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Lecturas estivales (II). Para los pequeños (3 a 7 años)

Lecturas estivales (II). Para los pequeños (3 a 7 años)

Miguel Sanmartín Fenollera, el 13.07.20 a las 8:46 PM

«Olas rompientes en la playa». Obra de Laura Sanmartin Sesmero (2004-).

«Un bote, bajo un cielo soleado
El sueño de seguir adelante
En un atardecer de julio…»


Lewis Carroll

«Sedientas las arenas, en la playa
sienten del sol los besos abrasados,
y no lejos, las ondas, siempre frescas,
ruedan pausadamente murmurando».

Rosalía de Castro

En uno de sus poemas, George MacDonald habla del verano. Como toda visión de MacDonald, el poema busca aquello que está tras de las cosas y que, emboscado, nos aguarda allí pacientemente. Los versos vienen a decir que el verano es una estación transformadora, que hace que el corazón del hombre cante y brille con una brillantez divina, y que quien mejor capta esto es, como no, el niño. Ya hemos hablado de la visión inocente y preclara de los pequeños. De esta vivacidad alegre y abierta a todo. Coincido con MacDonald en que, aquello que el verano es, la profunda y alegre vida que el verano transmite, solo puede ser apreciada convenientemente por los niños. Los libros de que hablaré a continuación tratan de captar esa alegría y conectar así con los más pequeños, y he de decir que lo hacen con acierto.

Herederos de Beatrix Potter: Barklem y Paterson

Uno de los libros de Barklem y la colección de la serie «Foresta» de los Patterson.

La delicadeza de las ilustraciones y dibujos de Beatrix Potter no tiene parangón. Hay en ellas una mezcla de pureza e ingenuidad que transmite paz y seguridad al lector, sea o no niño. Pero, a un tiempo, sus figuras de animales no dejan de responder a estudios anatómicos precisos y realistas. Esta confluencia entre la realidad y la fantasía da a su obra un nivel al alcance de muy pocos.

Por si no fuera suficiente con esto, la calidad de sus historias no se queda atrás. Encajan como un guante (un guante de seda, por demás), en la ilustración que las ilumina. Parecen hechas la una para la otra y viceversa. No hay contraste ni distorsión. Uno tiene la impresión de que la autora no podría haber realizado esos maravillosos dibujos sin sus fantásticas historias y, del mismo modo, que no podría haber ideado esas historias sin plasmar o imaginar, a un tiempo, esas imágenes.

De algo tan especial podría esperarse que hubiera dado lugar al nacimiento de una escuela, pues la admiración mueve a la emulación. Y si bien escuela, en el sentido propiamente académico, no creo que haya, lo que si hay es continuadores de esa tradición que tratan de aunar lo que en Potter era consustancial: una bella imagen, tierna y delicada, con una historia ingenua y encantadora. Y a algunos de ellos va dedicada esta entrada.

Voy a detenerme y hacer escala en algunos artistas muy meritorios que han seguido con mucha dignidad y arte la estela de Beatrix Potter, protegiendo de alguna forma su legado. Me refiero a Jill Barklem con su serie del Seto de las zarzas (editados por Blackie books) y Brian Patterson y su esposa Cynthia en su serie de Foresta (publicados en los ochenta por Europa ediciones).


Ilustraciones de los Paterson y de Jill Barklem, respectivamente.

Todos ellos son británicos como su maestra y, como ella, han construido un mundo animal delicioso e increíblemente hermoso. Todos ellos, al igual que Potter, descienden a un nivel de detalle y de realismo que pone de manifiesto un gran virtuosismo, pero al mismo tiempo, no dejan de dar a sus creaciones un toque tierno e inocente.

Según nos dice Tolkien, «Los cuentos de Beatrix Potter están al límite del mundo de las hadas, sin que en mi opinión pertenezcan en su mayor parte a él. Su proximidad se debe en gran medida a su fuerte componente moral. Con ello aludo a su inherente moralidad, no a una cierta “significatio” alegórica. Pero El conejo Perico sigue siendo una fábula de animales, aun cuando contenga una prohibición y aun cuando haya prohibiciones en el país de las hadas (como probablemente las haya en todo el universo, no importa a qué nivel o dimensión)». Por contraste, creo que Jill Barklem y los Paterson han perdido ese componente fabulario que Tolkien atribuye a Potter y han tratado más de hacer una similitud formal con los dibujos de su maestra que de seguir su espíritu, pues sus tramas carecen de ese componente aleccionador de la máxima horaciana («prodesse et delectare»), y ello, aun cuando pueden verse en ellos aires bucólicos a lo Grahame y su obra El viento en los sauces.

No obstante, los libros serán un delicioso festín, sobre todo visual, para los niños, que podrán sumergirse en las minucias de cada ilustración y explorar y descubrir pequeños secretos, escondidos a la vista por el preciosismo y la profusión de los detalles. Historias simples e imágenes exuberantes entretendrán y maravillarán a sus pequeños.

Un día perfecto (2015), de Danny Parker

Portada del libro.

«Esta historia capta la sencillez, la espontaneidad y la libertad de una infancia idílica, mientras que la ilustración de Freya Blackwood captura la luz ––e incluso el olor y la sensación–– de un día de verano perfecto». Con esta presentación tan seductora se nos anuncia este álbum ilustrado. Y la verdad es que, en esta ocasión, lo que se anuncia coincide plenamente con la realidad de lo anunciado. Se trata de un libro simple que, de manera simple ––con pocas palabras y con sencillos dibujos––, trata de contar las experiencias estivales de lo que parecen ser tres pequeños hermanos. El adulto, al leerlo en voz alta, no podrá evitar el recordar su infancia, a retazos y como envuelta en niebla, pero volverán a él sensaciones y recuerdos que creía perdidos. Y el pequeño que escuche y, absortamente, se deje llevar por las hermosas ilustraciones, deseará vivir lo que le cuentan e imagina, o degustará de nuevo aquello que ya haya experimentado deseando volver a repetirlo.


Dos ilustraciones del álbum.

En contraste con el preciosismo de los Patterson y de Jill Barklem, este libro contiene unas cálidas ilustraciones de Freya Blackwood a lápiz y acuarela, tan simples que parecen sketches, y que acompañan, o más bien, son acompañados por un texto, lacónico y simple, que hace ligera la lectura.

«Nuestra vida está maltratada por los detalles», decía H. D. Thoreau, inútiles y perniciosos detalles de los que, por tanto, debemos desprendernos, y este librito es una ayuda en esa ardua labor, mostrándonos la belleza de la simplicidad.

Hola Mar (2001), de Pam Muñoz Ryan

Portada del libro, ilustrado por Mark Astrella (1957-).

Sumérjanse con sus hijos en este librito, hermoso y poético, como si se sumergieran en el mar. Las magníficas ilustraciones a toda página de Mark Astrella, preciosistas, de un realismo natural y fresco (salvo quizá los rostros), son acompañadas de un texto breve y evocador que rememora el efecto que el océano tiene en nuestros cinco sentidos. Casi se puede saborear el rocío de la sal en la cara y sentir el aroma del océano en el aire fresco de la mañana. El álbum evoca la sensación de cercanía y nostalgia que uno siente por un viejo amigo y gustará a quienes amen la costa marina y quieran llevarse a casa un poco de la experiencia de un día soleado de playa.


Un par de ilustraciones del libro.

Es un libro parco, sobrio, prácticamente sin palabras, que, no obstante ello, habla elocuentemente a través de sus maravillosas ilustraciones, enlazando con esa otra máxima horaciana que nos da noticia de la relación fraterna entre la pintura y la poesía: «como la pintura, así la poesía» («ut pictura poesis»), así es este librito.

De esta manera, con aires poéticos, acabo como empecé, con un poema salino de Rosalía. Espero que les guste.

Del mar azul las transparentes olas
Del mar azul las transparentes olas
mientras blandas murmuran
sobre la arena, hasta mis pies rodando,
tentadoras me besan y me buscan.
Inquietas lamen de mi planta el borde,
lánzanme airosas su nevada espuma,
y pienso que me llaman, que me atraen
hacia sus salas húmedas.
Mas cuando ansiosa quiero
seguirlas por la líquida llanura,
se hunde mi pie en la linfa transparente
y ellas de mí se burlan.
Y huyen abandonándome en la playa
a la terrena, inacabable lucha,
como en las tristes playas de la vida
me abandonó inconstante la fortuna.


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