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Sinfonía Nº 9, en re menor, Op. 125 “Coral”. Ludwig van Beethoven (Germ./ Engl./ Span. subtitles)

Sinfonía Nº 9, en re menor, Op. 125 “Coral”. Ludwig van Beethoven (Germ./ Engl./ Span. subtitles)

La Sociedad Filarmónica de Londres encargó originalmente esta obra en 1817. Tanto el texto como la música remiten a fuentes que datan de los comienzos de la carrera de Beethoven. El texto de Schiller (1759-1805) fue escrito en 1785 y publicado por primera vez al año siguiente en la propia revista literaria del poeta, Thalia. Beethoven había planeado poner música a este poema ya en 1793. Cuadernos de esbozos de Beethoven muestran trozos de material musical, escritos en 1811 y 1817, que finalmente aparecerían en la sinfonía. Además, la sinfonía también tomó de obras como la Fantasía Coral Op. 80 (https://youtu.be/bJcO--JqBwQ) y anterior a ésta el Lied Gegenliebe WoO 118 (https://youtu.be/pgNDt1umSZo). El tema para el scherzo se remonta a una fuga escrita en 1815.

La introducción de la parte vocal de la sinfonía causó dificultades a Beethoven. Su amigo Anton Schindler dijo posteriormente: "Cuando comenzó a trabajar en el cuarto movimiento la lucha comenzó como nunca antes. El objetivo era encontrar una forma apropiada de introducir la oda de Schiller. Un día Beethoven entró en la habitación y gritó 'Lo tengo, acabo de emncontrarlo'. Entonces me mostró un cuaderno de esbozos con el texto 'Cantemos la inmortal oda de Schiller'". Sin embargo, Beethvoen no mantuvo esta versión y siguió reescribiendo hasta que encontró su forma final, con las palabras "O Freunde, nicht diese Töne". Beethoven estaba impaciente por interpretar su obra en Berlín, pues pensaba que el gusto musical en Viena estaba dominado por compositores italianos como Rossini. Cuando sus amigos y financiadores oyeron esto, le instaron a que la estrenara en Viena. Finalmente fue estrenada el 7 de mayo de 1824 en el Kärntnertortheater (Teatro de la Puerta de Carintia). Fue la primera aparición del compositor en el escenario en 12 años; la sala estaba repleta. Las partes para soprano y contralto fueron interpretadas por dos famosas jóvenes cantantes: Henriette Sontag y Caroline Unger. Aunque la interpretación fue dirigida oficialmente por Michael Umlauf (1781–1842), maestro de capilla del teatro, Beethoven compartió el escenario con él. Sin embargo, dos años antes, Umlauf había visto cómo el intento del compositor de dirigir un ensayo general de su ópera Fidelio terminó en desastre. Así que esta vez, instruyó a los cantantes y músicos para que ignoraran al casi completamente sordo Beethoven. Al comienzo de cada parte, Beethoven, sentado en el escenario, marcaba el tempo. Pasaba las páginas de su partitura y marcaba el compás para una orquesta a la que no podía oír. Hay una serie de anécdotas sobre el estreno. Basándose en el testimonio de los que lo vivieron, se sugiere que estuvo por debajo de lo ensayado (sólo hubo dos ensayos completos) y flojo en interpretación. Sin embargo, el estreno fue un gran éxito. En cualquier caso, Beethoven no tuvo la culpa, como el violinista Joseph Böhm recordó: "Beethoven dirigió la obra él mismo, es decir, se puso ante el atril y gesticulaba furiosamente. A veces subía, y otras se encogía hacia el suelo, se movía como si quisiera tocar todos los instrumentos él mismo y cantar para todo el coro. Todos los músicos obedecían su ritmo sólo mientras se movía". Cuando el público aplaudió -los testimonios difieren sobre si al final del scherzo o de la sinfonía completa- a Beethoven aún le faltaban varios compases y aún dirigía. Debido a eso, la contralto Caroline Unger se acercó e hizo girarse a Beethoven para que aceptara los vítores y aplausos del público. Según un testigo, "El público recibió al héroe musical con el mayor respeto y simpatía, escuchaba sus maravillosas creaciones grandiosas con la más absorta atención y estallaba en un jubiloso aplauso, a menudo durante los pasajes, y en repetidas ocasiones al final de los mismos". Todo el público lo aclamó con ovaciones de pie en cinco ocasiones; había pañuelos en el aire, sombreros, manos en alto, por lo que Beethoven, que no podía oír los aplausos, al menos pudo ver los gestos de ovación. Source: https://n9.cl/7zx0