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Preguntas sin respuesta

Preguntas sin respuesta

Bruno, el 9.08.20 a las 12:03 AM

A veces me da por pensar que la información religiosa debería cambiar su nombre por algo más descriptivo, como Misterios sin Resolver, porque uno lee las noticias y no deja de hacerse preguntas sin respuesta.

Por ejemplo, ¿por qué el cardenal Turkson se dedica a pronunciar discursos sobre el turismo rural, la industria turística y los destinos turísticos extraurbanos? Es más, ¿realmente tiene que haber un Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y un Presidente del mismo que participa en Jornadas Mundiales de Turismo? Y, con todo el respeto a su Eminencia, en estos tiempos de tan gran escasez de sacerdotes, ¿no estaría mucho mejor el cardenal Turkson haciendo de párroco y dedicando sus horas a celebrar, predicar y confesar en una parroquia rural de esas que no tienen sacerdote? ¿No se beneficiarían más las “comunidades rurales” de una sola confesión que de todos esos discursos políticamente correctos?

¿Por qué la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española tiene que dedicar una declaración de elogio al rey Juan Carlos, teniendo en cuenta que, aparte de su desastrosa vida privada y su completo desinterés por el catolicismo, es el rey que ha firmado las leyes del aborto, el divorcio y un larguísimo etcétera de inmoralidades y medidas anticatólicas? ¿Qué sentido tiene que elogien su contribución a la democracia, como si eso tuviera la más mínima relación con la misión de los obispos? Ítem más, ¿de verdad tiene que existir una Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal dedicada a estas tonterías? ¿No sería mejor que los ilustres monseñores y cardenales correspondientes le robaran horas al sueño para intentar paliar, aunque fuera un poquito, la apostasía generalizada en sus diócesis por la que Dios les pedirá cuentas?

¿Por qué la Presidencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) escribe una carta pública sobre el sacrilegio y profanación de la imagen del Cristo de la Catedral de Managua y no menciona ni una vez que es una ofensa deliberada a Dios, sino solo habla de un atentado “contra la vida espiritual de los fieles y el trabajo evangelizador de la Iglesia”, la “tolerancia”, el “progreso de nuestros pueblos” y el respeto a los “derechos de los demás”, como si eso tuviera la más mínima importancia al lado de lo que se omite? En cualquier caso, ¿de verdad tiene algún sentido que haya un Consejo Episcopal Latinoamericano? ¿No sería deseable que los ilustres arzobispos que componen su Presidencia se dejaran de documentos, reuniones y viajecitos para dedicarse, de una vez, a la predicación con el fin de evitar que sus archidiócesis se hagan protestantes, como está ocurriendo en todo el continente?

Podríamos seguir preguntando cosas como por qué la Academia Pontificia para la Vida publica un documento sobre el coronavirus sin siquiera molestarse en mencionar a Dios, pero entonces no terminaríamos nunca, así que nos limitaremos a un par de preguntas más, como colofón: ¿de verdad les extraña que tantos laicos estén hartos de que, con sus donativos, se paguen todas estas tonterías, vanidades y palabrerías interminables, que ya serían irritantes en políticos profesionales, pero resultan injustificables en Sucesores de los Apóstoles, sobre todo en un tiempo de apostasía general? Los seglares tienen una grandísima paciencia y han sostenido y defendido a la Iglesia en tiempos de necesidad, de persecución e incluso de inmoralidad, pero lo que no se puede pretender es que sostengan a una Iglesia que olvida la fe para dedicarse fundamentalmente a la política, la mundanidad, un diálogo interreligioso que no lleva a ninguna parte y las causas progresistas del momento. ¿De verdad tenemos que ser los laicos los que recordemos a los prelados qué es lo único importante?

Categorías : Iglesia en el mundo