurrió en la misma casa, primero familiar y después conventual. Sin especiales estudios, escribió varias obras. La más conocida y grandiosa fue la Mística Ciudad de Dios (MCD), que viene a ser, como se dice en su muy largo título, una «Historia Divina y Vida de la Virgen Madre de Dios… revelada en estos siglos últimos por la misma Señora a su Esclava María de Jesús», etc. Traducida a más de cuarenta lenguas, la última edición española en un solo tomo es la Mística Ciudad de Dios. Vida de María (Madrid 1992, 1508 pgs., con Introducción y notas del P. Celestino Solaguren, OFM)

El rey Felipe IV, desde su visita al convento en 1643, mantuvo con la Madre Abadesa correspondencia epistolar hasta que ella murió (614 cartas, de ellas 314 de la Abadesa). La Santa Inquisición investigó a la Madre María con los interrogatorios correspondientes, de los que salió totalmente absuelta (1649-1650). En 1673 se inició su proceso de beatificación, y fue declarada Venerable por el papa Clemente X. El cuerpo de la Venerable Madre se conserva incorrupto en su convento de Ágreda.

–Las revelaciones privadas

La Madre Ágreda, efectivamente, tanto en la MCD como en sus demás obras, muestra un gran conocimiento y aprecio por la Sagrada Biblia, al mismo tiempo que venera en todo el Magisterio apostólico. Y también nos sorprende cuando con impresionante lucidez y precisión entra a iluminar cuestiones doctrinales difíciles con la veracidad propia de los grandes y santos doctores. En todo caso, en su muy extensa biografía de la Virgen predomina el modo propio de las revelaciones privadas. Acerca de éstas dice el Catecismo de la Iglesia:

67 «A lo largo de los siglos ha habido las llamadas revelaciones “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Éstas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentido de los fieles sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia».

No digo yo que todo cuanto escribe la Madre Ágreda haya de considerarse como una «revelación privada», porque sólo la Autoridad apostólica puede reconocerlo en sus escritos. Pero me atengo a lo que ella misma explica en un capítulo escrito con sumo cuidado y precisión: Declárase el modo como el Señor manifiesta a mi alma estos misterios y vida de la Reina, en el estado en que Su Majestad me ha puesto (MCD, I,12-25; + I, introd. 19). Yo creo que lo que piensa y dice de sus propios escritos es verdad.

La edición de la MCD ya aludida distribuye el texto en tres partes, y numera cada una de las tres. Haré, pues, las citas no según las páginas, sino por partes y números.

* * *

–Santa María, Reina de los Ángeles

El P. franciscano Celestino Solaguren, en su Introducción a la citada edición de la MCD de 1992, señala:

«La devoción a los ángeles es una de las características sobresalientes y destacadas de la espiritualidad de la Madre Ágreda. Ella ha vivido o creído vivir en relaciones íntimas con estos espíritus celestiales». En el interrogatorio que le hizo la Inquisición, «ella confesó paladinamente la devoción que siempre tuvo a los ángeles y los beneficios que de ellos había recibido; incluso reconoció sin ambages que a veces intelectualmente sentía su presencia. En cuanto a la MCD, es de sobra conocido el papel tan relevante que en ella desempeñan los ángeles en tantísimos episodios de la vida de la Virgen» (pg. XXXII). «El recurso constante a la Sagrada Escritura es otra de las características de los escritos de la Venerable… Por lo que a la MCD se refiere, podemos decir que toda ella es como un empedrado de citas y alusiones al texto sagrado» (XXXIII).

–La Virgen en las acciones ordinarias

En su vida mortal, «con los mismos ángeles santos tuvo la Reina del cielo dulcísimas contiendas sobre las acciones ordinarias y humildes que eran necesarias para el servicio del Verbo humanado y de su humilde casa».

«La gran Reina quería hacer por sí misma todas las cosas humildes con sus manos, de barrer y aliñar las pobres alhajicas, limpiar los platos y vasos y disponer todo lo necesario. Pero los cortesanos del Altísimo [los ángeles], como verdaderamente corteses y más prestos en las operaciones, aunque no más humildes, solían adelantarse en prevenir estas acciones antes que su Reina llegase a ellas» (MCD II,900).
La Venerable de Ágreda refiere con profundidad y gracia –y excelente castellano– esas «dulces contiendas», en las que, finalmente, vence la Virgen, que así argumentaba a los «señores» ángeles: «Si vosotros queréis servir a mi Hijo como criaturas hechas de su mano, yo debo servirle por ese mismo título y tengo más al ser su Madree para servirle como a Hijo, y siempre me hallaréis con más derecho que vosotros para ser siempre humilde, pegarme con el polvo y ser agradecida» (II,901).

–María, fija en Nazaret, sufría cuando Jesús estaba ausente

«Y para dar algún ensanche al natural dolor del corazón se convertía a los santos ángeles y les decía: “Ministros diligentes del Altísimo, hechura de las manos de mi Amado, amigos y compañeros míos, dadme noticia de mi Hijo querido y de mi Dueño; decidme dónde vive y decidle también cómo yo muero por la ausencia de mi propia vida. ¡Oh dulce bien y amor de mi alma”» (II,968).

«Obedecieron los santos ángeles a su Reina y Señora y la consolaron en el dolor» con palabras y argumentos celestiales… «Y esto hacían iluminando su entendimiento al mismo modo que un ángel superior a otro inferior, porque éste era el orden y forma espiritual con que confería y trataba con los ángeles interiormente, sin embarazo del cuerpo y sin uso de los sentidos.. Y con esto descansaba en parte su dolor y pena» (II,969).

–La Virgen Santísima, por sus ángeles, acudía en ayuda de su Hijo

«Enviaba también algunas veces a los mismos ángeles para que en su nombre visitasen a su dulcísimo Hijo… Otras veces, por aviso de los mismos ángeles o por especial \visión y revelación del Señor, conocía que Su Majestad oraba en los montes y hacia peticiones por los hombres, y en todo le acompañaba la misericordiosísima Señora desde su casa y oraba en la misma postura y con las mismas razones. En algunas ocasiones también le enviaba por mano de los ángeles algo de alimento que comiese, cuando sabía no había quien se lo diese al Señor de todo lo criado, aunque esto fue pocas veces» (II,970).

Los evangelistas refieren con palabras extremas el sufrimiento de Cristo en Getsemaní: «Empezó a sentir pavor y angustia… “Mi alma siente tristeza de muerte”» (Mc 14,33-34). Y San Lucas nos hace saber que «un ángel del cielo se le apareció para confortarlo» (Lc 22,43)… ¿Habría acudido, por voluntad de Dios, enviado por María, su Madre intercesora?

–En la oración

Muy especialmente la Virgen María se ve rodeada en la oración por el esplendor de la Gloria divina, y acompañada con todo amor e inmensa reverencia por los ángeles de Dios:

«Ocupábase otras veces la gran Señora en hacer cánticos de alabanza y loores al Muy Alto, y éstos los hacía o por sí sola en la oración o en compañía de los santos ángeles alternando con ellos, y todos estos cánticos eran altísimos en el estilo y profundísimos en el sentido» (II,971).

–En defensa de los apóstoles

Cumplida la Redención y ascendido Cristo a los cielos, queda María como Madre de la Iglesia naciente. Y Ella, la Regina apostolorum, «a todos los apóstoles amaba y servía con increíble afecto y veneración, así por su extremada santidad como por la dignidad de sacerdotes y ministerio de fundadores y predicadores del evangelio» (III,156).

María sabía bien que contra todos sus empeños apostólicos «procuraba el común enemigo impedir la palabra divina o el fruto de ella, moviendo muchas contradicciones y alteraciones de los incrédulos contra los apóstoles y sus oyentes y convertidos. Y en estas persecuciones padecían cada día grandes molestias y sobresaltos, porque le pareció al dragón infernal podía embestirles con mayor confianza, hallándolos ausentes y lejos del amparo de su Protectora y Maestra. Tan formidable era para el infierno esta gran Reina de los ángeles, que con ser tan eminente la santidad de los apóstoles, con todo eso le parecía a Lucifer que sin María los cogía desarmados y a su salvo, para acometerles y tentarlos» (III,157).
«Mas no por esto les faltó, porque la gran Señora desde la atalaya de su altísima sabiduría alcanzaba a todas partes, y como vigilantísima centinela descubría las asechanzas de Lucifer y acudía al socorro de sus hijos y ministros del Señor. Y cuando por estar ausentes los apóstoles no los podía hablar, enviaba luego que los conocía afligidos a sus santos ángeles que la asistían, para que los consolasen y animasen, los previniesen y algunas veces ahuyentasen a los demonios que los perseguían» (III,158). Y «con todos los otros fieles tenía el mismo cuidado» (III,159).

Qué maravilla. La Venerable María de Ágreda muestra a la Virgen María continuamente acompañada de los ángeles de Dios, orando, conversando, luchando con ellos las batallas del Reino de Dios –que no cesarán hasta el fin del mundo–, y empleando siempre su autoridad celestial en favor de nosotros, los discípulos de su Hijo, que la recibimos de Cristo como «Madre».

* * *

El rezo del Angelus

«El ángel del Señor anunció a María»… El rezo del Angelus acrecienta en los fieles su devoción a la Virgen y a los ángeles. Ésta oración, que procede del final de la Edad Media, fue impulsada por los Papas para pedir ayuda al Salvador con ocasión de penalidades graves o de grandes peligros. Se reza –se rezaba– respondiendo a la llamada de la campana paarroquial, en varios momentos de cada día. El toque del Angelus por la tarde se generaliza desde la mitad del siglo XIII y ya es universal en el XIV. El Angelus de la mañana tiene una difusión más tardía, pero también viene a ser común en el siglo XIV. Y el Angelus del mediodía es impulsado por Calixto III con una bula de 1456. En esta bellísima oración nos unimos especialmente a María y a los ángeles, evocando el misterio salvador de la encarnación del Verbo. Tres veces pedimos a la Virgen que ruegue por nosotros, pecadores.

León X, después de conseguir entre todos los Estados cristianos una tregua que permita preparar una cruzada contra la amenaza de los turcos, ordena en una bula de 1518, in virtute sanctæ obedientiæ, que todas las iglesias del mundo celebren, bajo pena de excomunión, un conjunto de misas, procesiones y oraciones, y que cada día suenen las campanas de las iglesias para convocar al rezo del Angelus con esta intención.

–«La Gloriosa» reina de los ángeles y de los hombres

Oremos, oremos, oremos a Santa María, Madre de Dios, la Llenadegracia… Para Gonzalo de Berceo (1198-1264), iniciador de la literatura en castellano, Ella es «La Gloriosa». En los Milagros de Nuestra Señora la llama así ciento dos veces: «la Gloriosa». Y así comienza su libro Vida de Santo Domingo:

«En el nombre del Padre que fizo toda cosa / et de Don Jesucristo, Fijo de la Gloriosa».


José María Iraburu, sacerdote

Post post. –La Mistica ciudad de Dios tiene ediciones actuales en varios tomos. Pero en uno solo, por lo que yo sé, solamente está editada por las religiosas Concepcionistas Franciscanas de Ágreda (3ª ed., 1992; no sé si hay ed. posterior): Convento de las Concepcionistas, calle Vozmediano, 29, CP 42100, Ágreda, Soria, España. < www.mariadeagreda.org >

Categorías : Virgen María, Espiritualidad católica