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Adoramos al Mismo Dios? ن۔

¿Adoramos al mismo Dios? ¿Judíos, musulmanes y cristianos y podemos invocarlo en igualdad de términos e intenciones, esperando obtener idénticos frutos?
Así, rezaba Urogario Barjuda:
“Nosotros, descendientes de Abrahán según la fe en ti, único Dios, judíos, cristianos y musulmanes, humildemente nos ponemos en tu presencia” y terminaba diciendo “Dios nuestro”
San Ciril…
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Adoramos al Mismo Dios? ن۔

¿Adoramos al mismo Dios? ¿Judíos, musulmanes y cristianos y podemos invocarlo en igualdad de términos e intenciones, esperando obtener idénticos frutos?
Así, rezaba Urogario Barjuda:
“Nosotros, descendientes de Abrahán según la fe en ti, único Dios, judíos, cristianos y musulmanes, humildemente nos ponemos en tu presencia” y terminaba diciendo “Dios nuestro”
San Cirilo de Jerusalén en el punto 10 de su catequesis predica que El Padre se indigna cuando el Hijo unigénito es privado de su honor, Los judíos no aceptan al Hijo, de hecho, lo mataron.
“Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles. (Mc 8, 38) Proclamó jesus, el Dios Hombre y agregó “Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. (Jn 14, 6)
El Catecismo de la Iglesia Católica n. 451) dice que La oración cristiana está marcada “por Jesucristo Nuestro Señor”, reconocimiento de cristo como Dios Nuestro.
Juan Pablo II en la Encíclica Redemptoris misio, n. 5, 7 de diciembre de 1990 Escribió:
Cristo es el único Salvador de la humanidad, el único en condiciones de revelar a Dios y de guiar hacia Dios. […]
Los hombres, no pueden entrar en comunión con Dios, si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu.
La Oración sacerdotal tiene eficacia, porque está hecha en nombre de Cristo. Ella es la voz de Cristo, el cual ora por nosotros como nuestro sacerdote, ora en nosotros como nuestra Cabeza. Enseño Pío XII. En la Exhortación apostólica Mentis nostrae, n. 40, 23 de septiembre de 1950
Hoy muchísimos se atreven no sólo a profesar diversas herejías, sino también a negar los fundamentos de la misma fe y con su ejemplo arrastran a muchos a la perdición de sus almas; Avisaba Pablo IV, en la Constitución Cum quorumdam hominum, 7 de agosto de 1555)
Gregorio XVI predico desde el papado que Perecerán eternamente los que no están con Cristo, se condenaran al infierno.
El Dios verdadero no aprueba las sectas que profesan enseñanzas falsas, enseñaba el papa León XII.
“¡Señor Dios todopoderoso, Padre de tu amado y bienaventurado Hijo, Jesucristo, por quien hemos venido en conocimiento de ti, Dios de los ángeles, ¡de todas las fuerzas de la creación y de toda la familia de los justos que viven en tu presencia! ¡Yo te bendigo porque te has complacido en hacerme vivir estos momentos en que voy a ocupar un sitio entre tus mártires y a participar del cáliz de tu Cristo, antes de resucitar en alma y cuerpo para siempre en la inmortalidad del Espíritu Santo! ¡Concédeme que sea yo recibido hoy entre tus mártires, y que el sacrificio que me has preparado Tú, Dios fiel y verdadero, ¡te sea laudable! ¡Yo te alabo y te bendigo y te glorifico por todo ello, por medio del Sacerdote eterno, Jesucristo, tu amado Hijo, ¡con quien a ti y al Espíritu sea dada toda gloria ahora y siempre! Amén.”
Estas fueron las ultimas palabras de San Policarpo de Esmirna ante un estadio repleto de paganos, fue su última oración, antes de que los judíos prendieran las llamas de su martirio.
En el I Sínodo de Braga y en el sínodo de Letrán se Anatemiza a quien no confiesa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, sea condenado, sea anatema.
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