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Septiembre 19. Santa Emilia de Rodat

Irapuato
florycanto Santa Emilia nació pocos años antes de la Revolución francesa y bien joven intentó ser religiosa. Al no conseguirlo, fue a Villefranche de Rouergue con su abuela, y al descubrir a un …More
florycanto Santa Emilia nació pocos años antes de la Revolución francesa y bien joven intentó ser religiosa. Al no conseguirlo, fue a Villefranche de Rouergue con su abuela, y al descubrir a un grupo de religiosas solas, sin amparo, debido a las consecuencias de la Revolución, las acogió y cuidó en su casa. Después le llegó el dolor de las madres por que sus hijas pobres no recibían educación, y acogió a cuarenta en su casa, comenzando una tarea educativa que no ha cesado. Después fueron los enfermos que visitaba en sus casas, los mineros sin trabajo, con duras condiciones de trabajo, y posteriormente los niños de la calle, los huérfanos, y las mujeres de la vida, con los encarcelados... Vivía con los ojos abiertos, llenos de la luz del amor, y ninguna necesidad la dejaba indiferente. Con la oración y la entrega a la voluntad de Dios, buscaba la manera concreta y real de dar respuesta a las necesidades que le llegaban. No hacía lo que ella quería, sino lo que Dios le iba presentando, con confianza, sin muchos medios, con pobreza y espíritu generoso. Todo estaba conducido por la misericordia, orando mucho y amando mucho. En 1816 con tres compañeras más y acompañadas espiritualmente por D. Antoine Marty -más adelante vicario general de Rodez, su diócesis- fundó la inicial Congregación religiosa. Ahora están presentes en cuatro continentes de todo el mundo; dos siglos haciendo el bien...

Es bueno recordar que fue probada con una larga "noche oscura" de fe, que nadie notaba, y que sufrió durante 32 años, sin serle impedimento para continuar sirviendo y haciendo el bien, sin caer en racionalismos o sentimentalismos vaporosos, sino siempre fiel a la fe y a la confianza en Dios, aunque no sintiera nada. Por eso nos anima a nosotros a "perseverar" en los compromisos cristianos y en la fidelidad al Evangelio, a pesar de los silencios de Dios, las pruebas o los momentos difíciles que podamos pasar. Es muy profunda una sentencia suya: «L'amour ne dit jamais, c'est assez...» (El amor no dice nunca, es demasiado, ya tengo bastante...). ¡No nos cansemos de amar, de buscar salidas a los problemas, sin que nos aplasten; no dejemos nunca de confiar en la misericordia! Sigamos la ley del amor: la acogida, la escucha y el servicio. Como acaba de decir el Papa Francisco: "La Iglesia es la casa del consuelo".

En el Año jubilar de la misericordia, nos conviene entrar en la vida de aquellos santos y beatos que, como Santa Emilia, vivieron en la profundidad de la misericordia de Dios, y de la misericordia para con los hermanos; que "hicieron de la misericordia su misión de vida" (
Misericordiae vultus n. 24).