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Piden 3 años de cárcel para Custodio Ballester: «Si hay que ir a prisión como Asia Bibi, pues se va»

El sacerdote catalán ha sido acusado por la Fiscalía de un delito de odio contra el islam

Piden 3 años de cárcel para Custodio Ballester: «Si hay que ir a prisión como Asia Bibi, pues se va»

El padre Custodio Ballester denuncia la persecución de la que está siendo víctima / HO

Javier Lozano / ReL

05 agosto 2020
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Islam y cristianismo
Laicismo
Corrección política

El sacerdote Custodio Ballester, junto al también religioso Jesús Calvo, ha sido acusado por la fiscal de la Audiencia de Málaga, María Teresa Verdugo, de un delito de odio para los que pide tres años de cárcel y una multa de 3000 euros para cada uno. Si el juez aceptara esta petición ambos podrían irremediablemente ingresar en prisión.

¿Qué delito de odio han cometido para enfrentarse a esta gran acusación? Criticar el islamismo. El padre Ballester afirmó en un programa que el islamismo radical y el yihadismo violento amenazaban con destruir Europa y arrasar con la civilización cristiana.

Por otro lado, este sacerdote denuncia la fiscal citaba como ejemplo de su “intolerancia” un largo artículo suyo titulado El imposible diálogo con el Islam y del que se extraía, de manera expresamente descontextualizada este párrafo: “No nos engañemos, el Islam de hoy y de siempre, que es lo que estamos intentando cohonestar con el cristianismo, con una mano impulsa las obras de caridad, mientras arma la otra mano para aniquilar a todos aquellos que se niegan a reconocer a Alá, y a Mahoma como el último y definitivo profeta de Dios”.

Y ha sido a partir de esta afirmación, sacada de contexto en un ámbito en el que se hablaba del islamismo violento, como la fiscal ha redactado su escrito de acusación en la que pide cárcel por supuestamente incitar al odio contra los musulmanes.

Custodio Ballester lleva años en el punto de mira de grupos LGTB y extrema izquierda / Adrià Costa

En una entrevista con Religión en Libertad, el padre Custodio Ballester habla sobre esta acusación, la persecución de la que está siendo víctima y también de lo que se esconde tras casos como el suyo:

- ¿Se siente usted perseguido ante esta acusación que pide hasta tres años de cárcel?

-Pues mire, sí. La fiscal María Teresa Verdugo filtró interesadamente a la prensa parte del escrito de acusación que presentó al juez, pasando olímpicamente de nuestras declaraciones durante la instrucción, en las que dimos cumplida cuenta de nuestras afirmaciones y del contexto en que fueron pronunciadas. Simplemente se cumplieron las formalidades de la instrucción y fuimos acusados. La fiscal se cuidó muy mucho de revelar a la agencia EFE que, junto al director del digital, Armando Robles, estábamos acusados dos sacerdotes… Supongo que para no exacerbar a la opinión pública que debe estar contenta y engañada, sometida a la tiranía del pensamiento único estatal que ha asumido la fiscal Verdugo y sus colegas.

Creo que a la señora fiscal le gustaría muchísimo vernos al P. Jesús Calvo y a mí en el talego durante tres años por hablar demasiado. Está claro que en España la fiscal Verdugo puede pedir tres años de cárcel y una multa de 3000 euros para dos curas deslenguados. Sin embargo, un colega suyo en Valencia tan solo pidió quince meses de cárcel para el argelino que agredió en plena calle a dos mujeres que se besaban en público. En España esto es normalísimo, porque los yihadistas radicales y los islamistas violentos gozan de un estatuto que los católicos no tienen, según la fiscal de odio María Teresa Verdugo y sus colegas. Tal vez, porque maltratar físicamente a dos lesbianas es una costumbre ancestral, un indiscutible derecho islámico, que ha dado lugar a una inculturación que, en nuestra praxis jurídica, diluye prácticamente la responsabilidad del infractor, si es argelino.

- ¿Qué piensa hacer?

- La justicia española se ha estropeado lamentablemente con la legislación que protege y promueve la ideología de género, las leyes contra el odio y la violencia doméstica. Se trata una persecución estalinista en toda regla… Los fiscales piden de entrada y por defecto las penas máximas en los escritos de acusación, al objeto de acogotar a los acusados para que de esta manera se avengan a una sentencia de conformidad, o sea, a auto inculparse aceptando penas más leves, evitando así la cárcel e ir sentando jurisprudencia. A nosotros no nos van a acoquinar. No hace falta que la fiscal llame a nuestros abogados. Que no se moleste. Si nos condenan, nos condenarán ellos y se mostrará así la evidencia de que Montesquieu y la división de poderes hace tiempo que murieron en España.

La fiscal María Teresa Verdugo ha redactado el escrito de acusación contra los dos sacerdotes

Por otro lado, yo hablé del islam en el contexto del islamismo radical y del yihadismo violento, que tantos asesinatos de inocentes está todavía causando, a veces emitidos por televisión en vivo y en directo como propaganda islamista. Esas emisiones sí que fomentan directamente el odio; no en cambio las palabras de un cura en el contexto que le es propio.

Los términos y las expresiones lingüísticas no tienen significados unívocos y los contextos en los que se pronuncian son diferentes. El significado de las palabras, su intencionalidad y su contexto sólo puede darlos el que las pronunció. Si un segundo o un tercero, sea quien sea, el musulmán que se siente reconfortado en su fe haciéndose el ofendido, o la misma fiscalía, quieren dar a mis palabras y expresiones un significado determinado con la intención de condenarme, ya no estamos al nivel del estado de derecho, sino en una situación bien diferente. Espero que, al manifestar esto, el juez no me diga que desacato al tribunal…

- ¿Por qué cree que sale mucho más barato, por no decir gratis, insultar a los católicos que hacer una crítica al islamismo?

- Porque el ataque a los valores cristianos forma parte de lo políticamente correcto. Ahí está el blasfemo Willy Toledo que se va de rositas con su caso archivado, o el energúmeno Abel Azcona, el que profanó en Pamplona las formas consagradas robadas de una Santa Misa, al que le dan la absolución. La fiscal del odio de Málaga, María Teresa Verdugo, persigue con fijación las palabras de dos sacerdotes que, en un debate intelectual, expresan su opinión sobre el islamismo violento y el plan Kalergi. El despropósito es evidente y no resiste las comparaciones, a no ser que los sentimientos religiosos de los católicos españoles sean menos dignos de respeto que los de los musulmanes. Eso es lo que parece manifestar D. Miguel Ángel Aguilar y su Fiscalía de odio hasta ahora.

Los sentimientos religiosos de los musulmanes parecen ser, a tenor de las actuaciones de la fiscalía, muy delicados y dignos de tutela y protección, pues son una comunidad vulnerable, dicen los fiscales del odio. Y eso sí que lo demuestran los islamistas de manera extremadamente violenta. En cambio, los mismos fiscales y algunos jueces consideran, en sus archivos de los procedimientos denunciadores y en sus sentencias, que la comunidad católica es lo suficientemente fuerte para aguantar tranquilamente cualquier cochinada profanadora. Por eso archivan sin más la mayoría de denuncias que presentan colectivos como Abogados Cristianos, o dictan sentencias absolutorias que jamás se atreverían a dictar si fueran los musulmanes quienes presentaran denuncias análogas. Es que, en ese caso, la respuesta no sería conforme a la mansedumbre cristiana, sino conforme a la violencia coránica. Y les alcanzaría a ellos mismos. Bástenos recordar al escritor Salman Rushdie y a los que, como él, se atrevieron a “blasfemar” contra el islam y su profeta.

- ¿Cree usted, padre, que este caso del que es víctima sirve como muestra de la descomposición de Occidente y de la llegada de una sociedad postcristiana?

- Ciertamente. La “cristiandad” lleva muchos años cediendo terreno y más terreno a opciones políticas integristas (que operan como religiones), o pseudorreligiones como el ecologismo, el animalismo, el feminismo, la ideología de género y por supuesto a la religión islámica. Frente a ataques procedentes de todos esos frentes, nos hemos estado dedicando a tocar el violón.

La cristiandad no ha presentado batalla. Es más, hemos renunciado a cualquier liderazgo cultural, espiritual o moral. Parece que lo único que queremos liderar es el reparto de alimentos a los pobres. No es esta la misión que Cristo ha confiado a la Iglesia, sino su consecuencia: “Id por todo el mundo y proclamad la Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará” (Marcos 16,15).

- ¿Se siente solo y abandonado en el seno de la Iglesia?

- De ninguna manera. Muchísima gente me encomienda en sus plegarias para que, amando a Dios sobre todas las cosas, todo redunde en bien mío y en el de la Iglesia que es también mi Esposa, ya que inmerecidamente comparto el sacerdocio de Jesucristo. La Iglesia es Santa, es el Cuerpo de Cristo y su Esposa inmaculada. Aunque tantos de sus miembros vivamos enfermos por el pecado, la santidad de su Cabeza santifica todo el Cuerpo eclesial a pesar de todo. La Iglesia nunca abandona a sus hijos. Es nuestra Madre.

- Usted ha sido un reconocido luchador a favor de la vida y la libertad religiosa, lo cual le ha granjeado ya otros problemas en el pasado. ¿Cuál es el precio de defender la verdad y de ser libre?

- En Washington DC, en un extremo del National Mall, se encuentra el Memorial de los Veteranos de la Guerra de Corea. Allí hay una gran inscripción que reza: Freedom is not free, “la libertad no es gratis”. Observando las esculturas del monumento pueden intuirse las necesidades, el frío, el hambre y la soledad de miles de soldados que dejaron sus vidas en esa guerra contra la tiranía comunista.

Precisamente esto me hace recordar que la libertad no nos la regala la Constitución española, ni mucho menos la fiscalía de odio. Nos la ganó Cristo en la Cruz. Y cada generación debe luchar por ella… Por la libertad de rezar, de pensar, de educar a nuestros hijos conforme a nuestras propias convicciones y no a las que quiere imponer un Estado despótico. La libertad realmente tiene un precio muy caro y sólo los que están dispuestos a pagarlo, la merecen.

Sólo los peces vivos nadan contra corriente. Todos pagamos un precio por el hecho de vivir… Podemos pagar el más barato para conseguir el mísero plato de lentejas que nos ofrece el mundo, si no le molestamos demasiado. Pero ese precio de saldo nos convierte en esclavos de un sistema corrupto y corruptor. El precio más caro es el único que vale la pena pagar. Es el mismo que pagó Jesucristo, el de la Cruz, donde Jesús -el único Hombre verdaderamente libre- afirmó: “Nadie me quita la vida. Yo la doy libremente y tengo poder para darla y poder para recuperarla” (Juan 10,18). Muriendo con Cristo reinamos con Él. Por ello, estoy tranquilo. Si hay que ir a la cárcel como Asia Bibi en Pakistán, pues se va. “Aunque acampen ejércitos contra mí, no temblará mi corazón. Aunque me embistan en batalla, entonces mismo mantendré firme mi esperanza” (Salmo 27).

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